EL PAíS › COMO ERA LA RELACION INTIMA DE MAURICIO MACRI Y DONALD TRUMP

Amigos hasta el amanecer

Gabriela Cerruti, autora de una de las biografías más conocidas del Presidente, recuerda su intimidad con el candidato republicano, que incluye un cheque por 50 millones de dólares y unas cuantas trasnochadas.

Donald Trump y el actual presidente Mauricio Macri son viejos amigos, de los que se pueden decir “sigamos esta noche con las chicas, mañana hagamos la reunión a la tarde”. Macri conoció al inversor en Nueva York cuando tenía “veintipico” y junto a su padre Franco intentó hacer pie en Estados Unidos, llevando los millones de dólares que se podían sacar en esos tiempos de dictadura. La historia la recuerda la dirigente de Nuevo Encuentro Gabriela Cerruti, biógrafa del Macri más joven, en una nota que se publica hoy en la página web Nuestras Voces.

Los Macri nunca construyeron nada en Manhattan, pero la historia no terminó en absoluto mal para ellos. El final de la aventura fue en una suite del hotel Sherry Netherlands cuando Trump le entregó a Mauricio un cheque por 150 millones de dólares, el precio de comprarle su parte en un futuro conjunto de torres en la zona oeste de la isla. No se sabe qué hablaron exactamente esa noche, pero sí que Franco Macri no se fue nada feliz y que Mauricio recuerda que “cuando vi esa cantidad de ceros pensé: nunca más voy a ver un cheque así en mi vida”.

Quien quiere invertir en propiedades o especular con terrenos y edificios en Nueva York tiene que lidiar con un tema espinoso, explica Cerruti. Las cinco familias de la mafia local controlan la industria, con una primacía de los Genovese en el rubro. Los Macri llegaron a la Gran Manzana para asociarse con la firma Waste Management y crear Manliba, el primer servicio privado de recolección de residuos de Argentina. Este rubro, como saben los que siguen Los Soprano, es otra especialidad de los mafiosos. Años después de la aparición de los argentinos, 32 ejecutivos de Waste Management terminaron presos por contactos con la mafia.

En el camino, Franco y Mauricio conocieron a Ed Koch, el pintoresco intendente de Nueva York. Otro contacto importante fue Giorgio Nocella, presentado por Giovani Agnelli, presidente de la Fiat Italia, que se convirtió en un amigo tan personal que hasta aparece en las offshore familiares reveladas por los Panamá Papers. Nocella abrió puertas en Venezuela, donde se sumó al grupo el intendente de Caracas -y hoy ferviente opositor del chavismo- Diego Arría, y un supuesto abrepuertas e influyente norteamericano, Abraham Hirschfeld.

Mauricio se instaló en Nueva York para intentar el primer negocio, en un terreno ferroviario en desuso en el Upper West Side de Manhattan que pertenecía a Trump y Hirschfeld. Macri le compró su parte a Trump y en el proceso se hizo tan amigo, de día y de noche. La tarea en la que siguieron juntos, con Hirschfeld y también con Koch, fue la de tratar de rezonificar los terrenos para hacer un conjunto de torres. No era fácil en Nueva York y, detalla Cerruti, los argentinos cargaban con la imagen de haberse enriquecido de la mano de sus contactos con la dictadura.

Otro escollo era la financiación, para lo que Franco contrató nada menos que a José Alfredo Martínez de Hoz, por entonces ya ex ministro. También apareció el ex secretario de Vivienda de Isabel Perón, Juan Carlos Basile, ex hombre de José López Rega, como una suerte de asesor en temas de mafia. Cuenta Cerruti que Basile les explicó a los Macri que “ustedes creen que porque conocen a las familias italianas tienen todo cerrado. Pero allá son cinco grupos y tienen repartidos los negocios”. No se sabe qué hizo Basile exactamente, pero al final la mafia no fue el obstáculo, como tampoco lo fue la política: gracias a Koch y a millones de dólares en relaciones públicas, el permiso de obra salió. Lo que no hubo caso fue con el financiamiento, porque los bancos exigieron un “emprendedor reconocido”. Ahí volvió Trump al ruedo.

El americano y el joven argentino se hicieron íntimos: salían de noche, amanecían en compañía, se invitaban. Trump empezó a venir a Argentina, paraba en casa de los Macri y hasta terminó teniendo casino propio en el Noroeste. Pero no se prendió al negocio sino que compró la parte de los argentinos. Franco sigue creyendo que todo fue una parodia entre su hijo y Trump para finalmente sacarlos del negocio.

Un detalle final muy cómico que cuenta Cerruti en su nota es cómo terminó todo con el “influyente” Hirschfeld. El pintoresco inversor era conocido como “Mr Garage” por la cantidad de baldíos que compraba para hacer estacionamientos. A fines de los noventa terminó preso por mandar un sicario a matar a un socio y, desde la cárcel, mandar a otro a matar a la jueza que tenía su caso. Macri, que lo consideraba “un chanta, que vendía relaciones todo el tiempo”, no sabía la historia hasta que se la contó la misma Cerruti:

–¿Preso? ¿El viejo Hirschfeld? Ja, qué buena noticia me das. Con la plata que me hizo perder.

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Imagen: AFP
 
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