EL PAíS › OPINION

Nacionalismo al revés

Por James Neilson

Mientras que en épocas más románticas que ésta los nacionalistas solían exigir a los demás prepararse para un gran esfuerzo por el bien de la patria, los fogoneros más locuaces del neonacionalismo criollo que está en ciernes tienen en mente algo muy distinto. Lejos de sentirse atraídos por la idea de sacrificios heroicos, basan su prédica en la noción de que por tener su origen todas las dificultades locales en la maldad ajena le correspondería al país negarse a afrontarlas. Según insinúan políticos como Raúl Alfonsín y sindicalistas como Hugo Moyano, romper con el FMI y con el ultraderechista George W. Bush nos permitiría continuar conformándonos con planes que no tienen ninguna posibilidad de funcionar, ahorrándonos así la necesidad de someternos a medidas que para ser “sustentables” tendrían forzosamente que ser “duras”: si no fuera por este inconveniente, ya las habrían tomado.
De resultas de la voluntad de “los políticos” de escurrir el bulto, lo que en buena lógica debería ser un debate serio sobre la mejor manera de salir del pantano se ha visto transformado en otro round de la pelea interminable entre la Argentina y el resto del mundo. Parecería que ya no importa que una iniciativa sea buena o mala, sensata o disparatada, lo único que cuenta es la actitud de Bush, Annie Krueger y sus amigos: si les gusta, es inaceptable, si la consideran delirante, tendrá sus méritos. Así las cosas, ayudaría que el FMI comenzara a reivindicar la corrupción, la ineficiencia principista, la anarquía judicial, la inflación y los déficit inmanejables, brindando de este modo a los neonacionalistas un pretexto respetable para prestar atención a dichos flagelos.
Entre los “dirigentes” abundan los nacionalistas. ¿Hay muchos patriotas también? No se trata de sinónimos. Aquellos son especialistas en aprovechar en beneficio propio los muy naturales sentimientos tribales de sus conciudadanos; éstos siempre están dispuestos a sacrificar sus intereses personales en aras de la comunidad de la que forman parte y por lo común lo hacen sin intentar impresionar a nadie. De más está decir que la crisis que está haciendo trizas del país, condenando a las próximas generaciones al ilotismo, tiene mucho que ver con el hecho de que el nacionalismo se haya distanciado demasiado del patriotismo. Samuel Johnson se equivocaba al decir que “el patriotismo es el último refugio del canalla”. Sin embargo, de haber empleado la palabra nacionalismo, sobre todo cuando es utilizada a fin de evadir responsabilidades, su juicio lapidario no merecería muchos reparos.

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