EL PAíS › ASUMIERON LOS MINISTROS CAMAÑO, MATZKIN Y ATANASOF

Barrionuevo, el anfitrión

El presidente Eduardo Duhalde dijo que con el recambio de ministros empezaba el “relanzamiento del gobierno nacional”. En las puertas de la Rosada, los ahorristas insultaron a todo el que entraba.

 Por Nora Veiras

Aturdidos por los gritos de “chorros” y “ladrones”, los amigos de los nuevos ministros se zambullían ayer en la Casa Rosada convencidos de que una vez adentro el glamour de la ceremonia oficial hiciera acallar el eco de la bronca de los ahorristas. En el Salón Blanco conseguían ese efecto. Eternos sindicalistas con sus cabelleras inmunes a las canas y permeables a la tintura se abrazaban y sonreían exultantes junto a la vedette de la jornada: el senador Luis Barrionuevo. El esposo de la ministra de Trabajo, Graciela Camaño, recibió las felicitaciones de los muchachos y no se privó de hablar de todo hasta que el salón quedó en penumbras (ver aparte). El pampeano Jorge Matzkin, que asumió en Interior, y el bonaerense Alfredo Atanasof, que se hizo cargo de la Jefatura de Gabinete, captaron aplausos pero mucho menos efusivos. En ese escenario colmado de “compañeros”, el presidente Eduardo Duhalde se entusiasmó con que el recambio de gabinete significaba “el relanzamiento del gobierno nacional”.
“Devuelvan lo que nos robaron”, gritaban los ahorristas golpeando cacerolas y más de uno tirando piedras contra los autos que adivinaban oficiales. En rigor, todo aquel que traspasara las compactas vallas policiales, previa exhibición de alguna credencial o invitación especial, pasaba a revistar en la categoría de “corrupto”. No eran muchos pero ninguno parecía compartir la idea del relanzamiento duhaldista. Al contrario, se conformaban sólo repitiendo que “éstos no van a durar más de una semana”. El ex ministro de Justicia bonaerense y actual diputado Jorge Casanovas apuró el paso entre la gente desencajada y los insultos lo cubrieron.
Ajenos a cualquier mal augurio, en el espejado Salón Blanco se reproducían las imágenes de los sindicalistas amigos del gastronómico Barrionuevo. El mecánico Raúl Amín se paseaba entre las sillas reconociendo caras amigas remozadas por nuevos colores y dentaduras de última generación. El textil Pedro Goyeneche, el gastronómico Dante Camaño –hermano de la ministra–, Vicente Mastrocola del gremio del plástico y Carlos González de los trabajadores viales se mezclaban, entre otros, con el interventor del PAMI Corchuelo Blasco, el secretario de Culto Esteban Caselli, el senador Antonio Cafiero y el ex ministro de Obras Públicas de Duhalde, Hugo Toledo.
No hubo gobernadores y muchos se preguntaban dónde estaba el titular de la CGT oficial, Rodolfo Daer, el sector donde milita el gastronómico Barrionuevo. Sobre la ausencia de Hugo Moyano no había dudas: acababa de disponer el primer paro al Gobierno, un presente griego para la ministra y una muestra de las dificultades con las que tendrá que lidiar el Gobierno al entregarle la cartera laboral a una fracción del sindicalismo.
Faltaban figuras rutilantes tanto sobre el estrado como entre los invitados. El gabinete quedó formado por los que aceptaron y no por los buscados por Duhalde. Los gobernadores Eduardo Fellner (Jujuy), José Manuel de la Sota (Córdoba) y Rubén Marín (La Pampa) y el jefe del bloque de senadores peronistas José Luis Gioja decidieron sacarle el cuerpo a un gobierno que sobrevive a fuerza de falta de recambio.
Ante ese páramo, no eran pocos los que esperaban la reaparición del ex ministro del Interior de Carlos Menem, José Luis Manzano, padrino político del flamante ocupante de ese puesto, Jorge Matzkin.
–Che, no sabía que te pasaron a policiales –lo sorprendió un periodista a otro al encontrarlo cubriendo la jura.
Apenas unos pasos adelante un grupo de los amigos de Barrionuevo conversaba con esa voz ronca que inmortalizó Marlon Brando en El Padrino. Los muchachos no escuchaban, estaban disfrutando el regreso a los salones del poder.
El Gabinete en pleno se ubicó detrás del inmenso escritorio dorado y la ceremonia empezó. Los radicales Horacio Jaunarena (Defensa) y Jorge Vanossi (Justicia) parecían sacados de contexto. Y Barrionuevo se ocupó después en destacar como un “error” de Duhalde haber acordado con elcaudillo radical Raúl Alfonsín “porque los radicales estaban en un momento para jugar gratis y no había que pagar ningún costo político por ellos”.
Primero juró Atanasof, que pasó de Trabajo a la estratégica Jefatura de Gabinete. Después Matzkin, que dejó la presidencia de la Comisión de Presupuesto de Diputados para reemplazar a Rodolfo Gabrielli en Interior, y por último Graciela Camaño. La ahora ex diputada concentró la mayor ovación. Su esposo la aplaudía desde la primera fila.
“Agradezco la actitud patriótica de los ministros que dejan la función, Jorge Remes Lenicov, Jorge Capitanich, Rodolfo Gabrielli y José Ignacio de Mendiguren. Les agradezco en nombre de la Nación que se debate en dificultades extremas. Estimo que ahora empezamos el relanzamiento del Gobierno”, dijo Duhalde. Afuera la Guardia de Infantería ya había vallado la mitad de la Plaza de Mayo y los ahorristas esperaban arrinconados a que salieran funcionarios y amigos para seguir insultándolos.

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El senador Luis Barrionuevo fue la estrella en la asunción de su esposa, Graciela Camaño, en Trabajo.
 
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