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La unificación de operaciones como estrategia para combatir delitos

La creación de la PSA buscó terminar con la “corrupción institucionalizada”. Al unificar el trabajo de inteligencia, la intención fue endurecer controles. Pero chocaron con actitudes corporativas.

 Por Carlos Rodríguez

En febrero de 2005, con la disolución de la Policía Aeronáutica Nacional (PAN) y la creación, en su reemplazo, de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA), lo que se intentó fue ponerle fin a la “corrupción institucionalizada” de la que habló Marcelo Saín en su primera entrevista con Página/12 como interventor de la nueva fuerza desmilitarizada. “El primer paso fue crear el Centro de Análisis, Comando y Control, con el propósito de unificar las operaciones”, explicó a este diario una fuente de la PSA. Lo que se unificó fueron la inteligencia criminal y la logística, de manera de encarar un trabajo de “seguridad aeroportuaria y no sólo de seguridad de la aviación civil y comercial”. Esto significa “realizar controles para evitar cualquier tipo de atentado terrorista, pero al mismo tiempo combatir el robo de equipaje, el lavado de dinero y cualquier violación al derecho de los pasajeros que se produzca en el ámbito del aeropuerto”, señaló el vocero consultado por este diario. En los últimos tiempos, un listado parcial de involucrados en hechos delictivos reúne a 20 integrantes de la PSA, 31 empleados de Intercargo, 17 de empresas de seguridad privadas, 13 de la Dirección Nacional de Aduanas, uno del área de Migraciones y 30 punguistas “independientes”.

Mientras estuvo la PAN, “las únicas estadísticas que se llevaban eran las relacionadas con el narcotráfico o las amenazas de bombas, mientras que no se le daba importancia a los casos de robo y hurto de equipajes. Con la creación de la PSA, se encaran por primera vez esos problemas”. El vocero resaltó que las tareas de control “de por sí complejas, se hicieron más complicadas desde el fin de la convertibilidad, porque el fin del uno a uno significó un brusco crecimiento, año tras año, de la cantidad de turistas. En el último año, el incremento de turistas extranjeros en el país fue del 25 por ciento respecto de 2006”.

En Ezeiza, además, la PSA cuenta con un total de “apenas 270 agentes que se reparten en tres turnos a lo largo del día y que deben cubrir un área de tres mil hectáreas. La Argentina se convierte en un país barato para hacer turismo y el aeropuerto se llena de turistas. La cuestión cambiaria también sirve para hacer crecer la rentabilidad de los traficantes de droga, de manera que las tareas de control deben intensificarse y la falta de personal se hace más evidente”. La fuente recordó que “lo que tenemos es el aeropuerto de (Juan Domingo) Perón (inaugurado en 1949)”. Sería lo mismo que “el puente Avellaneda tuviera la misma estructura de 1949, con el crecimiento del tránsito que hubo en los últimos cincuenta años”.

La fuente sostuvo que en el ámbito aeroportuario existe “una cultura de la ilegalidad que es muy fuerte. Hay grupos que trabajan en diferentes organismos públicos y privados que actúan en forma conjunta para cometer delitos y que, llegado el momento, se cubren las espaldas unos a otros”. Desde que comenzó la intervención, unos 20 miembros de la Policía de Seguridad Aeroportuaria fueron puestos en disponibilidad acusados por su participación en distintas irregularidades.

La fuente aclaró que el personal, tanto uniformado como de civil que realiza tareas de inteligencia, es el mismo con el que contaba la Policía Aeronáutica Nacional (PAN). “Nosotros no hemos formado personal propio. Lo que se hizo es sancionar a los que no cumplen su tarea e incentivar cambios para mejorar el control de la seguridad aeroportuaria. Hay personas que se han adoptado y otras a las que le cuesta adaptarse a los cambios”.

“El robo del equipaje es un clásico en el país y cuando se producen demoras en los vuelos, los grupos organizados para delinquir tienen mucho más tiempo para operar. Uno de los grandes problemas es que muchos tienen una actitud corporativa, un compañerismo mal entendido, que los lleva a no denunciarse entre ellos. Por eso, a veces, algunos miembros de la PSA o de la empresa (estatal) Intercargo no denuncian a los agentes de seguridad privada o viceversa. Eso lleva a que se ‘ablanden’ los controles. La habitualidad, el verse todos los días, lleva a que muchas veces no se realicen los controles que deberían hacerse. Y no se hacen porque al otro se lo considera ‘un compañero, casi un hermano’”.

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Antes sólo se llevaban estadísticas de delitos tales como amenazas de bomba.
Imagen: Jorge Larrosa
 
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