EL PAIS › LOS DOS CANDIDATOS DESTAPAN SU JUEGO DE CARA AL BALLOTTAGE

El que va segundo se mueve más

El clima post- electoral. Kirchner junta apoyos por doquier. Menem y su hiperquinesis. El gabinete que no fue, la apuesta al Adolfo. Y habrá más. Peleas en la carpa, un Patti indigesto. El plan de minicampaña de Kirchner. Su eventual gabinete y el pensamiento del único confirmado. Saldos de la primera vuelta y un deseo para la segunda.

 Por Mario Wainfeld

“El lunes 28 deberíamos haber electrificado el cerco de la Casa Rosada. Todos querían venirse en tropel.” Quien habla es el ocupante de un prominente despacho en Balcarce 50 y no está hablando de seguridad sino de política. Ni habla en serio, sino en plan sarcástico inducido por su ostensible buen humor. Le sobran motivos: es viernes, el sol embellece la Plaza de Mayo, el Gobierno termina su semana más propicia desde que asumió. El buen humor se palpa y el sarcasmo deriva al inventario burlón. “Todos quieren sumarse a Kirchner” –enumera y se queda corto–, “los gordos de la CGT, los muchachos de Moyano, los gobernadores radicales de Chubut y Mendoza, el Gallego De la Sota que vino con la escupidera, Busti que antes hablaba de tranqueras abiertas...”. La percepción dominante en las elites dirigentes, empresarias, sindicales, eclesiales y en la gente del común es que Néstor Kirchner es el gran favorito para la segunda vuelta. Sensación con cimiento en las encuestas de opinión, que ha cambiado la fama de invencible que nimbaba a Carlos Menem hasta la noche del domingo 27.
Es difícil saber cuánto incide en esa percepción la ristra de errores que cometió el propio menemismo desde ese domingo: sus pronósticos triunfalistas, arrasados por la realidad en pocas horas, el regreso de los muertos vivos de su entorno más impresentable, su abdicante viaje en pos del Adolfo, la designación de un gabinete pleno de sombras. Por no mentar la feroz interna desatada en su carpa y expresada al modo tradicional de las internas menemistas, a los gritos pelados. Demasiados errores para un peso pesado de la política, para el hombre que venía de conseguir la proeza de un primer puesto tras haber pasado por el descrédito y la cárcel. Producto tal vez de que el riojano no esté habituado a perder.
A los martillazos
“Cristian Ritondo llamó al Presidente a las siete de la tarde y le dijo ‘presidente, está ganando por nueve puntos, mínimo’. Las por bocas de urna daban dos o tres puntos. Y el Presidente le creyó a Ritondo y salió a divulgarlo. ¿A usted le parece?”
Quien refiere el episodio es un menemista de primer nivel. El “presidente” supuestamente interpelado por el viceministro del Interior es, ojo al piojo, el ex mandatario Menem y no el actual Duhalde. El sucedido, de haber existido, no justifica por qué Menem con obstinación de manipulador y de principiante insistió en augurar un resultado más abultado consiguiendo el paradójico efecto de licuar la ventaja que efectivamente obtuvo.
- “–¿Y ese Patti quién se cree que es? –se pregunta y al hacerlo sugiere una respuesta despectiva un ex ministro del riojano–. Sale a dirimir su pelea con Pierri por los medios. Al fin y al cabo él ganó en Escobar, que no es precisamente un conglomerado urbano. La ropa sucia se lava en casa. ¿Ese piantavotos quiere ser jefe de campaña en provincia? Es un elefante en un bazar.” Despotrica contra el intendente con corriente alterna que de política sabe menos que de otros menesteres y que añadió ruido a la renuncia de Eduardo Bauzá solicitando “caras nuevas”. Alberto Kohan cuya cara no es nueva, pero sí de algún material bien sólido no se dio por aludido.
El gabinete propuesto por Menem no es creíble –es palpable que los claros que dejó son para “caras viejas”–, no es un dream team y dejó ya algunos heridos. El más ostensible es Pablo Rojo, quien fungió de embajador itinerante del proyecto económico del riojano durante la campaña y que el lunes 28 (cuenta risueño un menemista de la primera hora) estaba pidiendo información y una oficina a Hacienda en su condición de “ministro de Economía” de Menem. Y quedó con el premio consuelo de Defensa. Carlos Melconian sería el ministro, se supone...aunque es dable sospechar que Pedro Pou está en gateras en pos de algún premio mayor si el tema es acompañar a Menem dendeveras y no sólo hacer buena letra de campaña.
Hiperquinesis, desafíos a debatir, viaje a San Luis, gabinete presentado con artificios de Ramiro Agulla. Menem no parece haber hecho una bien, pero no deja de ser Menem: sabe que está perdiendo y que, si nada cambia, perderá. Entonces seguirá probando. Hasta ahora pegó todos los martillazos en su dedo y no le será sencillo dar en el clavo, pero va a intentarlo con terquedad.
“No se equivoquen –dijo Duhalde, un doctorado en menemología–, va a seguir peleando hasta el final.” Sus allegados le habían trasladado rumores acerca de que el riojano se bajaba. El Presidente, que se ha pasado días y noches pensando en su archirrival, malicia que éste no se rendirá así como así.
Buenas ondas
Si Menem pareció perder el rumbo durante el escrutinio, su adversario dio la sensación de haberse potenciado. Su decisión de permanecer en Santa Cruz, con su familia (pibes parecidos a los papás y hasta un perro), que puede suscitar en el argentino de clase media una identificación positiva mucho mayor que la de Menem. La falta de claque y de alcahuetes marcó otra diferencia, sideral. “Me gustó que el Flaco se quedara en su provincia en vez de ir al ruido de la Capital”, analiza un dirigente provincial del peronismo que no acompañó a Kirchner en la primera vuelta y sí lo hará en el ballottage. No todo es análisis en el súbito embellecimiento del candidato, hay también una buena dosis de cálculo y hasta de oportunismo. Pero algo pegó en sus colegas el gesto de Kirchner.
En los cuarteles del candidato, que vivieron en éxtasis desde las once del domingo, hora en que las bocas de urna le dieron a Duhalde la certeza del resultado, la sabiduría es ahora no hacer olas. ¿Para qué debatir? se preguntan. La base de la táctica del santacruceño es no recoger ningún guante que arroje Menem. Ni el debate, ni la ronda con los ex candidatos que quedaron atrás, ni la designación de gabinete a su zaga. “Esto no es hacer la plancha, sino elegir un perfil de gobernante”, define un allegado muy cercano a Kirchner y detalla qué es lo que sí hará el hombre en las dos semanas que faltan. “Mucha tele, mucha presencia en medios. Reuniones programáticas con sectores productivos. Acaso sendas visitas a Lula y a Ricardo Lagos. Y tres o cuatro encuentros de primer nivel para discutir políticas.” Una sería en Parque Norte, destinada a trazar políticas sociales. Otra en la Facultad de Derecho de la UBA referida a la reforma judicial y política. La reforma Judicial tiene un primer ítem más o menos acuciante que es cierto recambio en la Corte. En los equipos de Kirchner confían en que, por fin, algunos viejos supremos darán un paso al costado habilitando una renovación que el nuevo gobierno aprovecharía para reanudar relaciones con fuerzas que hicieron un issue del cambio en el supremo tribunal, en especial con el ARI de Elisa Carrió. Un gesto de Julio Nazareno, que apareció jugando al golf con Carlos Menem, sugirió que ese escenario es demasiado voluntarista.
A formar el equipo
La conformación del gabinete, desdeñada como jugada mediática, es empero una necesidad política toda vez que el Presidente asume a la semana del comicio. El único confirmado por Kirchner es Roberto Lavagna, quien se reunió por primera vez con él para discutir políticas. El resto está en veremos, incluido Ginés González García, que es número puesto, pero que no recibió confirmación de parte del candidato. Del Gobierno podrían quedar Aníbal Fernández y Alfredo Atanasof. Y gente cercana a Kirchner piensa conservar de algún modo muy cerca a Juan Carlos Mazzón y José Pampuro, dos operadores políticos que “jugaron bien”. El problema con todos esos nombres es que hay “demasiada continuidad”, demasiado parentesco con el duhaldismo. Alguno(s) deberá(n) quedar en el camino.
Para el resto hay una danza infernal de nombres, como es de rigor en estos casos, nacidos de infidencias o de operaciones. Alberto Fernández, su hombre de confianza, es gran favorito para Jefatura de Gabinete. Susana Decibe y la senadora mendocina María Cristina Perceval (que votó contra Barrionuevo en el Senado y bancó duras presiones por eso) suenan para Educación. Una hermana del candidato para Desarrollo Social. “En Cancillería, Lupín piensa en un extrapartidario, de mucho peso, pero no suelta su nombre”, dicen a su lado.
“Igual, ese es el primer gabinete” –en diciembre puede haber cambios.”
** En diciembre asume la nueva composición del Congreso, que surgirá de un calendario psicótico que se desplegará hasta diciembre. Junto a ellos prestará juramento Daniel Scioli, toda vez que la Asamblea Legislativa no autorizará que comience su mandato antes del 10 de diciembre. Cuando se conozca el mapa político nacional, especulan dos interlocutores de Página/12, habrá cambios en el equipo de gobierno, “Uno de ellos será el tránsito de Lavagna de Economía a Cancillería.” Un enroque que varios dan por hecho en los arrabales del kirchnerismo, pero sobre el cual ni el candidato ni el ministro de Economía comentan nada.
Lavagna se reunió con Kirchner por primera vez en plan de trabajo. El actual titular de Hacienda le transmitió su especial escepticismo sobre la posibilidad de anunciar ambiciosos “paquetes” de medidas. “Este es un país normal –se preció, seguramente en exceso–, el Gobierno debe ir resolviendo problemas, no hacer promesas wagnerianas e incumplibles”, remató nombrando sin nombrarlo a Cavallo. Lavagna explica que el sistema político realmente existente transforma en voluntaristas e improbables las promesas referidas a instrumentos. “Un plan de construcción de 60.000 viviendas es factible –explica a su equipo–, pero sólo instrumentable si se reforma el Fonavi y se articula con las provincias.” El ministro acertará o errará, pero habla por experiencia. Padeció en carne propia la fragmentación de poder del actual federalismo criollo: todo debe pasar por las horcas caudinas de los cónclaves con gobernadores. Así que a prometer metas sensatas, pero no paquetes cerrados incumplibles, preconiza el ministro. Metas posibles serían, a su ver, “un crecimiento de 4,5 o 5 puntos durante los cuatro años del mandato. Y un aumento del 20 o 25 por ciento de los salarios reales”. La desocupación podría bajar, aunque Lavagna es menos preciso para predecir cuánto.
Como para consolar a quienes sueñan con anuncios pimpantes, zanahorias para el electorado, Lavagna deja en claro que tampoco el gobierno entrante puede ponerse muy duro con el palo. Si decidiera un aumento de tarifas tampoco podría imponerlo “a lo Cavallo” sino prepararse para una ardua tarea en el Parlamento y ante la Justicia. “Proponer instrumentos acá es mentir. Se puede hablar de metas y de rumbos”, redondea el único hombre que sabe que será ministro si Kirchner gana.
Reproches preventivos
No todos son aprontes a futuro en los cuarteles de Kirchner. También hay un febril repaso del mapa electoral del domingo pasado, que propicia reproches y facturas a los que “jugaron mal”. De la Sota encabeza esa lista negra. “Quién le dice que al Gallego no le armemos una lista alternativa a gobernador. Si Adolfo pone la suya, se puede quedar sin reelección”, se relame un operador que quizás use su argumento más pensando en presionar al “Gallego” para que revise su conducta en la segunda vuelta que en la elección cordobesa. Como se dijo al principio de esta columna, De la Sota algún acto de contrición ya hizo.
Julio Alak, intendente de La Plata, quedó muy mal parado entre sus pares. El mapa del conurbano mostró una abrumadora hegemonía del duhaldismo, excepción hecha de San Isidro y Vicente López, proverbialmente radicales, en los que prevaleció López Murphy. Pero en la capital provincial ganó Menem y Kirchner le ganó en definición por penales el tercer puesto a LM. Amén de las ordalías que deberá sobrellevar Alak para recuperar su predicamento interno, lo antedicho refleja un par de datos sobre los comicios del domingo. Llámeselos como quiera –y, se sabe, el nombre es arquetipo de la cosa– “aparatos”, “liderazgos locales”, etc., lo cierto es que hubo muchas provincias o territorios en que el local ganó por mucho:
- Kirchner le debe su elección a Buenos Aires, donde el aparato duhaldista jugó a fondo, desafiando diagnósticos de quienes no saben mucho de políticas y de internas. Y, de la mano de Gildo Insfrán y de Eduardo Fellner, ganó en Formosa y Jujuy, donde es difícil imaginar que el santacruceño cuente con especial predicamento.
- La Rioja, San Luis y Santa Cruz premiaron a sus provincianos candidatos a presidente con porcentajes asombrosos, impropios incluso para una sociedad pluralista.
- Menem - Romero hicieron pie firme en Salta y La Pampa. Y golearon en Catamarca de la mano de Luis Barrionuevo.
- Angel Rozas transformó Chaco en el último bastión del radicalismo.
- Varios etcéteras.
Claro que también hubo derrotas llamativas, tales las de los referentes de Rodríguez Saá en Buenos Aires (Rico, Posse, Othacehé). Y también hubo voto móvil, táctico de muchos ciudadanos. Compleja es, aleluya, la sociedad argentina, bichoca para dejarse explicar apelando a un solo factor.
Saldos y retazos
Tres candidatos peronistas se alzaron con el 60 por ciento de los votos válidos. Dos de ellos disputarán la Presidencia. El otro, el Adolfo, armó un liderazgo potente en los alrededores de su provincia, seguramente como consecuencia del efecto demostración. Pero le costó trascender a otras geografías, a las grandes ciudades, a los no peronistas. Sacó una carrada de votos para un novato, pero quedó relegado en su partido de pertenencia, muy atrás de Duhalde, Menem y Kirchner. Tiene futuro político, si limita sus ambiciones a sus recursos y no las condiciona a sus fantasías. Puede armar una línea minoritaria en el PJ, para formar un partido nacional quedó muy débil. Desde la elección viene equivocándose y perdiendo aliados políticos. Ayer demoró una decisión que debía tomar sí o sí y eso le costará desgajamientos de quienes lo apoyaron. (Ver más información en página 5).
Dos ex radicales definieron un perfil más preciso que el del partido de Alem. Elisa Carrió eligió un perfil de centroizquierda, institucionalista y regenerador. Ricardo López Murphy, como el Chacho Coudet, optó correr por el andarivel de derecha. Ambos serán interlocutores del próximo gobierno y referencias de los respectivos sectores.
Carrió seguramente deberá darse más maña porque la centroizquierda argentina es bastante autodestructiva e internista que la derecha. Y porque ella misma es mucho más como parlamentaria, como lectora de la realidad, como oradora que como armadora política. Esta campaña –exitosa si se ponderan los recursos humanos, económicos y partidarios con los que contó– la mostró al tope de sus condiciones y de sus convicciones, pero también mostró límites que deberá trabajar si desea seguir creciendo.
Si bien el perfil constitucionalista de LM es de improbable credibilidad –en materia de libertades públicas la derecha argentina “patea con las dos piernas” y nunca le hizo ascos a las restricciones y a las dictaduras–, lo cierto es que ambos ex radicales tendrán la ímproba misión de ampliarla agenda del nuevo oficialismo enriqueciéndola con temas institucionales que el peronismo gobernante suele postergar, en el mejor de los casos.
Menem demostró tener un piso alto de votantes. Está por verse si su techo es mucho mayor. Sus apuestas serán “morder” parte del electorado –pobre y peronista, igual al suyo– de Rodríguez Saá. Y conseguir que entre los que optaron por López Murphy prevalezca el pensamiento de derecha por encima de rechazos éticos, legalistas, partidarios o gorilas. Con ese norte e intentando una jugada por día, cuando esté abúlico, irá por un milagro. Como esos arqueros que van a cabecear corners al área contraria cuando su equipo pierde tiene más posibilidades de agravar su derrota que de ganar, pero se la juega. Cualquier cambio en un escenario que le arranca muy adverso será, a sus ojos voluntaristas, una oportunidad. En ese solo sentido las inundaciones de Santa Fe y el secuestro de la hija de Franco Macri le juegan a favor.
Kirchner será presidente si no se equivoca, si no ocurre algo inopinado. Duhalde, que urdió cien añagazas en pro de ese resultado, podrá sentirse un ajedrecista cabal.
Ante un menú de opciones novedoso los ciudadanos argentinos determinaron un mapa político plural, sin hegemonías nítidas, que le abre futuro a varios dirigentes. Y dejaron el ejecutivo en manos del partido que más proclividad tiene por gobernar. Masivamente optaron por el voto positivo, seguramente insatisfactorio, antes que por la abstención. La democracia, como porfía en serlo la vida misma, no es pura perfección sino manejo de opciones.
El sistema presidencial de doble vuelta propicia un voto expresivo en primera vuelta y un voto útil en segunda. En los países de este sur los ciudadanos suelen “votar en primera vuelta como si fuera segunda”, esto es polarizar. No hubo polarización hace siete días, cuando cinco candidatos quedaron bastante cercanos el uno al otro. Pero sí hubo voto útil, para frenar las amenazas de Menem y López Murphy.
En segunda vuelta, sólo queda optar. Entre dos modelos, propone Kirchner y quizá no sea fácil darle pleno crédito si se mira a sus aliados y aún a su posible equipo de gobierno. Pero hay una opción innegable, tajante a la mano del ciudadano. La de ajustar cuentas con su pasado (incluidos sus propios errores), castigando a uno de los principales artífices de la decadencia de la Argentina, de su fragmentación, de la entrega de su patrimonio. No fue el único responsable, puesto que gobernó diez años con el voto popular, pero sí fue el timonel del Titanic. Y está en las manos de los argentinos punirlo, sacudirle una paliza electoral y dejarlo confinado al pasado. Que así sea.

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