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Kirchner se dio el gusto y tocó la Mano de Dios en la Casa Rosada

La reunión duró veinte minutos. Se hizo a pedido de Maradona, que quería mostrar que estaba en condiciones de viajar al exterior. En Gobierno dijeron que no habló de su causa judicial.

 Por Fernando Cibeira

El dato más importante fue el gesto del presidente Néstor Kirchner de recibir a Diego Maradona en su despacho. En Gobierno habían evaluado que el encuentro podía generar críticas, pero que también tendría su costo no escuchar el pedido del mayor ídolo deportivo de la Argentina. “Si nos dio tanto, ¿por qué no recibirlo?”, decían. En suma, Kirchner lo atendió, pero fue una reunión de sólo veinte minutos en donde hablaron de temas generales, intercambiaron elogios y no tocaron el espinoso asunto de la situación judicial del Diez, al fin, supuesto motivo del encuentro. “Sos un hombre joven, tenés que cuidarte y luchar por tu recuperación”, lo apoyó el Presidente. “Te veo como un presidente con huevos para sacar adelante al país”, le retribuyó Diego.
“Fidel Castro me había hablado bien de vos. En Cuba se habla mucho del presidente de los argentinos”, explicó Maradona una de las razones por las que había pedido conocerlo, según contó luego un participante del encuentro. El ex jugador estuvo en la Casa Rosada en total unos 45 minutos, y antes de llegar al despacho presidencial pasó por el del ministro del Interior, Aníbal Fernández, y el del jefe de Gabinete, Alberto Fernández. Tal vez en esos contactos previos Diego haya recibido el consejo de no mencionar su causa judicial frente a Kirchner dado que, es obvio, un presidente no tiene nada que hacer ante un problema en los tribunales.
La historia del encuentro nació a partir de una inquietud de Maradona y una gestión de su médico personal, Alfredo Cahe. El deseo del ex futbolista era demostrar que estaba en condiciones tanto físicas como mentales como para viajar al exterior. En palabras de Diego: “No estoy ni loco ni tarado”. Cahe llamó entonces al secretario privado de Aníbal Fernández, Diego González, de quien también sería médico. El Presidente dio el okay y el ministro del Interior quedó a cargo del armado del encuentro.
El propio Diego González fue ayer a la mañana buscar a Maradona a la clínica Del Parque, en Ituzaingó, donde se encuentra internado desde hace tres meses. Viajaron en un Peugeot 307 gris metalizado que a las 11.10 llegó a la Casa Rosada. El público y los periodistas apenas si pudieron ver unos segundos a Maradona, vestido con una campera azul. Una de las intenciones del Diez era mostrar cuánto había mejorado su salud en los últimos tiempos. Sin embargo, pese a lo que se había comentado, no se lo notó mucho más delgado que en sus anteriores apariciones. Su dicción, en cambio, comentaron quienes conversaron con él, progresó bastante.
Diego estuvo acompañado por su hija menor, Giannina, y por Cahe. Los médicos que lo atienden en el neuropsiquiátrico lo siguieron en otro vehículo y luego esperaron fuera del despacho presidencial. Por el lado del Gobierno, al lado de Kir-chner se sentó Aníbal Fernández.
Interna familiar
Maradona no quiere seguir internado en las condiciones rigurosas que exige la clínica Del Parque y pretende seguir su rehabilitación en Cuba. Cahe imagina una buena etapa intermedia que se interne en una sofisticada clínica suiza, que el miércoles anunció que ya tiene todo listo para recibirlo. El impedimento es el recurso judicial que presentó la familia de Maradona en el Tribunal de Familia Nº 2 de Morón, que le impide viajar al exterior.
La causa provocó una interna en el entorno del ex jugador con los amigos por un lado y la familia por el otro. Ayer, un sobrino de Maradona, Daniel López, acusó al doctor Cahe de ser el mentor del encuentro con el Presidente porque, dijo, él desea internarlo en el exterior. La familia –el sobrino nombró a “los padres, los hermanos y Claudia”– quiere que siga donde está. Por las dudas, Kirchner, a través de su vocero Miguel Núñez, se mantuvo en contacto con Claudia Villafañe. En Gobierno fueron puntillosos en destacar que Maradona no mencionó su situación judicial ni sus deseos de viajar a otro país. Si ya de por sí el encuentro podía generar críticas en algún público, que el Ejecutivo se entrometiera en un entuerto judicial sería un escándalo. “De ese tema no se habló y Diego no le hizo ningún planteo al Presidente”, insistieron los voceros oficiales.
Aunque no se conocían, la reunión fue amistosa. Maradona pidió un vaso de gaseosa; Kirchner, una lágrima. Maradona le hizo un chiste al Presidente con Racing. Kirchner le puso una mano sobre el brazo. Maradona le dijo que en Cuba le habían hablado del Presidente argentino. Kirchner le contó que en su reciente viaje a China muchos le preguntaron por el mayor futbolista de la historia.
En la Casa Rosada luego hacían un análisis positivo de la cumbre. “Seguramente, las señoras de Barrio Norte se van a enojar. Pero Diego es el Diego, ¿por qué no lo vamos a recibir?”, explicaba un funcionario cercano al Presidente. Maradona, según dicen, también se fue satisfecho. Se sacó fotos con los funcionarios y, a pedido del fotógrafo de Presidencia, posó junto al busto de Perón. Dos mitos argentinos.

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Kirchner recibió a Maradona y a Giannina en su despacho. Aníbal Fernández armó el encuentro.
 
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