EL PAIS › BIONDINI TIENE CASI RECONOCIDO A SU PARTIDO NEONAZI EN LA CAPITAL

A un paso de legalizar al führer

Ante la indiferencia de los demás partidos, que ni se molestaron en objetarlo –como tienen derecho según la ley–, el Partido Nuevo Triunfo casi completó su trámite para ser reconocido. Biondini podrá participar en las elecciones y tendrá derecho a televisión gratuita. En su presentación, hasta juró por escrito que su grupo antisemita “no es racista”.

 Por Raúl Kollmann

Merced a una serie de maniobras ideológicas y judiciales, la organización nazi Partido Nuevo Triunfo (PNT) está a punto de ser legalizada y podría participar de las próximas elecciones que se realicen en la Capital Federal. El líder del PNT, Alejandro Biondini, se hace llamar internamente “el führer”, la denominación que utilizaba Adolf Hitler, y la organización realiza actos y cenas cada 20 de abril, aniversario del nacimiento del genocida alemán. Según la Justicia electoral, el PNT juntó las 4000 firmas necesarias para legalizarse, pero anteriores investigaciones sobre organizaciones nazis demostraron que existe un método fraudulento de recolección de firmas. Al mismo tiempo, ante la Justicia, el PNT presentó el acta número 8/2003 en la que desiste de utilizar la cruz esvástica como símbolo del partido e introduce una frase –obviamente falsa– en la que dice rechazar “todo tipo de racismo y antisemitismo”. En julio pasado se realizó una audiencia pública en la que los demás partidos debían presentar objeciones a la legalización de los nazis argentinos, pero lo cierto es que ninguna fuerza política se preocupó por asistir y presentar argumentos sobre el PNT. Ahora, el fiscal electoral Jorge Di Lello le dio vista a la Secretaría de Derechos Humanos, pero el expediente quedaría después listo para que el juez Rodolfo Canicoba Corral otorgue, por primera vez, la legalización para participar de elecciones de una organización nazi.
La eventual oficialización del partido nazi significa, en concreto, el derecho a participar de las elecciones en la Capital Federal, por ahora el único distrito en el que están cerca del reconocimiento legal, aunque también hay un intento de legalizarse en Catamarca. Significa también que tendrán acceso, sin cargo, a la televisión y al financiamiento estatal y, obviamente si consiguen los votos, a cargos en el Congreso nacional y la Legislatura porteña. De acuerdo a la Carta Magna, la organización y las actividades de los partidos son libres “dentro del respeto a esta Constitución”, algo que en verdad no está en los planes de los nazis que siguen el modelo del genocidio perpetrado por Hitler.
El Führer Alejandro Biondini empezó el proceso de legalización en 1990 e intentó al principio usar el nombre de Partido Nacional Socialista de los Trabajadores, exactamente la misma denominación que tenía el partido nazi de Adolf Hitler. A lo largo del proceso, la pretensión fue rechazada y por ello Biondini resolvió llamar a su partido Nuevo Triunfo. También hubo una larga batalla judicial para usar la cruz esvástica, pero en el acta reciente –y sólo para conseguir más rápidamente ser un partido legal–, el grupo resolvió desistir de “un símbolo milenario” (así lo llaman Biondini y sus acólitos), que como es sabido era el símbolo que aparecía en las banderas nazis que flameaban en los campos de concentración y en los grandes actos y movilizaciones del régimen genocida del Tercer Reich.
¿Consiguieron las firmas?
Para legalizar un partido en la Capital Federal se debe presentar la adhesión de unos cuatro mil ciudadanos. Para ello hay que llenar unas fichas en la que está el nombre del adherente, su dirección, número de documento, el nombre del padre y de la madre y la firma del ciudadano. Entre 1990 y 1991, el partido de Biondini pudo presentar apenas 300 firmas y después de aquella presentación inicial, hasta 2001 no volvió a llevar ni una ficha al juzgado electoral que encabeza María Romilda Servini de Cubría. En forma asombrosa, recientemente el PNT presentó 8900 fichas, de las cuales 900 no tenían las mínimas condiciones para su aceptación, otras 4000 fueron rechazadas porque no correspondían los datos y 4000 fueron aceptadas.
En una investigación realizada para el libro Sombras de Hitler, este periodista y un grupo de colaboradores hicieron un análisis de laspresentaciones realizadas hasta 2001 por el otro grupo neonazi, el Partido Nuevo Orden Social Patriótico (PNOSP), que encabeza otro führer, Alejandro Franze. El PNOSP, que por entonces exhibía mayor actividad y más militantes, había entregado a la Justicia seis mil firmas. De ellas, tres mil fueron rechazadas de entrada porque no coincidían los datos con ciudadanos existentes en el padrón y tres mil fueron aceptadas. De este último total, en el trabajo periodístico se tomó una muestra de cien fichas y se contactó, uno a uno, a los firmantes. El resultado fue categórico: ni una sola de las personas consultadas sabía de la existencia del partido nazi y menos que menos había firmado una adhesión al PNOSP. Una pequeña minoría dijo que no recordaba haber puesto su firma jamás en una ficha de ese estilo, pero buena parte se acordó de que efectivamente le habían arrancado la firma con los ardides más insólitos. Por ejemplo, en puestos callejeros les habían pedido la firma para ponerse del lado de los actores en su lucha para que hubiera más ficción en la televisión, en otros casos para conseguir un aumento para los jubilados, reclamar contra el aumento de tarifas, oponerse al trabajo de prostitutas y travestis en las calles e incluso formar la juventud de la Alianza.
Tras la investigación del libro Sombras de Hitler, el Centro Simon Wiesenthal hizo una presentación ante la jueza Servini de Cubría, quien inició una causa judicial. No sólo se demostró que la gran parte de las fichas se habían conseguido engañando a los ciudadanos, sino que la jueza detectó que parte de las firmas habían sido directamente falsificadas. Eso llevó a la instrucción de una causa por falsificación contra los dirigentes del PNOSP y, por supuesto, el naufragio del proceso de legalización.
Este diario consultó ayer en la secretaría electoral cómo se hizo el control de la sorprendente y masiva presentación de fichas y firmas del PNT. No hubo precisiones. “Se hizo un muestreo y se verificaron de acuerdo a nuestras posibilidades”, le dijo a Página/12 una fuente calificada de la secretaría. Ahora, por iniciativa del Centro Simón Wiesenthal, se pediría un nuevo chequeo de las fichas que los neonazis llevaron a la Justicia.
El maquillaje
La legalización de un partido exige que presente un programa y una declaración de principios. Como es obvio, las dos organizaciones neonazis “lavaron” totalmente sus posturas y esconden su verdadero programa.
En el acta 8/2003, y solo para conseguir status legal, desisten del uso de la esvástica. En su lugar, sostienen que quedará como símbolo de su partido el siete de San Cayetano, un siete que tiene uno de sus trazos curvos. En los cursos internos, los dirigentes del PNT explican a los principiantes que el símbolo en realidad combina la cruz cristiana con la media luna del Islam, ambas fuerzas unidas contra el judaísmo.
En esa mismo acta, presentada ante el juez Rodolfo Canicoba Corral -Servini de Cubría fue recusada por el PNT– el grupo neonazi afirma que “profesa un nacionalismo social profundamente argentino, inspirado en la línea histórica San Martín-Rosas-Perón, y que rechaza cualquier forma de racismo o antisemitismo”.
Esta afirmación está lejos de la verdad (ver aparte) desde el momento en que el partido celebra oficialmente el 20 de abril, cumpleaños de Hitler, se visten de uniforme nazi, hacen el saludo del Tercer Reich y en su página de Internet se puede leer, por ejemplo, en el apartado denominado Panteón de los Héroes, que uno de los dirigentes históricos del PNT, Alfredo Guereño, murió tras ser “secuestrado y torturado por un comando sionista, le cercenaron un brazo y arrojaron su cuerpo desangrado desde el noveno piso por el hueco de un ascensor. Su crimen, al que distintas fuentes asignan un carácter ritual, sigue impune”. En el texto, el PNT sostiene que Guereño investigaba una red israelí de tráfico de órganos y venta de bebés y que el carácter ritual del supuesto asesinato tiene quever con crímenes rituales judíos, en los que dejarían desangrar a la víctima. El PNT dice en su página de Internet que la sangre de Guereño después se usó para manchar al Obelisco en la parte de arriba.
La verdad de la historia, según se refleja en la causa judicial, es que Guereño salió de un asado de conmemoración del 9 de julio que organizó el PNT. Uno de sus camaradas, Manuel Antonio Medina, le advirtió a Biondini que Guereño registraba un avanzado estado de ebriedad y dirigió sus vacilantes pasos hacia el edificio de Gascón 697, donde vivía una amiga suya. Sucedió que el ascensor se trabó entre el piso 13 y el 14 y cuando Guereño, afectado por el alcohol, intentó saltar al piso de abajo, cayó por el hueco del ascensor. La autopsia realizada por los doctores Orlando González y Mario Rosenfeld es clara: la muerte no se produjo por ningún crimen ritual, sino por fracturas múltiples producidas durante la caída. Los forenses también determinaron que Guereño tenía 2.00 gramos de alcohol en sangre, cuando se necesita menos de un gramo para estar en estado de ebriedad. O sea que la afirmación del acta 8/2003 sobre el rechazo al racismo o al antisemitismo se desmienten con solo entrar a la página de Internet del grupo.
A un paso
El viernes pasado, el fiscal electoral Di Lello pidió el pronunciamiento de la Secretaría de Derechos Humanos sobre el expediente PNT. En la Justicia aseguran que “no queremos discriminar al revés”, con lo que quieren decir que no se puede privar al partido neonazi de ejercer el derecho democrático de participar de elecciones. El apoderado del PNT, el abogado Juan Torres Bande (ver aparte) parece que está a punto de conseguir su objetivo.
En la ley orgánica de los partidos políticos está prevista una audiencia pública en la que las demás fuerzas pueden hacer objeciones o plantear sus dudas respecto de la legalización de un nuevo partido. En la audiencia destinada a evaluar el otorgamiento de status legal a la organización neonazi, los apoderados de los demás partidos no aparecieron. El acta del 16 de julio sólo establece que dos fuerzas, Nueva Derecha y República Soberana, se presentaron ante el juez, pero no para cuestionar al PNT sino todo lo contrario: apoyar su legalización. El apoderado de Nueva Derecha, Miguel Kayat, fue el letrado de la firma Walhalla, dedicada a la difusión de videos nazis.
Pese a que no está clara la verificación de las fichas que se presentaron ante la Justicia y gracias a las evidentes maniobras que hizo
el führer Biondini para “lavar” el programa y la ideología del grupo, el PNT está a un paso de conseguir su legalización. A este paso, el führer aparecerá pronto en la televisión propagandizando sus posiciones y juntando votos.

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Biondini en un acto de 2001 con su socio político chileno, Alexis López Tapia, de uniforme.
El argentino tiene textos antisemitas en su página web; el chileno es un enfermizo autor de panfletos.
 
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