EL PAIS › EL MINISTRO DE ECONOMIA PLANTEO A BRASIL
UN NUEVO DISEÑO DE INTEGRACION EN EL MERCOSUR

Propuesta para ser socios y no adversarios

Lavagna se reunió en Brasil con Lula y con los ministros de su equipo económico, buscando una fórmula de integración que persiga una industrialización a ambos lados de la frontera y evite el conflicto permanente.

 Por David Cufré

Durante muchos años, el éxito del Mercosur se midió por la cantidad de aranceles eliminados. Mientras más, mejor. Carlos Menem, Domingo Cavallo y los economistas que reinaron en la década del ’90 impusieron ese criterio, que básicamente consistía en promover una apertura indiscriminada para que el aumento del comercio entre los socios trajera prosperidad para todos. El resultado de esa política sin matices fue la profundización de las asimetrías entre Brasil y la Argentina. Las inversiones y los puestos de trabajo se orientaron hacia el mercado más grande, mientras aquí se producía un violento proceso de desindustrialización. El Gobierno quiere ahora desandar el camino. Esta semana está resultando clave, con la postergación de la integración total del mercado automotor y con la entrevista de ayer de Roberto Lavagna con Lula da Silva y medio gabinete brasileño. “Creemos firmemente en el Mercosur, pero queremos la integración a dos puntas y no que uno crezca en desmedro del otro”, resumió desde aquí Néstor Kirchner.
El ministro de Economía preparó tres voluminosos documentos para entregarle a Lula; al jefe de Gabinete, José Dirceu; y a los ministros de Hacienda, Antonio Palocci; de Desarrollo, Luiz Furlan; y al canciller, Celso Amorin. En ellos se detalla la concepción del Gobierno y los pasos que habría que dar para redefinir el Mercosur. Lavagna pasó de despacho en despacho por más de ocho horas. Fue el movimiento más importante hasta el momento en la tarea de darle otro sentido a la integración regional. La charla del ministro con el presidente fue también preparatoria del encuentro que sostendrán Lula y Kirchner en diez días en Nueva York, en el marco de la cumbre de las Naciones Unidas.
El diálogo se centró en cuestiones estructurales, pero los temas calientes de estos días no estuvieron ausentes. En especial, el de las inversiones de Petrobras en la Argentina. El Gobierno ejerció una fuerte presión sobre la compañía las últimas semanas para que amplíe la capacidad de transporte de gas desde Tierra del Fuego hasta el área metropolitana, a través de su empresa TGS. El reclamo era de una inversión de 250 millones de dólares, que en caso de no concretarse podría determinar hasta la rescisión de la concesión. Según Lavagna, ayer se alcanzó un principio de acuerdo. El desembolso será de 200 millones y las obras arrancarán en el corto plazo. “Las inversiones están confirmadas y las cosas que tenemos que hacer de los dos lados también están clarificadas”, aseguró el jefe de Economía (ver aparte).
Lavagna viajó a Brasilia anteayer, horas después del anuncio de Kirchner de que la Argentina no aceptará la integración total del mercado automotor en el 2006, tal como estaba previsto. Así se había acordado en el 2002, después de tediosas negociaciones por más de cuatro años. El convenio contemplaba algunas condiciones que tenían que darse desde ese momento hasta la fecha de la apertura irrestricta –el 1º de enero de 2006–, que según el gobierno argentino están lejos de cumplirse. El requisito básico era que la industria automotriz debía desarrollarse de manera equilibrada en ambos países. Lo que ocurrió, sin embargo, fue todo lo contrario. Un dato ilustrativo de los desajustes es que mientras las exportaciones de vehículos desde la Argentina cubren apenas el 2,4 por ciento del mercado brasileño, las de allí hacía acá acaparan el 59 por ciento de la demanda.
Las diferencias son tan amplias por múltiples razones, incluida la política de promoción y de desarrollo industrial que sostiene Brasil desde hace años frente a lo poco y nada que se hace en la Argentina. Lavagna afirmó que las autoridades brasileñas comprendieron las razones para demorar la integración completa de la industria automotriz y que se negociará “una fórmula de transición” para los próximos años. Es decir, seguirá el régimen administrado. En el 2005, la Argentina podrá importar 2,6 veces más de lo que exporta a Brasil entre autos y autopartes, medidas en dólares. Ese nivel se prorrogaría hasta que las condiciones se equilibren. “Hemos tomado la decisión de defender nuestra industria y nuestra producción”, enfatizó Kirchner durante un acto en la planta de General Motors en Rosario, durante el cual la empresa puso en marcha un nuevo turno de producción y anunció la contratación de 320 personas. Furlan, ministro de Industria y Desarrollo brasileño, aceptó los argumentos argentinos. “Hay una gran asimetría entre las posiciones de Brasil y la Argentina, que impacta fuertemente en el ánimo de los inversores internacionales. Este es un tema crucial que envuelve modernización e inversiones”, concedió. El funcionario aseguró que su cartera estudiará un régimen para aumentar la participación de las autopartes argentinas en la fabricación de vehículos, así como un sistema para que Brasil colabore con financiamiento a proyectos productivos en la Argentina.
“La cuestión de la atracción de inversiones va más allá de una guerra fiscal localizada”, amplió, en referencia a los reclamos argentinos por los subsidios que otorgan los estados brasileños para la radicación de empresas. Lavagna dio su propia versión. Dijo que uno de los temas centrales a trabajar es la coordinación de políticas para la atracción de inversiones, tanto en materia financiera como impositiva. “Son las cosas que hay que ajustar para que el Mercosur siga adelante”, definió.

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Roberto Lavagna y Lula da Silva. Una misión para cambiarle el clima a la relación Mercosur.
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