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Desde el pie hasta el techo

 Por Mario Wainfeld

Hubo festejos para (casi) todos y todas en la noche del domingo o las primeras horas del lunes. Celebraron las huestes del Frente para la Victoria (FpV), las de Cambiemos, las de UNA. Puesto en nombres propios, quienes llevarán como aspirantes a la presidencia a Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa. Salieron primero, segundo y tercero, lo que obliga a afinar la mira para entender por qué están alegres todos, según sus propias palabras. O alguno se equivoca o eran diferentes sus expectativas para anteayer o lo son sus miradas sobre el escenario que se viene. De todo puede haber y dará para analizar en las semanas próximas y para poner manos a la obra en las campañas.

El conteo provisorio se cerró con 97,84 por ciento de las mesas escrutadas. Scioli se alzó con el 38,41 por ciento de los votos, Cambiemos (Macri más Ernesto Sanz, más Elisa Carrió) 30,07 por ciento y UNA (Massa más José Manuel de la Sota) 20,63 por ciento. Se trata de Primarias Abiertas (PASO), los cargos se definen el 25 de octubre: todos, todas y cada cual tienen derecho a votar de nuevo, como les plazca. Esto dicho, las grandes cifras gravitan, en tendencia se confirman como piso para los ganadores. Las diferencias entre las tres fuerzas son significativas y sus posiciones relativas, difíciles de revertir (que no imposibles, se machaca).

Vamos repasando de a uno en fondo.

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A dos puntos: Scioli le sacó una luz de 8,34 puntos a la sumatoria de Cambiemos. Es un número rotundo porque el margen es generoso y porque con más del cuarenta por ciento con diez de distancia en octubre llegaría, sin más trámite, a la Casa Rosada. Puesto de otro modo: si estira la ventaja de dos puntos está a tiro de la gloria.

Nadie puede caer en el voluntarismo ni abrazar una Copa que todavía no se disputó. Pero los antecedentes valen para alentar el optimismo de la voluntad del kirchnerismo. Hasta ayer, hubo dos PASO nacionales, una para presidente, otra para legisladores. En 2011 la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se quedó con más de la mitad de los sufragios en las PASO. Un techo altísimo que superó en la primera vuelta.

En 2013 fue entre mediocre y discreta la cosecha del FpV en las PASO. La mejoró en la votación definitiva.

En ambas coyunturas creció desde el pie, aunque su desempeño fue diferente. La referencia concuerda con lo sucedido en varias Primarias provinciales. La regla, que hasta ahora no reconoce excepciones, es que el puntero de las PASO fideliza sus votos y consigue más. Vale para los que agregaron mucho (como Cristina 2011 o Massa 2013) o los que treparon un cachito (como Miguel del Sel en Santa Fe u Horacio Rodríguez Larreta en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires).

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Recursos para octubre: La experiencia propia y ajena del pasado son estimulantes. Hay hechos frescos que juegan en igual sentido.

El FpV se impuso en 20 de las 24 provincias el domingo. Tal vez la más resonante aunque por diferencia corta fue Santa Fe, en la que está habituado a salir tercero en las provinciales.

Fue batido en la CABA, Córdoba, Mendoza y San Luis. Una es bastión de PRO, otra responde a De la Sota, otra es de Cambiemos, con preeminencia radical. San Luis es una tierra irredenta, con color propio.

La base territorial del oficialismo nacional es rotunda y abrumadoramente superior a la de sus rivales. Hay que sumar que once provincias eligen sus gobernadores en octubre lo que motivará a los líderes locales a esmerarse a fondo: el FpV sólo quedó atrás en San Luis. El interés propio tira más que una yunta de bueyes y que las “Veinte verdades”. Son muchos distritos, con la provincia de Buenos Aires en el combo.

Tucumán es otra de las más pobladas, hubo goleada allí; más de 57 por ciento con 37 de margen respecto de Cambiemos. En Catamarca, que el Frente Cívico de prosapia radical perdió en 2011, también pasó la valla del 52 por ciento, con casi 13 de diferencia.

Nada está escrito pero hay una alta posibilidad de que se ratifique la primacía de los oficialismos provinciales que dominó este año, lo que sería maná para el FpV, con la imbatible excepción de San Luis.

La geografía coincide con el armado político. Scioli se la viene ingeniando para ser una referencia creíble para sus compañeros gobernadores, que lo ven como un par en ascenso. El justicialismo ama al éxito tanto como a las Veinte verdades... por lo menos.

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A fidelizar e interpelar: Carlos Menem punteó en la primera vuelta de 2003, sin llegar al 25 por ciento del padrón. Los diputados Elisa Carrió y Hermes Binner que se quedaron con medalla de plata en 2007 y 2011 no superaron esa marca. Dicho de otra forma: en el ciclo kirchnerista solo Cristina consiguió (mucho) más de un cuarto de las preferencias ciudadanas en el cuarto oscuro. Así mirado, el treinta por ciento de Macri tiene un valor adicional: jamás la “opo” rondó esa cifra en tres elecciones presidenciales.

Con “la chapa” de hoy es el jefe de Gobierno porteño quien cuenta con más chances de interpelar a votantes opositores a acompañarlo para impedir que el FpV confirme su hegemonía en primera vuelta. La distancia con Massa es importante en porcentajes: casi diez por ciento. Llevada a sufragios son algo más de dos millones. Macri tiene margen para proponerse como primer imán de “voto útil” no kirchnerista o antikirchnerista. La distinción no es baladí por lo que merecerá abordajes especiales en estos meses.

Dos tareas convocan al PRO, de entrada. La primera es retener el aval de los batidos en la interna de Cambiemos. Parece cantado con el mínimo bagaje de Lilita Carrió. Tal vez sea más sutil con los pocos boinas blancas que pusieron en la urna la boleta de la UCR.

Eso no bastará y prenuncia una suerte de interna abierta con el Frente Renovador (FR) de Massa. Habrá que ir viendo o imaginando tácticas, la más cantada es la de llamar a no “tirar el voto” ni dispersar al supuesto colectivo opositor. Es de suponer que los medios dominantes y el establishment tratarán de darle una manito a “Mauricio” en ese cometido.

Segundo y con espacio virtual, el PRO tenía para festejar. Módicamente porque solo conserva la Capital y viene perdiendo en la maratón de contiendas provinciales. El cuadro se corroboró el domingo. Los medios lo embellecieron hasta magnificarlo en estas horas pero los rostros de los dirigentes en el “bunker” (más sinceros, quieras que no) no prodigaban euforia.

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Estaban tomando caña: Los referentes del FR lucían exultantes. Tal vez los distrajeron bocas de urna divulgadas por la tele que emparejaban a Massa versus Macri y al diputado Felipe Solá versus la Vicejefa de Gobierno María Eugenia Vidal en Buenos Aires. La realidad se distinguió bastante de esa imagen virtual.

El otro factor, el central, es que el massismo celebraba seguir en carrera. O, exagerando verbalmente, continuar con vida. “Nos habían dado por muertos” concordaron en un discurso tan simple cuan elaborado. No agregaron que estaban tomando caña, como canta el juglar español, aunque le pasaron cerca.

La sobrevida es real y autoriza a buscar mantener lo logrado e ir en pos de una proeza política digna del Guinness. Es su derecho y hasta su deber lo que no le resta magnitud al desafío.

Por lo pronto, a diferencia de lo que aconteció en Cambiemos, en UNA el aporte del aliado fue fundamental. El apoyo al gobernador de la Sota explica el 6,40 por ciento del largo 20 por ciento total: casi un tercio. Y el único distrito en que UNA salió puntero.

No es poca ni menuda la tarea de contener a los votantes del “Gallego” De la Sota. Parece dudoso que éste pueda disciplinar a sus partidarios para que se encolumnen detrás de Massa disciplinadamente. Hasta puede pasar que no lo desee.

El FpV, que hizo su peor performance en Córdoba, cuenta con recursos para intentar seducir a algunos electores peronistas para octubre. También para convocar a sus dos principales dirigentes: el líder De la Sota y el gobernador electo Juan Schiaretti. Las claves podrían ser acuerdos de gobernabilidad entre el estado nacional y el provincial. O espacios en un hipotético gobierno de Scioli, tout court. Esa hipótesis de trabajo, a la manera de la prédica de los mensajes de “Misión imposible”, se negará... salvo que se plasme.

El piso de UNA podría ser una valorable plataforma para el futuro. Elevarlo, un logro arduo. Los renovadores insinuaron una táctica que es proponerse como fuerza ascendente contra el quietismo hipotético de Macri. También como más decididos, más ejecutivos. Y, paradoja entre tantas, como más opositores al kirchnerismo.

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De capa caída: El radicalismo viene en caída libre desde el gobierno del ex presidente Fernando de la Rúa. Sus desempeños electorales fueron entre mediocres y pésimos, el actual seguramente es el peor. Sanz conservó el 3,5 por ciento de los votos, algo más que Leopoldo Moreau en 2003. Pero éste “aguantó los trapos” en un trance espantoso. Sanz consiguió un record desde la recuperación democrática: que no haya un candidato boina blanca a presidente.

Quedó parejo en sufragios a la diputada Margarita Stolbizer que tuvo un papel menos que discreto, en rigor quedó atrás por un pelito. Pero la candidata de Progresistas lo supera materialmente porque competirá en octubre. Los boinas blancas pugnarán entre sí: por los votos “pendientes” de la UCR o por llevar “margaritos” a Macri.

Sanz prometió una estrategia de poder: falló con estrépito dejando al partido más que centenario reducido a una mini colectora del PRO. Vaticinó que la UCR tendría nueve gobernaciones a partir de 2015 contra una que ostenta ahora, cuyo mandatario es díscolo o hasta ajeno a la conducción nacional. Hasta acá los radicales sólo recobraron Mendoza, una provincia importante que ha solido serles fiel. Es bastante factible que los avances se queden ahí aunque, se repica por última vez, nada está dicho hasta que se verifica el último voto emitido.

La dirigencia radical olfateó el escenario mejor que el presidente del partido. Se refugió en los territorios, rebusque que Sanz toleró ya que no podía evitarlo. La designación como candidato a vicepresidente de un extrapartidario sin experiencia política, Lucas Llach fue un test interesante. La primera línea de los correligionarios ni rezongó ni dijo ni pío: preferían cualquier espacio en las listas, así fuera para diputados o concejales. El pragmatismo y el afán de sobrevivir los indujeron a procurar algo tangible en desmedro de integrar una fórmula testimonial destinada al fracaso.

A Sanz le queda el escueto consuelo de describirse como un gestor de Cambiemos, lo que cotiza poco si no se tiene legitimidad popular. También puede esperar que Macri llegue a la presidencia, que les prometa cargos en el Gabinete y que cumpla. Son condiciones escalonadas que incluyen el pago diferido, que es magro recurso en política.

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El primer protagonista: De protagonistas hemos hablado. Es forzoso enaltecer al primero y principal: el pueblo soberano que participó con interés, expidiendo un veredicto claro y pluralista. Según información oficial votó el 73,98 del padrón, número alto en la experiencia comparada internacional. Y razonable en la doméstica, dadas las circunstancias: hubo lluvias, tormenta e inundaciones en buena parte del territorio nacional.

Un factor subestimado por la Vulgata dominante que siempre desmerece a la participación democrática es que el padrón íntegro comprende a ciudadanos no obligados a votar (los mayores de 70 años) y a otros que sólo lo hacen si hacen lo que desean (los jóvenes de 16 y 17 años).

Otros protagonistas, parajes y detalles ameritan un repaso especial. Hasta mañana, entonces.

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