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Cuzco, la cumbre que le “sucedió” a una Argentina sin protagonismo

Varios integrantes de la comitiva evaluaron que Brasil fue central en la cumbre. El encierro en el tema de la deuda externa.

 Por Fernando Cibeira

“La verdad es que esta cumbre a la Argentina le sucedió”, explicaba ayer uno de los integrantes de la comitiva que el miércoles se desplazó hasta la altura de Cuzco para participar del lanzamiento de la Comunidad Sudamericana de Naciones. Una idea que prevalecía entre algunos de los invitados al encuentro fue que el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, se desplegó a sus anchas en Perú, mientras que la Argentina brilló por su ausencia. El hecho podría ser circunstancial, dado que había faltado el presidente Néstor Kirchner, pero según estos participantes de la cumbre, en verdad tendría raíz en razones más profundas: la falta de una política estratégica del Gobierno en materia internacional.
Lula contó algo durante la fuerte discusión que mantuvo con el venezolano Hugo Chávez en el debate inaugural de la cumbre del miércoles. Dijo que en dos años recibió a 53 jefes de Estado y viajó 35 veces, va a todas las cumbres, impulsa obras de infraestructura de dudosa conveniencia con sus vecinos. “El tiene una estrategia fuerte de apertura en el campo internacional y de liderazgo en la región”, sostenía uno de los integrantes de la delegación argentina en Cuzco, que suele intervenir en las discusiones del Gobierno sobre los vaivenes diplomáticos. Y al hacer referencia a lo que Lula tiene, hacía una implícita mención a lo que en la gestión de Kirchner no estaba.
Otro de los miembros de la comitiva coincidía. “En la foto de esta cumbre estuvo Lula en el centro, Chávez –que siempre consigue hacerse notar– al lado, el peruano Alejandro Toledo como anfitrión y el chileno Ricardo Lagos a un costado observando. ¿Y Argentina dónde está? ¿Y por qué no aparece?”, se preguntaba. El mismo se respondía. “Hoy todo el interés de Kirchner está puesto en la renegociación por la deuda. Piensa que una vez que solucione eso, todo lo demás se ordenará solo”, decía, no muy convencido de que ésa sea la dirección acertada. “Quizá después puedan convencerlo de sentarnos a pensar en una estrategia a largo plazo acerca de dónde nos ubicamos en el mundo”, agregaba.
Y ponía como ejemplo el viaje que el fin de semana emprenderán la senadora Cristina Fernández de Kirchner y el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, a España para pedir apoyo ante el FMI. O el que iniciará el canciller Rafael Bielsa a Alemania y, tal vez, a Italia. Esos gestos demostrarían que el esfuerzo de la Casa Rosada es en estos momentos monotemático y que es en vano tratar de arrimar nuevas preocupaciones.
De ahí la expresión de que la cumbre de Cuzco a la Argentina le “sucedió”. “La armaron Lula y Eduardo Duhalde y el Gobierno se encontró con eso. Yo vine acá y no me reuní con nadie antes para discutir qué posición traeríamos”, añadía el hombre, de matriz kirchnerista. Como no se había participado de la organización del encuentro y tampoco se tenía en claro qué se pensaba respecto del lanzamiento, Argentina se limitó a dar el presente y actuar casi de oyente.
Más que nada, lo que plantearon los delegados argentinos en la mítica capital del imperio incaico fue que la integración a nivel continental se cocine a fuego lento, priorizando los avances en ciertos temas, como una política común en energía. La idea argentina, coincidieron, es que antes que impulsar la Comunidad Sudamericana se progrese institucionalmente en el Mercosur, una ambición que siempre choca con nuevos obstáculos, como puede corrobarse a la luz de las nuevas diferencias que han surgido con Brasil de cara a la cumbre de la semana que viene en Ouro Preto.
“Nos cuesta mucho subir al Presidente a un avión. Por ahí es una falencia nuestra que no supimos hacerle entender la importancia que a veces tienen algunos gestos”, se sinceraba otro de los que volvieron ayer en los dos aviones que trajeron de vuelta a Buenos Aires a los participantes de la excursión cuzqueña. Más allá de la posibilidad de que la visión del Presidente sobre estos encuentros cambie una vez resuelto el embrollo de la deuda, entre quienes se ocupan de los asuntos diplomáticos había cierta desazón porque se había lanzado una unión continental y la Argentina –por peso propio llamada a ocupar un rol importante en la región– había pasado desapercibida. “Hasta Duhalde ocupó un lugar un poco marginal en la cumbre, y eso que la había organizado”, sostenían.

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Scioli fue enviado por Kirchner a la Cumbre de Cuzco.
 
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