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“Para que haya magnicidio debe haber alguien magno”

La ironía corresponde a la ministra Camaño. En el Gobierno no creen en la seriedad de las denuncias. No obstante, varios funcionarios dijeron que el Estado garantiza la seguridad.

El Gobierno no aceptó ni un poco las denuncias acerca de que se produzca un magnicidio que enturbiaron el comienzo de la campaña electoral. Por eso, cada funcionario que salió a hablar utilizó distintas maneras para explicar lo mismo: que consideran que no hay ninguna posibilidad de que se produzca un atentado y que la seguridad de los candidatos está garantizada pero que hacían denuncias porque no tenían propuestas. La más ocurrente fue la ministra de Trabajo, Graciela Camaño. “Para que haya un magnicidio debe haber alguien magno, que hoy no hay. En la Argentina estamos un poco flojos en eso”, ironizó.
En la Casa Rosada centraron su enojo en el gobernador de Santa Cruz, Néstor Kirchner, y su mujer, la senadora Cristina Fernández, quienes mostraron un informe de la regional de la SIDE de su provincia en el que se daban detalles del seguimiento que los agentes debían hacerle a Kirchner, precandidato presidencial del PJ. “Algunos parecen tener una suerte de poder de adivinación de lo que va a ocurrir y les falta capacidad de analizar la situación real del país y de proponer concretamente hacia dónde lo quieren llevar”, advirtió Camaño.
Lo mismo el vocero presidencial, Eduardo Amadeo. “Les pedimos a los candidatos que en vez de hacer maniobras que les permitan estar dos días en los diarios, eleven la discusión política y den propuestas a la gente”, sostuvo. Más complicada la tuvo cuando debió explicar cómo justificaba entonces la existencia de ese informe de inteligencia. “Nosotros negamos absolutamente que la SIDE esté en este tema. Más aún: al Gobierno no le interesa para nada lo que hace el matrimonio Kirchner”, respondió.
Ayer, en una entrevista a Página/12, el jefe de la SIDE, Miguel Angel Toma, avisó que había ordenado una investigación interna para saber la veracidad de ese documento pero, de antemano, evaluó que las denuncias de los Kirchner no tenían “solidez”.
El secretario general de la Presidencia, Aníbal Fernández, consideró “poco serio” las denuncias que surgieron a partir del fin de semana. Agregó que si el informe de la senadora Kirchner “tuviera elementos de esas características, podría discutirlo hasta el cansancio para sancionar a una tira incalculable de agentes, superagentes y zapatófonos”. Como se ve, en el Gobierno optaron por tomarse las acusaciones a risa.
Las sospechas comenzaron luego de que el ex presidente Adolfo Rodríguez Saá dijera a Página/12, el domingo pasado, que pensaba que alguien podía atentar contra él. Como ejemplo, Rodríguez Saá contó que Carlos Menem, luego de ver una encuesta en la que lo superaba, había dicho “a éste hay que matarlo”.
“A falta de una buena propuesta, siempre es bueno tener un magnicidio a mano”, replicó ayer Fernández. El secretario general de la Presidencia se refirió también a una de las referencias que presentó la senadora Kirchner y que luego confirmó su compañero de bancada, el entrerriano Jorge Busti: que un alto representante de la Iglesia les había pedido que se cuidaran porque en la campaña podía producirse un atentado.
“Llegaron a imponer que la expresión se las había vertido Karlic y después, por la gravedad de la denuncia y la imputación, y de involucrar a quien están involucrando, tuvieron que salir rápidamente a bajarle el tono porque era de un grado de desproporción absolutamente manifiesto”, sostuvo Fernández. En rigor, Ni Kirchner ni Busti identificaron nunca al “alto dignatario” que les había hecho esa advertencia durante un aparte de una reunión más amplia en la que participaban otros políticos. Pero todos recordaron que un par de semanas atrás, el bloque de senadores rebeldes del PJ –al que pertenecen ambos– se había encontrado con Karlic para conversar sobre la reforma política. En una declaración extraoficial, la Iglesia dijo “desconocer” tanto al dignatario como la posibilidad de que se produzca un magnicidio.
Cuando le preguntaron a Fernández si el presidente Eduardo Duhalde tenía previsto reunirse con los precandidatos para interesarse por susdenuncias, el funcionario respondió que el encargado de hacerlo era Toma. “Tengo entendido que ninguno de ellos le respondió”, agregó.
También el secretario de la Unidad Presidencial y uno de los hombres más cercanos al Presidente, José Pampuro, evaluó que las denuncias eran “totalmente infundadas”. “Cuando uno apela reiteradamente a la persecución personal o a las ideas extremas de situaciones violentas y tensas está ocultando en el fondo su carencia de ideas”, agregó.

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La ministra Graciela Camaño apeló a la ironía para responder.
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