EL PAIS

Ya empezó la pulseada por la sucesión de Gioja

El presidente provisional del Senado fue electo gobernador hace exactamente una semana.
Y ya empezó el ajedrez por designar su reemplazante.
Hasta Menem se hace ilusiones.

 Por Felipe Yapur

Hace exactamente una semana, el senador José Luis Gioja compitió y ganó en las elecciones para gobernador de San Juan. Más allá de que podría decirse que triunfó un hombre que responde al presidente Néstor Kirchner, en realidad la importancia del hecho reside en el puesto que Gioja abandonará el próximo 10 de diciembre: la presidencia provisional de la Cámara alta. En el bloque de senadores del PJ se desató una sorda pelea por este lugar, que está en la línea sucesoria presidencial. El duhaldismo lo apetece y piensa dar pelea, el menemismo medita en silencio sus pasos. Por ahora, el único nombre que está en danza es el del chubutense Marcelo Guinle, legislador cercano a Kirchner pero que tiene –por así decirlo– una sola dificultad: debe renovar su banca el próximo 9 de noviembre. Por si acaso, el oficialismo tiene en mente a alguien más para ese estratégico puesto, Cristina Fernández de Kirchner.
El cargo que todavía ostenta el sanjuanino es fundamental. No es que alguien en el Senado esté pensando en un final abrupto de la gestión Kirchner, pero tampoco es cuestión dejar a cualquiera ante la eventualidad de una salida conjunta del país tanto del patagónico como del ex motonauta Daniel Scioli. Durante el menemato este cargo fue ocupado por Eduardo Menem. Tras la renuncia de Carlos “Chacho” Alvarez, el PJ desbancó al radical misionero Mario Losada para colocar a otro hijo de esa provincia, el ahora renegado menemista Ramón Puerta. Con la llegada de Eduardo Duhalde a la presidencia, el justicialismo designó a Gioja.
En las elecciones presidenciales, el sanjuanino no dudó y se encolumnó detrás de Kirchner. Ahora, con su retorno a la provincia, el puesto se tornó en tema de debate interno de la bancada.
Es aquí donde aparece el rostro de Guinle. El chubutense cultiva un bajo perfil y no hace alarde de su amistad con el Presidente. Lo máximo que suele decir es que “somos vecinos” y reconoce que esa cercanía los llevó a la amistad que se tradujo en caminar juntos varias campañas electorales. “Mire, es verdad que soy amigo de Kirchner. También es cierto que mi nombre está dando vuelta, pero en realidad por estos días estoy concentrado en la renovación de mi banca. Después, en todo caso, hablaremos”, reconoció a este diario.
Guinle dio sobradas muestras de alineación con el Presidente. Incluso antes de que Kirchner sonara como aspirante al Ejecutivo. Tal vez el hecho más notorio fue cuando decidió, junto a Cristina Kirchner, votar en contra de la anulación de la Ley de Subversión Económica que promovió Duhalde con Gioja a la cabeza. Ya con el patagónico en la Rosada, Guinle no dudó en votar la anulación de las leyes de impunidad y la semana pasada firmó el dictamen favorable a la designación en la Corte de Raúl Zaffaroni.
Ahora bien, como en cualquier elección siempre existe la posibilidad de una derrota, entre los kirchneristas de la Cámara alta ya hay quienes piensan en otra persona si Guinle se cae. Las miradas se dirigen entonces a la esposa del Presidente, quien actualmente conduce la Comisión de Asuntos Constitucionales. El solo hecho de pronunciar su nombre provoca en más de un senador expresiones en los rostros que fácilmente se puede leer como “nepotismo”. Según los legisladores consultados, nadie se animó a charlar esta posibilidad con la patagónica, pero consideran que si todo se complica no podrá evitar el desafío.
El duhaldismo ha dejado trascender su intención de colocar en ese lugar a uno de los suyos. La candidata en silencio es Mabel Müller. La legisladora, consultora consuetudinaria de Duhalde para cada movimiento dentro del cuerpo, no habla por ahora del tema. Pero en el bloque saben que su nombre ya está lanzado.
“¿Quién? ¿Mabel?, pero si todavía no sabe leer de corrido.” La frase es de un senador que con el tiempo se volvió muy kirchnerista, después de haber abrevado durante años en aguas menemistas. Según el legislador, la bonaerense no sólo carece de condiciones para un cargo de esta envergadura, sino que además no tiene ascendencia dentro del grupo,detalle fundamental a la hora de convocar voluntades. Pero el hecho de que su nombre aparezca entre los aspirantes a reemplazar a Gioja habla de lo insaciable que es el duhaldismo. Ya controla la Cámara baja, donde el presidente es Eduardo Camaño, y también la conducción del bloque de diputados con José Díaz Bancalari, hoy más cerca de Kirchner que devoto de Duhalde. Más allá de las suspicacias y de las condiciones de Müller, es poco probable que el puesto, que debe contar con el okey presidencial, termine siendo del duhaldismo.
El menemismo, debilitado por estos días, no habla de competir por el puesto. Pero como no está definido cuándo será la elección, las esperanzas de poder tallar en la disputa crecen: si la designación se realiza con los nuevos senadores, este sector cobrará importancia por los senadores que llegan a “la casa”. A partir de diciembre se sentarán en una poltrona Carlos Reutemann y el pampeano Rubén Marín, entre otros conspicuos menemistas. Si bien se estila que “los nuevos” no ocupen puestos estratégicos, también es cierto que el número les permitirá hacer fuerza por alguno. El problema, no menor, es que a la hora de proponer candidatos la sequía es importante porque el más notorio es Eduardo Menem, un archienemigo.
De esta manera, es posible que los seguidores del riojano al menos intenten colar alguno de sus hombres en el bloque y en alguna que otra comisión importante. Es el mismo caso del salteño Marcelo López Arias, quien en los últimos días comenzó a autopostularse para el cargo, pero al que en el bloque ven en realidad en lucha por retener la vicepresidencia tercera del cuerpo. “Su alineación con (Juan Carlos) Romero lo desfavorece y mucho”, reflexionó un senador oficialista.
Mientras la danza de nombres continúa, el encargado de comenzar a tantear el ánimo de los senadores es el jefe del bloque, Miguel Pichetto, que ya empezó a hablar. Por ahora, el principal escollo es cuándo elegir. Algunos son partidarios de concretar antes de que lleguen los nuevos senadores y así evitar la posible presión menemista. Pichetto coincide, pero con variantes. Cree que es bueno que sea antes de diciembre, pero con la participación de los que asumen “para evitar suspicacias y enojos”. Un tema que se terminará de resolver en los próximos días.

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Gioja se va, y ya se habla de Guinle o Cristina Kirchner.
El menemismo sueña, el duhaldismo ya está en operaciones.
 
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