EL PAIS › ANTES DE LAS AUDIENCIAS EN LA HAYA, TABARE VAZQUEZ RETIRO A LAS TROPAS QUE PROTEGIAN A BOTNIA

Menos custodia pero con una mejor imagen

Dos semanas atrás, el gobierno uruguayo había resuelto que el ejército se ocupara de la seguridad de la empresa finlandesa por temor a un atentado de los asambleístas. Kirchner había considerado la medida “una afrenta”. Según los medios uruguayos, Vázquez tomó la decisión por un pedido de Botnia, preocupada por su imagen.

El gobierno de Uruguay decidió sorpresivamente retirar el sábado las tropas del ejército que había destinado apenas trece días atrás para custodiar el perímetro de la planta de pasta de celulosa que Botnia construye en Fray Bentos. Según los medios periodísticos uruguayos, la decisión se habría tomado a partir de una solicitud de la compañía finlandesa para mantener su “buena imagen” en el ámbito internacional. Aunque la medida aprobada por Tabaré Vázquez se resolvió a menos de 48 horas de que diplomáticos de Argentina y Uruguay vuelvan a verse la cara en la Corte Internacional de La Haya por los cortes de rutas que asambleístas entrerrianos realizan sobre distintos pasos fronterizos. Uruguay justificó el despliegue de efectivos militares por temor a un atentado contra la planta. Una actitud que Néstor Kirchner calificó como una “afrenta” y que los habitantes de Gualeguaychú repudiaron con una parodia.

“Botnia pidió el retiro de tropas.” “El gobierno decidió levantar la zona militar.” “Se descomprime la tensión.” “Siguen los bloqueos de los pasos internacionales.” Las frases extraídas ayer de las páginas web de los principales periódicos uruguayos parecen referidas a la guerra de los Balcanes. Pero están destinadas a explicar la decisión del gobierno de Tabaré Vázquez de retirar abruptamente los efectivos del ejército uruguayo que custodiaban la planta que la pastera finlandesa levanta sobre el río Uruguay, frente a la ciudad entrerriana de Gualeguaychú.

La decisión se adoptó durante el sábado y terminó con doce días de guardia militar a la planta, que el propio Tabaré resolvió a través de un decreto que firmó el lunes 4 de diciembre, después de expresar el temor de su gobierno ante “un posible atentado” a la pastera en construcción. Un argumento que recogió el gobierno uruguayo, se dijo, frente a la supuesta beligerancia de los asambleístas entrerrianos.

“Algunos de los representantes de la asamblea de Gualeguaychú han dicho que puede aparecer un Bin Laden”, dijo entonces el vicepresidente, Rodolfo Nin Novoa, para justificar la custodia militar de la empresa en “defensa de las inversiones extranjeras”. El diario estadounidense The Washington Post llegó a publicar que una anciana de Gualeguaychú se había ofrecido como “bomba humana” para destruir la pastera.

La planta ya disponía de custodia policial y de la gendarmería uruguaya. El gobierno de Tabaré temía la posibilidad de un cruce masivo de asambleístas, en medio de alguna de las multitudinarias marchas con que los vecinos de Gualeguaychú habían llegado hasta el puente internacional San Martín –que une la ciudad entrerriana con Fray Bentos– para expresar su reclamo contra la construcción de la fábrica de pasta de celulosa sobre la ribera oriental del río Uruguay.

El gobierno argentino salió entonces rápidamente al cruce de la decisión uruguaya. “Es una afrenta”, dijo Kirchner y reprodujeron la frase funcionarios de todos los rangos, después de una tensa jornada donde los voceros de ambos lados del Río de La Plata dejaron de ser los diplomáticos para darles paso a los funcionarios de las áreas de defensa y seguridad. Ni siquiera la gestión del facilitador de la corona española, el embajador Juan Antonio Yáñez Barnuevo, logró revertir el in crescendo.

Sorprendidos e indignados, los ciudadanos de Gualeguaychú respondieron a la actitud de Tabaré con una humorada. En medio del corte que mantienen desde que el Banco Mundial decidió otorgar los créditos internacionales a Botnia, los asambleístas realizaron una parodia de un “desfile militar”. Sobre la ruta 136, al borde del Arroyo Verde, marchó una infantería compuesta por “gurises” montando coches de bebés, además de los más viejos pertrechados con termos, mates y reposeras.

Hasta ahora, ningún funcionario uruguayo explicó si la desmilitarización de la planta de pasta de celulosa será definitiva o meramente transitoria. Pero dejaron trascender que la solicitud había partido de los propios representantes de la compañía finesa para no deteriorar su imagen en el sofisticado mundo de los negocios. Sin embargo, en el gobierno argentino no pasó inadvertido que la decisión uruguaya se tomó a muy pocas horas de que diplomáticos de ambos países se encuentren por dos días, hoy y el martes, en Holanda.

Allí, la Corte Internacional de La Haya dirimirá –sobre la base de una denuncia presentada por Uruguay– la conflictiva situación que generan los cortes, permanentes y esporádicos, de los pasos que conducen a los puentes internacionales. Una resolución que el gobierno de Tabaré no quiere comprometer con las quejas que los representantes argentinos volcarán sobre su decisión de escalar el conflicto diplomático con la presencia de efectivos de las fuerzas armadas para custodiar a Botnia.

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La planta de Botnia en Fray Bentos ya tenía una custodia policial, antes de que Tabaré ordenara el desplazamiento del ejército.
 
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