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No es tiempo de unidad

¿Qué lectura hace de las declaraciones de Hugo Moyano sobre la unidad del movimiento obrero?

–Es importante que haya reconocido la legitimidad de la demanda de la CTA y se haya diferenciado de los sectores más gurkas de la CGT, pero el tema de la unidad de ninguna manera puede leerse en términos de que haya una sola personería gremial que cobije a todos. La CTA no surge como un capricho de la historia, forma parte de una tradición de la cultura política en la clase obrera que desde 1955 siempre se reconoció en dos vertientes. Primero hubo resistencia y colaboracionistas. Después, Vandor, de la mano de los militares, y Olmos y Ongaro, recogiendo el mandato de la vertiente combativa. Después estuvo la CGT de Triaca y la de Ubaldini. En los ’90 la CGT se entregó sin pudor a las políticas del menemismo y la CTA se hizo cargo del mandato y la herencia de la vertiente de lucha, incluso coincidiendo en algún momento con la fracción que en el MTA representó Moyano. Por eso es que hoy discutir la unidad no se puede separar de discutir un modelo sindical que garantice libertad, democracia y representación también de los trabajadores desocupados y subocupados, que forman parte de la fuerza que hay que organizar para cambiar este país.

–¿Podría haber un acercamiento CTA-CGT en temas puntuales?

–Dentro de esta concepción que forma parte del mandato y la razón de ser de la CTA, estamos dispuestos a discutir los caminos que puedan llevar, con el menor costo y el menor grado de confrontación entre organizaciones hermanas, a encontrar la forma de que el derecho de todos a elegir en qué organización están y a qué dirigente elijan se pueda cumplir.

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