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Una congregación que no esquiva a los represores

El Instituto del Verbo Encarnado, una congregación católica ultraconservadora, mantiene estrechos vínculos con Néstor “Bocha” Beroch, un represor de la Noche de los Lápices.

 Por Mariana Carbajal

El Instituto del Verbo Encarnado, la congregación católica ultraconservadora que más creció en los últimos años en el país a pesar de su fuerte enfrentamiento con el Episcopado, tiene estrechos vínculos con un represor acusado de integrar el grupo de tareas que secuestró a los estudiantes de la Noche de los Lápices. Se trata del profesor de Literatura Néstor Francisco “Bocha” Beroch, quien fuera expulsado de la Dirección General de Escuelas en 2004 luego de conocerse su historial en la última dictadura militar. Beroch dio clases en el IVE. Para reivindicar su figura, sacerdotes de la congregación celebraron misa en su honor. Los dos hijos varones de Beroch son religiosos de la orden y su única hija mujer es la superiora de la rama femenina en la Argentina.

Beroch vive en City Bell, partido de La Plata. En esa diócesis, donde el Instituto del Verbo Encarnado (IVE) tiene aceitadas relaciones con el arzobispo Héctor Aguer, el grupo religioso fundado en Mendoza maneja la parroquia Santa Rosa de Lima. Pero no fue en ese templo católico, sino en la iglesia del Colegio Sagrado Corazón de Jesús, en 57 entre 8 y 9, donde religiosos del IVE, entre ellos uno de los hijos de Beroch, rezaron por el represor, en momentos en que el profesor era objeto de escraches por parte de organismos de derechos humanos de La Plata, que reclamaban su expulsión de la Dirección General de Escuelas de la provincia de Buenos Aires. Fue en el año 1996. De las aulas del Sagrado Corazón salieron varios militantes de la ultraderechista Concentración Nacional Universitaria (CNU), a la que habría pertenecido el mismo Beroch.

Beroch ya no puede dictar clases en el ámbito de la provincia de Buenos Aires como solía hacer en los años que siguieron a la reinstauración de la democracia. Después de un largo proceso, que duró ocho años, el Tribunal de Disciplina de la Dirección General de Escuelas bonaerense lo expulsó de su cargo de docente. El pasado negro de Beroch salió a la luz cuando se desempeñaba como profesor en secundarios de la ciudad platense: la casualidad quiso que Tomás, su hijo menor –hoy miembro del IVE–, fuera compañero de clases en el Bellas Artes, de La Plata, de un sobrino de Horacio Ungaro, uno de los seis chicos desaparecidos el 16 de septiembre de 1976 por reclamar el boleto estudiantil. Marta Ungaro, hermana de Horacio, ató los cabos y Beroch fue denunciado en la Dirección General de Escuelas. Marta Ungaro señaló a Beroch en su testimonio ante la Cámara Federal de La Plata. También lo identificó Pablo Díaz, el único de los adolescentes sobrevivientes de la Noche de los Lápices. Díaz denunció que Beroch integraba los grupos de tareas en los que participaban civiles y que habría identificado a alumnos para ser secuestrados. Incluso reconoció que el profesor “se había infiltrado entre los sectores universitarios y de trabajadores para luego charlar con la oficialidad de inteligencia del Ejército”.

En el pedido de exoneración de Beroch que elevaron organismos de derechos humanos se adjuntaron las denuncias fiscales que en el año 2003 iniciaron dos causas judiciales por la represión ilegal en La Plata. Una es la que investiga los delitos cometidos en la Unidad Penal Nº 9 y la otra, lo ocurrido en los centros clandestinos de Arana. En los dos expedientes Beroch fue imputado como represor. El legajo 3675 de la Conadep lo menciona también como integrante de un operativo que el 3 de agosto de 1977 asesinó a una docente jubilada y a su hija embarazada. En otra causa judicial se lo sindica como “el jefe de Tacuara en La Plata”. Uno de los fundadores de aquella organización de extrema derecha, el presbítero –ya fallecido– Alberto Ezcurra Uriburu, tuvo estrechos vínculos con el IVE. De hecho se mudó a San Rafael, para instalarse en la sede de la congregación.

Tal como reveló Página/12 en su edición del lunes último, el IVE cuenta con uno de los seminarios más concurridos del país, con más de un centenar de vocaciones. La congregación, fundada por el sacerdote porteño ultraconservador Carlos Miguel Buela, ha experimentado un crecimiento exponencial en los últimos años. Promotores del integrismo que sustentaron en la década del ’70 obispos como Adolfo Tortolo y Victorio Bonanín y que sirvió para legitimar el terrorismo de Estado, reacios a las reformas del Concilio Vaticano II, convencidos de que el catolicismo tiene que ser una opción para toda la sociedad, la amplia mayoría de los 1500 miembros del IVE –la mitad aproximadamente son argentinos– se encuentra “evangelizando” en misiones fuera del país, en destinos tan remotos como Islandia, Siberia y Kazajastán. En poco más de dos décadas, los soldados del IVE lograron llegar a 55 diócesis en 38 países de los cinco continentes. El crecimiento del ejército del padre Buela se dio al amparo del poderosísimo ex secretario de Estado del Vaticano, durante el papado de Juan Pablo II, cardenal Angelo Sodano. El Episcopado argentino pidió infructuosamente a la Santa Sede el cierre de los seminarios del IVE.

Imposibilitado de enseñar en el ámbito bonaerense, Beroch suele dar talleres para los jóvenes en el IVE. Es un ámbito familiar para él: sus dos hijos varones (el menor, Tomás, tiene 23 años) son religiosos de la orden y su única hija mujer, María Beroch, es superiora de la Casa Provincial de San Rafael de la rama femenina de la orden llamada “Servidoras del Señor y la Virgen de Matará”.

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Pese a su enfrentamiento con el Episcopado, el IVE es la congregación católica que más creció.
 
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