EL PAIS › UN DESAYUNO CON ESTELA CARLOTTO

“Nuestra única campaña es para encontrar a los nietos”

 Por Fernando Cibeira

En los últimos años, cuando se acerca octubre se renueva la expectativa en la casa de las Abuelas, ahí sobre Virrey Ceballos. Es que Estela de Carlotto y las Abuelas están de nuevo nominadas para el Premio Nobel de la Paz y es coincidencia general –entre los especialistas de aquí y del exterior– que han hecho méritos más que suficientes para obtenerlo. “Bueno, hay cientos de postulados que tienen mucho mérito también”, rescata Carlotto. Con todo, las ganas de ganarlo están. “Siempre uno está esperanzado, para las Abuelas el premio sería relevante. Y también el dinero, que siempre viene bien”, subraya. Aunque igual, advierte, no harán nada especial para conseguirlo. “Nuestra campaña es para encontrar a los nietos, ésa es nuestra mayor alegría”, remata.

Hoy tiene uno de esos días de “raid increíble”, como ella misma describe. El mes que viene Estela Carlotto cumplirá 82 años y su agenda de actividades no tiene descanso. Hasta se extraña que el día anterior su cuerpo le haya pedido reposo luego de un viaje a Europa para participar de la presentación de la película Verdades verdaderas –basada en su vida– y hablar en la Unesco, el organismo que el año pasado le diera una distinción en un acto en su sede en París al que asistió Cristina Kirchner. “El mundo está conmovido, quizá más que acá”, dice sobre la recepción al trabajo de Abuelas en sus viajes. Intuye que puede ser porque en Europa soportaron guerras y conocen lo que es perder a hijos y nietos.

La Casa de Abuelas queda en la planta baja de un edificio de estilo bien conservado. La entrevista se realiza en la sala de reuniones, con mesa ovalada y varias sillas. En las paredes hay pinturas, recuerdos y varias distinciones. ¿Se sumará el Nobel? Es un premio con sus bemoles, hace tres años se lo dieron a Barack Obama. “No sé si fue tan raro que se lo dieran, lo extraño fue que pareció darle fuerzas para seguir mandando tropas”, reflexiona. Estela insiste en que las Abuelas no realizarán “una campaña profunda” como hacen otros postulados, pero que ganar vendría muy bien. Aclara lo del dinero. “Todo ayuda porque vivimos de esa caridad, encontrar a los nietos es costoso. Nosotras andamos siempre abriendo caminos”, remarca.

Apenas volvió del viaje, Carlotto se encontró con el cacerolazo de protesta. No le gustó y salió por radio. “A veces me asusta un poco cuando me toman como opinóloga, pero siempre aclaro que soy una abuela, respondo con mi sentido común”, subraya. Bromea: “Parece que dejé una frase para la historia”, a propósito de la “gente bien vestida” que dijo ver en la protesta. “Lo dije sin mala intención, en realidad, quien remarcó eso fue el periodista que me entrevistó”, recuerda. “Y lo dije porque era cierto, pero vivimos en democracia y todos tenemos derecho a peticionar. Fue una marcha pacífica, no hubo violencia física pero sí violencia verbal”, sostiene. Le molestó particularmente la mujer que se burló del pañuelo blanco de las Madres. “Nosotros con nuestra búsqueda estamos defendiendo a todos los argentinos”, afirma.

Estela de Carlotto tiene trece nietos y una bisnieta, además de todos esos nietos adoptivos que recupera y que tanto se dan una vuelta para saludarla. No es extraño entonces que en el trato sea muy abuela. “¿Vamos a tomar un café? ¿Cómo lo quieren?”, consulta dulcemente a cronista y fotógrafo mientras sirve de los termos que tenía listos de antemano. Aunque aclara que lo dice a título personal, Carlotto se muestra totalmente a favor de una reforma constitucional y de un nuevo mandato de Cristina Kirchner. “El mandato termina en 2015 y no hay tiempo para todas las cosas que están en marcha. Terminaría el proyecto nacional y popular”, analiza. Dice no encontrar, tampoco en la oposición, una figura que pueda continuar con lo que se viene haciendo. “Ella no habla de esto, así que me animo a hacerlo”, añade.

Estela no deja de recordar que en su juventud era muy antiperonista, que si hubieran existido en aquel momento ella se podría haber sumado a cacerolazos como el del otro día. “Cuando bombardearon la Plaza, yo salí a festejar”, rememora. Dice que lo que la cambió fue escuchar las conversaciones de su hija Laura y sus amigos, la fuerza de sus convicciones que no modificó aun cuando presintió que su vida corría peligro. “Tuve suerte dentro de todo”, dice ahora Estela, por eso piensa que quienes hoy cacerolean son un poco como ella en el pasado y que “es gente que puede estar confundida”.

Curioso lo que sucede con muchos nietos recuperados que pasan de una vida ajena a lo público a militar activamente en política, hoy hay muchos que son funcionarios o legisladores. Estela lo compara con lo que le sucedió a ella, que los acontecimientos la llevaron a meterse en lo que antes le resultaba casi ajeno. “Cuando se te destapa la cabeza te hace mover muchas cosas, estos chicos sacan a la luz lo que tenían escondido”, imagina. Ella está contenta de que así suceda. “Se pueden equivocar como cualquiera, pero lo importante es que no están contaminados como buena parte de nuestra clase política. Creo que es por eso que la Presidenta les está dando un lugar trascendente”, agrega.

Mes y medio atrás, las Abuelas se dieron el gusto de anunciar que habían identificado a Pablo Javier Gaona Miranda, el nieto 106, a quien habían secuestrado junto a sus padres en mayo de 1978 cuando era un bebé de un mes. “Es una emoción tan grande, es indescriptible”, relata sobre qué se siente cada vez que dan una noticia de éstas. “Es el triunfo de la verdad sobre la mentira, le estamos ganando claramente a la dictadura cívico-militar. Ganando y recuperando, no sólo a los nietos, sino a nuestra sociedad.” Eso también es lo que la impulsa a seguir. “Estamos en una edad muy avanzada, podríamos decir que sigan otros”, dice que a veces piensa, pero que cada emoción de ésas, de ver la cara de las abuelas que recuperan a sus nietos, la hace imaginar “ya me va a llegar, ya me va a tocar a mí”. Y eso le da más fuerzas.

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Imagen: Adrián Pérez
 
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