EL PAIS › EL OPERADOR DE LILITA IRIA A DESARROLLO SOCIAL PORTEÑO

Los caminos llevan a Romá

Ibarra baraja en silencio cambios en su gabinete para reflejar las nuevas alianzas y cubrir a los que van al Congreso y la Legislatura. Entran el ARI y el kirchnerismo, sale la UCR.

 Por Santiago Rodríguez

Si bien Aníbal Ibarra siempre manejó los cambios de gabinete con el más absoluto hermetismo –y así lo está haciendo también esta vez–, ya hay determinadas cosas que se saben en torno de las modificaciones que hará para encarar su segundo mandato como jefe de Gobierno porteño. Una es que varios de los secretarios que lo acompañan seguirán en sus cargos y que el radicalismo desaparecerá casi con seguridad de la primera línea de su administración. Otra, que Ibarra realizará una serie de modificaciones aún en estudio en la estructura de su gobierno. Y la tercera, que en sus planes figura sumar a su equipo de colaboradores a dirigentes del kirchnerismo y del ARI. Una alternativa que analiza Ibarra es dejar la Secretaría de Obras Públicas en manos de un hombre del presidente Néstor Kirchner y nombrar a Rafael “Balito” Romá –el principal operador político de Elisa Carrió– en Desarrollo Social.
Si fuera por lo que prefiere, Ibarra seguiría hasta el próximo 10 de diciembre, día en que asumirá su segundo mandato, con el mismo gabinete que lo acompaña actualmente. Pero el deseo del jefe de Gobierno porteño choca con su pretensión de dar un nuevo impulso a su gestión porque la indefinición acerca de quiénes seguirán a su lado y quiénes se irán complica la puesta en marcha de nuevas iniciativas.
“Che ¿y de mí sabés algo?” es la pregunta recurrente que por estos días les hacen los secretarios porteños a los pocas personas con las que Ibarra suele consultar las modificaciones que realiza en su gobierno. Es que los cambios caen de maduro y todos lo saben: aunque el gabinete de Ibarra fue mutando con el paso de los años, su composición no refleja el armado político que le permitió al ex fiscal derrotar al empresario Mauricio Macri. Tanto es así, que al día siguiente de ganar las elecciones el mismo Ibarra adelantó en un reportaje a Página/12 que tenía pensado modificar su staff de colaboradores porque “uno siempre tiene que expresar la coalición que mostró a la sociedad”. Para poner fin al estado deliberativo que la situación ha generado, Ibarra cambiaría su gabinete a más tardar a fines de este mes o principios del próximo.
Gran Hermano
Como en una suerte de Gran Hermano, en el gobierno porteño hay secretarios de los que puede decirse que seguirán jugando al lado de Ibarra y otros que están nominados. Hay también un tercer grupo integrado por algunos cuyo futuro no aparece definido.
“Contra lo que todos suponen, el próximo va a ser un gabinete de mucha continuidad”, vaticinó a este diario un funcionario porteño. A quien todos ven en el próximo mandato de Ibarra en el mismo cargo en el que hoy está es a Raúl Fernández. El jefe de Gabinete porteño es, de hecho, el principal operador político de Ibarra y junto a la senadora Vilma Ibarra jugó un rol central en la campaña electoral del ex fiscal.
En la Secretaría de Hacienda también se presume que no habrá cambios y que seguirá en manos de Marta Albamonte. Al llegar a la Jefatura de Gobierno, Ibarra nombró en ese lugar al radical Miguel Pesce. Según explican sus allegados, aquella elección no fue mala porque “Pesce se manejó con un criterio fiscalista y mantuvo las cuentas en orden a pesar de la crisis, pero ahora es momento de hacer obras. El perfil del secretario debe ser otro y se requiere tener un mayor control del área”. Albamonte es tropa propia y cumple los requisitos que se consideran necesarios.
El otro que se da por hecho que seguirá al lado de Ibarra es el secretario de Medio Ambiente, Eduardo Epszteyn. El funcionario se ganó un lugar en el equipo de campaña de Ibarra con su papel de operador “comodín” para lo que fuera necesario. Lo que podría llegar a suceder en su caso es que se lo ponga al frente de otra área. El subsecretario de Comunicación, Daniel Rosso, también fue una pieza clave en la campaña y todo indica que seguirá donde está.
Tres son los secretarios cuyo futuro no aparece tan claro. De Eduardo Hecker se comenta que tiene más chances de continuar en la primera línea de la administración porteña que de irse, pero nadie se arriesga a afirmar que vaya a permanecer en Desarrollo Económico.
La secretaria de Educación, Roxana Perazza, también está más cerca de quedarse que de abandonar su puesto. Perazza está en esa área desde el primer día de gestión de Ibarra: empezó como subsecretaria y cuando Daniel Filmus emigró al Ministerio de Educación nacional lo reemplazó sin que se registrara ningún sobresalto y sin recibir objeciones de parte de los actores de la comunidad educativa. En gobierno destacan que Educación es la secretaría con mayor planificación a futuro y sostienen que, “salvo que aparezca alguien que nos agregue un plus, no debería haber cambios”.
El tercero en duda es Alfredo Stern, aunque su caso es particular: en los tiempos de la Alianza, Ibarra lo incorporó al gabinete con el rótulo de radical, aunque el único nexo del funcionario con ese partido fue haberse desempeñado en la gestión del intendente radical de Vicente López, Enrique “Japonés” García. Ibarra quedó gratamente sorprendido por la forma en que mantuvo en pie el sistema de salud en el peor momento de la crisis, pero tal vez necesite el cargo que Stern ocupa para contentar a alguno de sus nuevos socios.
Nominados
Entre los nominados, no todos lo están por la misma razón. Ariel Schifrin (Descentralización) se irá a la Legislatura, Silvana Gíudice (Gobierno y Control Comunal) partirá rumbo a la Cámara de Diputados y Jorge Telerman (Cultura) pasará a desempeñarse como vicejefe de Gobierno.
La salida de Gabriela González Gass de Desarrollo Social, en cambio, se presenta como la consecuencia lógica del fin de la sociedad formal de Ibarra con el radicalismo. Y el quinto en cuestión es el secretario de Obras Públicas, Abel Fatala, de quien los ibarristas advierten que no desarrolló una gran gestión, pero reconocen también que la crisis no le dejó mayor margen de maniobra. “El problema es que si el que viene va a ser el gobierno de la deserción escolar cero y la obra pública, no se puede mantener al secretario que fue la cara de la anterior gestión”, fundamentan los colaboradores de Ibarra a favor del recambio.
El esquema que maneja Ibarra contempla incorporar a un representante del kirchnerismo y otro del ARI, si es que Elisa Carrió así lo quiere. “Si pretenden que Aníbal articule un polo de centroizquierda deben permitirle que tenga su propio juego y no llenarle el gabinete de gente”, dicen allegados al jefe de gobierno frente a la posibilidad cierta de que los kir-
chneristas reclamen más lugares. Para los hombres del Presidente podría quedar la Secretaría de Obras Públicas. Otra alternativa sería sumar a Héctor Capaccioli –un dirigente de confianza del jefe de Gabinete, Alberto Fernández–, aunque en otra secretaría.
Del ARI a quien los ibarristas quieren traer consigo es a Romá. “Es un cuadro político que no podemos desperdiciar”, sostienen los ibarristas. La plaza en la que lo imaginan es Desarrollo Social.
La que está descartada es la idea de Telerman de seguir al frente de Cultura aun siendo vicejefe de Gobierno. La intención de Ibarra es consultarle la designación de su sucesor, que podría ser la actual subsecretaria del área Silvia Fajre.

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Rafael “Balito” Romá entraría al gabinete porteño por el ARI.
 
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