EL PAíS › EL CORTE EN LA AUTOPISTA A LA PLATA FUE TRANQUILO Y ORDENADO

Un desvío que ayudó a descomprimir

 Por Martín Piqué

Todo hacía suponer que el escenario más conflictivo de un día complicado iba a ser la autopista Buenos Aires-La Plata. La presunción se basaba en la resolución del juez federal platense Adolfo Ziulu, quien había ordenado a la provincia que garantizara la libre circulación a pedido de la empresa concesionaria de peajes, Coviares. Pero, tras la orden judicial y las declaraciones del gobernador Felipe Solá –dijo que cumpliría a “rajatabla” la orden de Ziulu–, el panorama fue mucho más tranquilo de lo que se esperaba. Hasta bucólico. Unas trescientas personas cortaron la rotonda de acceso a La Plata. El tránsito estuvo garantizado por un desvío sobre la avenida 122 que llegaba a la autopista. Como en los demás focos de la protesta, los piqueteros reclamaron por los planes sociales que el Gobierno dio de baja y pidieron la nulidad de la “ley Banelco”.
La postal que mostraba la rotonda de acceso a La Plata, en el límite entre Ensenada y la ciudad de las diagonales, era mucho más tranquila de lo esperado. Los manifestantes se instalaron debajo de un bosquecillo de eucaliptos, donde armaron dos ollas populares y pusieron las pancartas con las consignas de la jornada. A unos cien metros, sobre las dos manos de la autopista, se hallaba la policía. Eran cincuenta miembros de la Guardia de Infantería, con escudos y cascos. Aunque en todo el tramo de la autopista había muchos más, unos setecientos agentes entremezclados con personal de Gendarmería. Estaban instalados en todos los accesos y debajo de los puentes desde la noche del jueves.
En el terreno se comprobó que los organizadores habían prestado atención a la medida cautelar. De hecho, anteayer los dirigentes del Bloque Nacional se reunieron con el juez Ziulu y le expresaron su “desacuerdo” con el fallo. La decisión había contribuido a instalar un clima propicio para una eventual represión si los piqueteros interrumpían las dos manos de la autopista. Además, Solá quiso dejar claro que cumpliría con la orden judicial. También dijo que había que estar “prevenidos sobre cualquier violencia que pudieran ejercer los manifestantes”. En las movilizaciones piqueteras, fueran de la organización que fueran, no hubo agresiones a transeúntes o automovilistas, salvo en el incidente de la avenida 9 de Julio.
Aunque por ese caso los piqueteros opositores responsabilizan al Gobierno y a sectores del movimiento afines al oficialismo, como el MTD Evita. “Hay toda una campaña montada desde el Gobierno para desprestigiar al movimiento piquetero”, se quejaba ayer Laura Kohn, una de las coordinadoras del Polo Obrero en la zona sur. Convencida hasta la médula, Laura vestía una remera de fútbol roja con el logo del Partido Obrero, un gorrito con la leyenda Polo Obrero y un colgante en forma de cacerola colgando del cuello. En el corte de ruta se veían, además de las banderas del partido de Jorge Altamira, pancartas del MST Teresa Vive, del PTS y del Movimiento Territorial de Liberación (MTL), vinculado con el Partido Comunista. Todos mantienen posiciones muy críticas al Gobierno.
“El Gobierno quiere dividir a la clase media de los trabajadores desocupados. Y para eso recurre a esta campaña mediática. Pero tampoco quiere que el tema se les vaya de las manos, como el 20 de diciembre, cuando grupos de derecha pusieron una bomba en la Plaza de Mayo”, acusaba Betania, de 25 años, militante del PTS y de una agrupación feminista –“Pan y Rosas”– que pelea por aborto libre y gratuito. Entre los manifestantes había también obreros de Astilleros Río Santiago y jóvenes de la Unión de Trabajadores Desocupados (UTD) de Berisso.
Pese a la intransigencia con el Gobierno, los piqueteros no intentaron ingresar a la autopista. “Por suerte fue un día de paz, tranquilo”, se alegraba el juez Ziulu, que pasó la mañana observando a los desocupados desde unos metros, custodiado por el operativo policial. Sin embargo, hasta anteayer al mediodía, varias organizaciones que no integran el Bloque Piquetero –UTP, Futradeyo, Utedoch, entre otras– tenían pensado ocupar el peaje de Dock Sud, sobre la autopista, para que los autos pudieran pasar sin pagar. Al final bajaron la medida y optaron por hacer un boicot en las boleterías de Once y Constitución.

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