EL PAíS › OPINION

Desamparados por el gas

Los amparos contra el tarifazo de gas. Consejos sanos del elenco oficial para combatir el frío en la Patagonia. Gobernadores e intendentes recalculando, sus motivos. Digresiones sobre el Excel y las presuntas complejidades de la política. El darwinismo económico y el rol del Estado, en la visión macrista. Agradecimiento y medalla a un economista sincero.

 Por Mario Wainfeld

El gobernador de Chubut, Mario Das Neves, y el intendente de Bariloche, Gustavo Gennuso, promovieron sendos recursos de amparo contra los aumentos de tarifas de gas resueltos por el gobierno nacional. Fueron admitidos en primera instancia, suspendiéndose la aplicación de la medida en sus territorios. Lo mismo sucede en Santa Cruz, por reclamo de la Asociación de Empresarios Hoteleros, Gastronómicos y Afines. Otra acción que prosperó regirá para el Gran Mendoza y el Valle de Uco.

Proliferan demandas promovidas por particulares o asociaciones en otros puntos del país. Las resoluciones valen solo para los accionantes, en la mayoría de los casos.

Los fundamentos para hacer lugar a los amparos son similares y justificados. La suba es exorbitante y se ejecutó salteándose los recaudos legales, en especial las audiencias públicas previas cuyo desarrollo y argumentaciones hubieran sido adversos para la iniciativa del oficialismo nacional.

Funcionarios macristas anunciaron que apelarán, confiando (sin decirlo, claro) en que el Poder Judicial está rebosante de magistrados de derechas que les darán razón. El mapa de “la Justicia” es certero, la expectativa peca, acaso, por demasiado optimista. Cuesta sostener la racionalidad de la movida, cuando los porcentajes trepan en algunos casos al mil por ciento de las facturas anteriores. “Minimizarla” al 400 por ciento es una confesión o un sarcasmo.

Das Neves se había puesto a la cabeza de una protesta y movilización formidables en Comodoro Rivadavia no solo de los trabajadores petroleros sino de todos los habitantes de la provincia. El mandatario tiene amable sintonía con el macrismo, sin integrar su armado. Pero está “condenado a representar” como condición de subsistencia. Su alternativa era liderar los reclamos o quedar expuesto como cómplice del desempleo o el desvalimiento de los chubutenses.

El ex gobernador sanjuanino José Luis Gioja se diferencia a su vez del gobierno y le reclama por los despidos, tan negados cuan crecientes. Como presidente del Partido Justicialista (PJ) se suma a los cuestionamientos de las centrales obreras y critica el veto de Macri. De nuevo, para quien se sostiene merced al voto es imposible acompañar medidas que seguro son impopulares.

La inminencia del frío invernal genera reacomodamientos de la dirigencia opositora tibia. Funcionarios arrogantes subestiman las consecuencias de sus actos. Aconsejan usar más ropa de abrigo para suplir o reducir el consumo de calefacción ¡en la Patagonia! O en el extremo incurren en tropelías verbales como el director de YPF, Emilio Apud, quien abusa de la primera persona del plural y comenta que “va a haber más racionalidad en el consumo, por lo tanto bajará la factura que uno paga. Éramos muy derrochones”. Digno émulo de Juan José Aranguren, maestro de una escuela filosófica. El ministro de Energía sorprendió al intendente de San Martín, Gabriel Katopodis, quien le fue a protestar por el tarifazo. Adujo que “yo tenía un Excel que cumplir”. A eso se resume la complejidad de la gestión de gobierno, para el ex CEO de Shell. ¿Será esa, al fin de cuentas, la “excelencia” tan ensalzada?

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Intereses diferentes: Los gobernadores, conservadores populares, tienen buen ojo para leer qué pasa en sus terruños. Transitan a la oposición porque la bronca popular es palpable, aunque no figure en el Excel.

El año próximo hay elecciones. Solo Corrientes y Santiago del Estero cambian su mandatario. En las demás provincias y en las municipalidades se eligen legisladores locales y nacionales. El esquema es propicio para el macrismo porque ninguna votación compete a todo el padrón nacional de ciudadanos. Al mismo tiempo es una oportunidad y un desafío para los peronismos provinciales. La aspiración básica es quedar bien parado para alambrar la provincia y conservarla en 2019. Late también la expectativa de posicionarse hacia las presidenciales, el sueño eterno de los “gobernas”.

El macrismo especula con (e incita a) la división entre el peronismo “federal” y el kirchnerismo. Aunque lo consiguiera, es evidente que los dirigentes del PJ procurarían acomodarse y buscar su propio destino.

Con el empuje de la victoria el macrismo sacó provecho de la derrota del Frente para la Victoria (FpV). Consiguió cooptaciones o divisiones de bloque en los parlamentos nacional y bonaerense, una tregua con las dos CGT y gestos de transigencia de los gobernadores.

Los avances tácticos azuzaron emociones contrapuestas: euforia en Cambiemos y bajones en partidarios, militantes y hasta dirigentes del FpV. Quizá la pasión llevó a conclusiones terminantes, ante un fenómeno transitorio. La ofensiva táctica amenguó, en paridad con los efectos palpables de las medidas económicas.

El acuerdo con los buitres fue aprobado con demasiado entusiasmo por peronistas de variado pelaje. La sumisión era un “pago a cuenta”, a la espera de contraprestación. Los gobernadores, además, querían tomar crédito internacional, aprovechando como la Nación el alto nivel de desendeudamiento heredado del kirchnerismo.

Hasta ahí llegó el amor, si lo hubo. El toma y daca es la clave de las relaciones presentes y futuras, computando también que la Nación es (lejos) el negociador más poderoso por sus recursos materiales y simbólicos. Puja de intereses habrá siempre, las posiciones cambiarán a diario.

El acuerdo senatorial para los dos nuevos jueces en la Corte Suprema podría resultar un “Pago Fácil” del peronismo light: es un punto que no conmueve a las personas del común. Con el tiempo, sí padecerán lo que produzca un tribunal desvencijado y, todo lo indica, en franca decadencia.

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La viabilidad neocon: Las CGTs rehúsan un paro general, regulando su nivel de oposición y calibrando que la legitimidad de sus jefes es mucho menor que la de Macri. Es afinado el cálculo pero “condenados a representar” bancaron la Ley de Emergencia ocupacional y promovieron un acto imponente el 29 de abril. Las marchas de protesta, sectoriales y masivas, se suceden semana a semana. También los paros por empresa, que describen la condición actual de los laburantes. Los despidos son decenas o cientos de miles, según quien los calcule. El número de suspensiones es superior.

El Ingenio Ledesma, el más grande del país, decidió un paro para el 7 de junio en rechazo a la oferta salarial de sus dueños, la familia Blaquier. Un dato que rezuma simbolismo y, tal vez, anticipación.

El ministro de Trabajo Jorge Triaca se alzó con el Olimpia de Oro en la disciplina macrismo explícito. Recibió a empresarios que le pidieron que aplicara el Programa de Recuperación Productiva (Repro) para evitar despidos. El Repro, instaurado durante el mandato de Eduardo Duhalde y potenciado desde 2003, solventa sueldos de trabajadores de empresas en situación de crisis para evitar despidos. Triaca, que mezquina el instrumento con saña tenaz, respondió: “Sí, pero”. El “pero” es colosal: solo se dará una mano a las empresas “viables”. Lástima que la viabilidad de las empresas no es un fenómeno natural, ajeno a la acción o pasividad estatal. Esa intervención del Estado es anticíclica, para amortiguar las contingencias adversas supuestamente transitorias. Si el Estado se retira, la viabilidad la define el mercado, con manos libres por la acción actual del gobierno.

El activismo de los gobiernos kirchneristas se valió de la herramienta para que la malaria no fuera letal. El macrismo, por idiosincrasia, opta por retacear la función estatal y culpar a las víctimas por su desdicha. Vale para al dengue, los pibes muertos o dañados en Costa Salguero, entre otros casos sensibles.

La viabilidad de las gallinas está supeditada a que alguien coloque un alambrado o custodia para dificultar los avances del zorro, póngale.

Triaca explicita el darwinismo social del modelo macrista, en un ataque de franqueza.

De cualquier forma, en un sistema democrático nadie puede obrar a su antojo, menos si quiere prolongar la estadía en el poder. Las presiones sociales y laborales fuerzan al gobierno a controlar sus tendencias, en una puja que signará los años venideros y que recién comienza.

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Dos semestres duros: El primer semestre es aciago para la mayoría de la clase trabajadora, cualquiera sea su posición relativa. Inflación, pérdida del valor adquisitivo de los sueldos, distribución regresiva del ingreso, merma de la ocupación.

En el recorrido hacia la felicidad colectiva, proliferan comedores populares, según cuentan desde Caritas hasta organizaciones sociales de cualquier pelaje. El comercio minorista sufre los incrementos de los servicios y la merma de la demanda popular. La apertura indiscriminada de las importaciones está al caer…

Otro es el panorama de las grandes empresas. Todas las acciones del Gobierno fueron promovidas por ellas o cuentan con su anuencia. El derrame está fechado en el porvenir, de momento la copa está en mano de sus dueños.

Los voceros del oficialismo pronostican que el repunte será formidable. Sucederá con el ingreso de capitales extranjeros que el ministro Alfonso Prat-Gay declaró inminente cuando devaluó. El milagro se postergó pero ocurrirá, porfían en la Casa Rosada, en Economía y en los medios hegemónicos. El blanqueo de capitales redondearía el círculo virtuoso. Los blanqueos son la traducción fiscal del clásico dilema entre los fines y los medios. Una acción perversa, que premia a los evasores se santificaría por los hipotéticos resultados, un by pass al sistema jubilatorio para una serie de medidas que prometen ser la mejor medida social del macrismo, poco productivo en esa línea. Habrá que ver.

Es mucho más difícil gobernar un país que un municipio o una provincia aunque esos cargos mejoran las perspectivas de quien pasa a ligas mayores. Los CEÓcratas la pasan peor porque las diferencias de saberes y sensibilidades son cualitativas. El macrismo anuncia medidas públicas por twitter o despide por Facebook en parte para lucir descontracturado, en parte por ignorancia o por sadismo. El fanatismo ideológico adereza el menú, a menudo.

La mala praxis y los pronósticos equivocados se acumulan. La inflación se calculó mal, porque “ya estaba incorporada a los precios” según reza la Vulgata que ellos mismos escriben. Todos los gobiernos macanean, el problema acá son las dosis y que los emisores crean en sus propios embustes.

Macri inició su período a la baja en aspectos sensibles en cualquier país democrático. Recibió un piso alto, lo bajó u horadó según los casos. Fue el itinerario seguido por el ex presidente Fernando de la Rúa, cuyo recuerdo alela al oficialismo.

En cambio, los presidentes Raúl Alfonsín y Néstor Kirchner comenzaron ascendiendo. El líder radical por el influjo del cambio democrático, las libertades públicas y el Juicio a las Juntas. El peronista porque mejoró la vida de los argentinos en todas las facetas.

El derrotero del ex presidente Carlos Menem fue distinto. Arrancó del subsuelo, en un contexto deprimente. No levantó cabeza sino casi dos años después, con la Ley de Convertibilidad. Pero la mayoría de la sociedad estaba abatida y apática, como consecuencia del triste final del alfonsinismo y la hiperinflación. La victoria contra la híper, lograda de un día para otro, mejoró la vida cotidiana de los argentinos en el corto plazo (el más fácil de percibir). La pesadilla cesó, la venta de los activos estatales (“joyas de la abuela”) solventó los retiros voluntarios que postergaron la caída de tantos trabajadores. Como fuera, se repuntó en aspectos sensibles aunque construyendo un sistema económico inviable.

Ningún precedente es igual a la coyuntura actual. Si llega el sol después del invierno o el año que viene, habrá mucho para reparar antes de comenzar un camino ascendente. Simplificando para explicarnos: los primeros empleos creados en la era Cambiemos, deberán compensar los despidos y mermas en los ingresos ya causados. La recuperación de los salarios llegará, llegaría o llegariola a bolsillos y personas deprimidas.

La comunicación macrista transmite y repite que la causa de todos los males es la corrupción K. “Se robaron todo”, el mantra que todavía cala, sobre todo en la mitad más uno que votó a “Mauricio” en segunda vuelta. La dinámica política no es un juego de suma cero: el desprestigio del kirchnerismo, el as de espadas, difícilmente sea suficiente para sostener el apoyo a Macri en un plazo más largo que un semestre que arroja ganadores y perdedores muy nítidos.

Para el dios Mercado, todo bien. Para el sostenimiento de la legitimidad democrática, es otro cantar.

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