EL PAíS › OPINION

Un mensaje aleccionador

 Por Atilio Boron

El Mensaje de Eva Perón constituye una pieza de extraordinario valor porque ilumina con claridad las facetas ideológicas de la vertiente más radical y plebeya del peronismo. Esta tuvo un luminoso amanecer en las jornadas de Octubre del ’45 y un crepúsculo patético en 1953 cuando, muerta ya Eva, el peronismo capitula ante los Estados Unidos, arría las banderas antiimperialistas y, como prueba fehaciente del abandono de la Tercera Posición, le concede al enviado especial de la Casa Blanca, Milton Eisenhower, hermano del presidente de los Estados Unidos, la medalla de la lealtad peronista.

Tal como era de esperar, el texto de Eva destila un visceral antiimperialismo y un saludable odio por sus tropelías y atropellos. Igual consideración le merece la oligarquía, cómplice consciente de la explotación a la que se ven sometidos pueblos enteros. Sobre el imperialismo el texto es elocuente: lo acusa de ser causante de las mayores desgracias de la humanidad y de una imperdonable hipocresía. Más actual imposible.

Como no podía ser de otra manera, el mensaje de Eva no sólo expresa la vertiente plebeya o jacobina del peronismo; también hace lo propio con sus ambigüedades ideológicas. Aunque la alusión está implícitamente referida a los Estados Unidos y las potencias europeas, en el discurso se habla de “los imperialismos” siendo que el sistema imperialista era, y aún es, uno solo. También se rechaza el análisis de clases. Dice Eva que “Yo no auspicio la lucha de clases, pero el dilema nuestro es muy claro: la oligarquía que nos explotó miles de años en el mundo tratará siempre de vencernos. Para que no haya luchas de clases el camino es convertir a todos los oligarcas del mundo: hacerlos pueblo. ¿Cómo? Haciéndolos trabajar, para que integren la única clase que reconoce Perón: la de los hombres que trabajan”.

Estas dos referencias, al imperialismo y la oligarquía, ilustran los límites del jacobinismo peronista. Pero la pasión puesta por Eva en defensa de una causa justa, más allá de sus equívocos y sus limitaciones, hacen de su texto un aporte sumamente valioso. Sobre todo en tiempos en que desde los más altos círculos del Gobierno se exaltan las virtudes del capitalismo y se omite cualquier alusión al imperialismo. Sería bueno que tomaran nota de sus palabras.

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