EL PAIS › EL EX INTENDENTE COPO LA CAMPAÑA DEL EMPRESARIO

Macri de la mano de Grosso

Es “la pata peronista” del candidato a jefe de Gobierno y el dolor de cabeza de muchos de sus aliados. Su amistad es antigua, como sus negocios y alfiles compartidos.

 Por José Natanson

Carlos Grosso copó la campaña de Mauricio Macri, que recurrió a ex funcionarios y amigos del ex intendente para el armado de su candidatura a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad. Su jefe de campaña es Juan Pablo Schiavi, al que conoció a principios de los ‘90, cuando era subsecretario de Mantenimiento y Servicios de la Municipalidad y había que negociar con Manliba los provechosos contratos de la basura. Cerca del presidente de Boca, los ex grossistas se mezclan con empresarios y ejecutivos –gente como uno– que cuestionan la influencia de Schiavi y los suyos. Es más: los acusan de gestionar alianzas con dirigentes emblemáticos de aquella época, entre los que se destacan figuras de la talla de Eduardo Rollano, ex presidente del Concejo Deliberante durante la gestión de... Carlos Grosso.
La relación entre la familia Macri y el otrora líder de la renovación peronista es larga. Comenzó cuando Franco Macri le dio un lugar en SOCMA. Se mantuvo intacta durante el gobierno de Raúl Alfonsín y se tradujo en negocios concretos a partir de 1989, cuando Carlos Menem designó a Grosso intendente de Buenos Aires.
Fue en aquella época, cuando Grosso aún soñaba con convertirse en presidente, que Macri conoció a Schiavi, un joven peronista que desempeñaba un cargo de nombre oscuro pero de vital importancia: la Subsecretaría de Mantenimiento y Servicios de la Municipalidad. A través de una serie de acuerdos, Manliba se convirtió en el principal contratista de la administración porteña. En 1997, con Grosso fuera del poder, el gobierno de la Ciudad renegoció la recolección de residuos, dejó afuera a Manliba y ahorró 50 millones de pesos.
La buena onda entre Schiavi y Macri –reveladora de una forma de entender la política y los negocios en la Argentina de los ‘90– se mantuvo a lo largo de los años. Por eso, en cuanto decidió lanzarse como candidato a jefe de Gobierno, el ex titular de SOCMA pensó en su antiguo amigo. Schiavi se convirtió en su jefe de campaña y su principal operador político y obtuvo un lugar en los equipos técnicos: su experiencia en la Municipalidad se volcará al estudio de la reforma política y la transparencia en la gestión.
Pero Schiavi no es el único ex grossista que trabaja junto a Macri. Pedro García fue uno de los principales asesores en temas de comunicación de Grosso antes de su designación como intendente. Más tarde, García trabajó junto a otra de las jóvenes promesas de la renovación peronista, el mendocino José Luis Manzano, y finalmente se acercó a Macri, a quien asesoraba hasta hace poco en el área de comunicación.
Mario Moldován trabajó en la dirección de prensa de la Municipalidad porteña durante la gestión Grosso. Después fundó la empresa Ejes, especializada en monitoreo de prensa, que fue contratada por Macri para el diseño de su estrategia comunicacional.
En la sede de Compromiso para el Cambio, el partido de Macri, los ex grossistas se mezclan alegremente con empresarios, técnicos y académicos más o menos liberales. Algunos ejemplos: Ralph Haiek, ex representante en la Argentina del poderoso grupo multimedia venezolano Cisneros; Ricardo Mastai, un ex rugbier que trabaja en el área de salud; Néstor Grindetti, coordinador del área de Hacienda y ex directivo del Grupo Macri, y Mauricio Devoto, cuyo mayor mérito es haber sido compañero de colegio del empresario.
En estos círculos, mucho más elegantes, se critica las alianzas de Macri con el peronismo mal reciclado. “La idea era poner técnicos, académicos, gente de nivel. Entraron algunos, como Eugenio Bursaco, pero también muchos peronistas de pasado oscuro”, se quejaba un amigo de Macri. “Mauricio tiene buenas intenciones, pero estos tipos son vivísimos y lo pasan por arriba”, agrega.
Aunque decidió no cerrar un acuerdo formal con el PJ de la Capital, Macri sí aceptó el respaldo de algunos grupos y dirigentes aislados. Uno de ellos es Rollano. Su nombre no figura en las listas, pero el sector que lidera –el Frente Unidad Peronista– cerró un acuerdo con Macri y logró colar como tercer candidato a legislador porteño a Rodrigo Herrera Bravo. El otro dirigente que se acercó a Macri es Jorge Argüello, que también fue titular del Concejo Deliberante y que obtuvo el cuarto lugar de la lista de diputados nacionales de Compromiso para el Cambio.
Naturalmente, la pata peronista del macrismo también tiene algo que decir. “Si Macri quiere ganar necesita quedarse con todo el peronismo. Y para eso, le guste o no, nos necesita a nosotros”, asegura un dirigente del PJ aliado al empresario. Y agrega un punto de vista: para ellos, el problema central es el perfil de empresario neoliberal y, sobre todo, la identificación con el menemismo, del cual Macri no se logra despegar.
Preocupados por la caída de la imagen de Macri, algunos de sus respaldos peronistas han comenzado a cuestionar la designación de Horacio Rodríguez Larreta como candidato a vice: aunque le reconocen origen y trayectoria en el peronismo, critican el perfil de técnico liberal que construyó gracias a su trabajo en el Grupo Sofía. “El slogan podría ser: Macri-Rodríguez Larreta, la fórmula de Recoleta”, bromea un peronista aliado de Macri.
El plan, que aún no se animaron a plantearle al presidente de Boca, consistiría en reemplazar a Rodríguez Larreta por un dirigente más claramente identificado con el PJ: el más mencionado es el diputado Diego Santilli.
Pero los peronistas no son los únicos inquietos por las chances del ex directivo de SOCMA. Un grupo de empresarios, liderados por el constructor Gregorio Chodos, un antiguo conocido de Macri, se contactó con Ricardo López Murphy, otro amigo poderoso, para reclamarle que conformen una alianza. “Tienen que juntarse, si no van a perder los dos”, fue el mensaje de los empresarios.
La candidata de López Murphy en la ciudad es Patricia Bullrich, esa rara mezcla de peronista de barrio, señora fina con apellido y dirigente de derecha. “Son los garcas que se juntan”, se quejó Bullrich cuando se enteró de la gestión. Se comunicó con López Murphy, que se encontraba en Estados Unidos visitando a una de sus hijas, y no dio muchas vueltas. “Gordo, me quieren cagar”, le dijo. Una semana después, el economista la respaldó públicamente en una cena para juntar fondos. “No se confundan: Patricia es mi candidata”, aseguró López Murphy.
En cualquier caso, es innegable que Macri no atraviesa su mejor momento. El fuego cruzado entre los integrantes de su equipo, las idas y vueltas en torno de su compañero de fórmula y los tanteos a Bullrich tienen, en última instancia, una misma explicación: el empresario no es más el candidato imbatible que era hasta hace poco.

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Macri supo darle trabajo a Grosso, que retribuyó atenciones cuando era intendente: fue a través de Schiavi, que ahora trabaja en la campaña.
 
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