EL PAIS › EL GOBIERNO NOMBRO A EDUARDO PRADOS EN LA FEDERAL

Perfil bajo para el cambio

Kirchner eligió para la jefatura al segundo de la fuerza, un hombre de poca exposición, que manejó los hilos estratégicos de la fuerza, aunque nunca hizo calle. Sólo hubo tres retirados. Beliz respondió con dureza al ex jefe, que dijo haber sido echado por lo que sabía.

 Por Horacio Cecchi

Una nueva pero previsible cabeza en la Federal ocupa desde ayer el escandaloso vacío dejado por Roberto Giacomino. La designación recayó en Eduardo Prados, hasta ahora formalmente subjefe policial, y como segundo quedó Daniel Caruso, quien ocupaba el cargo de superintendente de Drogas Peligrosas. Lo previsible de la cabeza tiene que ver con el primer peinado grueso en la Federal que tuvo lugar pocos días después de la asunción de Néstor Kirchner y en el que seis altos comisarios fueron pasados a retiro. En aquel momento, Prados y/o Caruso eran los nombres propuestos para la cabeza por el Gobierno. El duhal-rucuckismo logró sostener a Giacomino por unos meses más, aunque Prados fue quien tuvo línea directa con el Gobierno. Pero estaba indisimuladamente anunciado que a aquel peinado grueso le seguirían otros tijeretazos profundos. Cayó Giacomino y ayer los nombres de Prados y Caruso cerraron parte del nuevo peinado. La historia no termina, parte de la estructura seguirá en peluquería.
El anuncio de la nueva cabeza fue realizado en conferencia de prensa por el propio ministro de Justicia, Gustavo Beliz. La conferencia estaba prevista para las seis de la tarde en Casa de Gobierno, pero se demoró una hora porque tanto Beliz como Prados y Caruso mantuvieron una reunión previa con Kirchner.
El 2 de junio pasado, Beliz, con órdenes directas de Kirchner, anunció una profunda cirugía en la Federal. Pocos días antes, apenas asumió el nuevo Presidente, Julio Peremateu, subjefe de la Federal y uno de los dos apoyos de confianza de Giacomino, pidió el retiro. En la cirugía, seis comisarios generales fueron jubilados: Luis Bravo, de Drogas Peligrosas; Héctor Núñez, de Interior; Jorge Senabre, de Investigaciones; Roberto Wechsberg, de Científica; Oscar Gaitán, de Comunicaciones. El sexto, Carlos Capuccetti, no sólo estaba a cargo de la Superintendencia de Seguridad Metropolitana (el área que controla todas las comisarías y la tercera parte de los uniformados), sino que era el otro hombre de confianza de Giacomino. El hombre del riñón de Ruckauf había quedado aislado.
Como segundo había quedado Prados, nombre propuesto por Beliz. El jueves pasado, el presidente Kirchner ordenó el despido de Giacomino después de que lo acusaran de abrir una licitación directa para provisión de equipos informáticos al Hospital Churruca por dos millones de pesos y favorecer a empresas de familiares. Prados, subjefe de la Federal, pasó a reemplazarlo informalmente hasta ayer, cuando Beliz, acompañado por los secretarios de Seguridad y Justicia, Norberto Quantín y Pablo Lanusse, y el subsecretario de Seguridad, José María Campagnoli, anunció el cambio.
Prados es abogado recibido en la UBA en el ‘83, con 53 años y más de 35 en la policía. Durante el gobierno de Raúl Alfonsín fue el segundo de la División de Asuntos Disciplinarios (después fue creada Asuntos Internos) como subcomisario. A fines del menemismo, en un lento ascenso, era comisario y estaba a cargo del Departamento de Planificación Institucional. En el ‘98 formó parte de la Comisión de Legislación entre los equipos que trataron el nunca realizado traspaso policial a la Capital. Con Fernando de la Rúa, en octubre de 2000, ya era comisario mayor y había ascendido un escalón dentro de la misma área: quedó a cargo de la Dirección General de Proyecto y Planificación.
En diciembre de 2001, con Adolfo Rodríguez Saá, el ascenso a la jefatura de Giacomino lo encuentra a la cabeza de la poderosa Superintendencia de Planeamiento, que durante la dictadura era considerada como el Estado Mayor policial. El poder de Planeamiento no está dado por cantidad de hombres sino por capacidad e importancia de sus decisiones. Allí se tejen las estrategias, se promueven los cambios legislativos, se diseña la posición institucional ante los diferentes marcos históricos. La jerarquía: comisario general.
Nombrado como segundo de Giacomino, su ascenso provocó el desplazamiento de los dos comisarios generales que lo antecedían en antigüedad, Peremateu(que ya se dijo que renunció antes) y Capuccetti. Aunque segundo, en la práctica Prados tenía unos cuantos motivos de enfrentamiento con el jefe: proviene del sector con decisión pero sin tropa, desdeñosamente llamados “los burócratas” por sus oponentes históricos, “los operativos”, que tienen calle y mando de tropa, como Giacomino. Sus soportes políticos, Beliz o Ruckauf-Duhalde, también son antagónicos. Y su lectura de la realidad, también: Giacomino miró hacia un costado en casos aberrantes como el del homicidio de Ezequiel Demonty, defendiendo a los policías de calle involucrados. Prados se presenta como un especialista en relaciones de la policía y la comunidad. De todos modos, algunos organismos de derechos humanos lo consideran un abanderado de los perimidos edictos policiales.
El ascenso de Prados a la jefatura no provocó ningún cambio porque por encima de él, el único comisario general con más antigüedad era Giacomino, y Giacomino ya no estaba. Los retiros obligados los provocó el ascenso de Daniel Caruso, comisario mayor (un grado inferior) y jefe de la Superintendencia de Drogas Peligrosas a la subjefatura. Obligadamente –y Beliz se cuidó en aclarar que no estaban vinculados al despido del ex jefe–, los comisarios generales Jorge Bortolini, jefe de Asuntos Internos; Domingo Munizaga, jefe de Personal; y Carlos Gandulfo, de Administración. Elegir a Caruso sobre estos jefes de tres superintendencias clave y superiores en rango tiene sus motivos. No porque Caruso haya sido, hasta ayer, jefe de Drogas Peligrosas, sino porque fue secretario de Juan Angel Pirker, pero sobre todo porque antes de Drogas Peligrosas controló la Superintendencia de Interior. Y allí tejió lazos con todas las provincias, incluidas las del extremo sur del país.

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Roberto Giacomino, observado por Aníbal Fernández.
 
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