EL PAíS › EL MINISTRO LAVAGNA ANALIZA EL ALCANCE DEL CANJE QUE LANZA ESTA SEMANA

“Para febrero se habrá aliviado la deuda”

Curado en salud de anuncios dramáticos, se limita a decir que su canje hará una fuerte diferencia en la vida económica del país. Habla de pautas de crecimiento y empleo, de cómo controlar la inflación sin alterar el dólar y de su inminente gira para “hablar los mercados”, como le gusta decir.

Por David Cufré y Claudio Zlotnik

Roberto Lavagna pasó ayer su último día de descanso en Cariló. Esta mañana se reincorpora al trabajo en el Ministerio y así lo coordinó con su equipo de colaboradores. Empieza una semana clave: pasado mañana dará inicio en Buenos Aires a la gira promocional del canje de la deuda. Y el viernes comenzarán a “hablar los mercados”, como le gusta decir. Desde ese día hasta el próximo 25 de febrero, los bonistas decidirán si adhieren o no a la operación. En este reportaje que dio ayer al programa “De haberlo sabido”, de radio América, Lavagna dijo que si bien la reestructuración es un “alivio”, “no significa que el tema de la deuda haya desaparecido”. No obstante, aseguró que es la “oferta máxima” que puede realizarse. Y a los bonistas les envió el mensaje de que es “ahora o nunca”. Por otra parte, Lavagna descartó un brote inflacionario. Aseguró que su relación con Néstor Kirchner “es normal” y desestimó que fuera a renunciar después del canje. Por último, dejó una intriga picando: adelantó que pasado mañana habrá anuncios sobre la relación de la Argentina con el FMI.
–¿Cuándo estuvo más nervioso, cuando el dólar llegó a 4 pesos a mediados de 2002 o ahora que empieza el canje?
–Las dos situaciones son absolutamente incomparables. Aquel momento era no sólo una situación económica desesperante, sino una situación social y política extremadamente inestable. Afortunadamente, con la ayuda de toda la sociedad el país ha cambiado de una manera notable. Por supuesto queda una enorme tarea por delante, pero hoy vivimos un país normal, todavía con sus recaídas, pero un país normal. El canje es un componente más de una política económica en tiempos de normalidad.
–¿Pero el canje no lo pone un poco nervioso?
–No, no tengo el hábito. Si me hubiera puesto nervioso, o en el otro extremo, si me hubiera puesto a festejar en determinado momento, habría perdido el equilibrio. La sociedad argentina necesita no pasar de un extremo al otro, de la desesperación a la euforia.
–¿Qué le hace pensar que el canje tendrá un alto nivel de aceptación?
–Yo no he dicho nunca, ni en público ni en privado, ni en las propias conversaciones con el Presidente, un porcentaje. No nos hemos fijado un porcentaje, nos hemos fijado una propuesta que sea la máxima que la Argentina pueda hacer sin comprometer su crecimiento y su mejoramiento social. Y al mismo tiempo hemos intentado asociar a los acreedores al crecimiento futuro del país, por eso todos los bonos tienen un cupón que está ligado al crecimiento. El nivel de aceptación lo dirá el mercado. Llegó el momento de terminar con las presiones, con los lobbistas y con los comisionistas. Es el momento de dejar que los acreedores se expresen libremente, como debe ser en una economía capitalista. Y después veremos.
–¿En su opinión, la propuesta es atractiva para los bonistas?
–A nadie le gusta perder un porcentaje de su inversión. La propuesta es realista. Es la máxima oferta que un país como el nuestro, que ha pasado por una crisis como la que ha pasado, puede hacer y puede cumplir. Para nosotros hubiera sido muy fácil tomar la infinidad de propuestas que nos permitían completar el canje en dos meses, pero eran todas alternativas que en un año o un año y medio llevaban a una nueva crisis. De hecho, la Argentina vino haciendo eso desde el Tequila, desde el año ’95. Vivimos refinanciando de manera permanente, y lo único que logramos es que la economía se fuera hundiendo y la deuda externa subiera a los niveles insólitos que hoy tiene. Era preferible tomarse todo el tiempo que hiciera falta pero cumplir con el principio primero de la buena fe, que es no prometer lo que no se puede cumplir.
–¿Usted cree que los bonistas entienden estos argumentos?
–Algunos sí y otros no, y eso se reflejará en el canje. Lo mismo pasa con los analistas. En general los que defendieron como válido el esquema de los años ’90 siguen siendo críticos. De ellos venían estas propuestas deuna reestructuración rápida sabiendo que en un año o un año y medio había que hacer una nueva reestructuración.
–Argentina nunca pudo solucionar el problema de la deuda. Hace poco más de una década, cuando se hizo el Plan Brady, también se dijo que sería la solución. ¿Esta vez sí será la solución?
–Para no hacer comparaciones superficiales hay que comparar la rebaja de deuda que implicó el Brady y cuál esta reestructuración. En el Brady, la reducción efectiva de la deuda resultó prácticamente inexistente mientras que ahora habrá una quita extremadamente importante. Por ese motivo hubo tanta presión por parte de algunos centros financieros.
–¿El 25 de febrero se habrá resuelto el tema de la deuda?
–Que en ese momento se habrá aliviado, no cabe ninguna duda, lo cual no significa que el tema de la deuda haya desaparecido. Los niveles de deuda que alcanzó Argentina hasta el colapso de la convertibilidad son record histórico a nivel internacional, de manera tal que aun después de una rebaja importante queda una porción de deuda con la cual hay que cumplir.
–¿Qué pasará con los acreedores que no acepten la oferta?
–Lo que dijimos en la campaña informativa del canje. Que además es la transcripción de lo que figura en los prospectos enviados a la Comisión de Valores de EE.UU., a la Consob italiana y a todos los entes regulatorios.
–Ahí dice que va a ser la única oferta del Gobierno. Que es ahora o nunca.
–Y bueno, es así.
–¿Cómo hará la Argentina para sostener por 30 años un nivel de superávit fiscal que no pudo mantener por más de tres años seguidos en su historia?
–Es un desafío importante, pero viene ligado al crecimiento. Ese superávit será posible en la medida que venga de la mano del crecimiento, la reducción de la pobreza y la creación de empleo. En un país que no crece no hay capacidad de superávit fiscal y no hay capacidad de pago.
–¿En qué países cree que habrá mayor aceptación del canje, más allá de la Argentina, adonde se llegó a un acuerdo con los inversores institucionales?
–No sé, pero faltan pocos días, por qué no esperamos y dejamos que hablen los mercados.
–Le sirvió ese latiguillo...

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