EL PAíS › LOS NOMBRAMIENTOS Y LA CEDAW

Mujeres al poder

 Por Mariana Carbajal

“Kirchner pudo ser reelegido como Presidente pero le dejó el lugar a otra mujer. Por más que desde ciertos medios se construya otra lectura, Kirchner transmitió el mensaje de la paridad en el poder, con acciones concretas”, consideró Estela Díaz y en ese sentido puso como ejemplo la promoción de dos mujeres en la Corte Suprema, Elena Highton de Nolasco y Carmen Argibay, y la designación de otras dos al frente de carteras históricamente manejadas por varones como la de Defensa, donde todavía se destaca Nilda Garré –que ha impulsado una revolución al interior de los cuarteles en materia de género–, y en Economía, donde en noviembre de 2005 fue nombrada Felisa Miceli, para reemplazar a Roberto Lavagna. Tanto Garré como Miceli fueron las primeras mujeres en llegar a conducir esos ministerios en la historia del país.

Para Mabel Bianco, titular de la Fundación de Estudios e Investigación de la Mujer (FEIM) e integrante del Comité Nacional de la UCR, un hito en la gestión de Kirchner fue el empuje que le dio a la ratificación del Protocolo Facultativo de la Convención contra toda forma de discriminación hacia la mujer (Cedaw, por sus siglas en inglés), un ferviente reclamo del movimiento de mujeres. Es el tratado de derechos humanos más importante para la protección de las mujeres. El Estado argentino lo firmó el 28 de febrero de 2000, pero debía ser ratificado por el Congreso. Durante la presidencia de Fernando de la Rúa se había enviado al Senado, pero Duhalde lo retiró. “Recuerdo que hubo que llegar hasta Néstor Kirchner para conseguir que impulsara su aprobación. Era un tema muy importante y necesitábamos que se destrabara al más alto nivel”, rememoró Bianco. Por entonces, la Argentina era el único país del Mercosur que no lo había ratificado. Y había fuertes presiones de la jerarquía católica en contra de su aprobación. Los obispos pretendieron presionar a cada uno de los senadores. El Protocolo creó dos mecanismos para la mejor protección internacional de los derechos de las mujeres. Uno es el mecanismo de quejas individuales para víctimas de una violación de los derechos consagrados en la Cedaw y el otro le da competencia al comité para investigar violaciones graves de los derechos de las mujeres.

Las principales críticas a la ratificación del Protocolo en el Senado las formuló la puntana Liliana Negre de Alonso, de reconocida militancia en el Opus Dei, quien lideró meses atrás la oposición al matrimonio civil igualitario en la Cámara alta. Kirchner una vez más se ubicó en los antípodas de la senadora puntana. En la Cámara de Diputados, fue crucial, recordó ayer Díaz, el papel de Néstor Kirchner para defender la reforma al matrimonio civil al interior del bloque del PJ: “En ese momento se barajó que podía renunciar a su banca para dedicarse exclusivamente a conducir la Unasur, pero sé que él no quería irse de Diputados sin votar el matrimonio civil igualitario”. Su compromiso con la igualdad de derechos para el colectivo LGBT venía desde su gestión al frente del Ejecutivo, y se plasmó, entre otros aspectos, en el Plan Nacional contra la Discriminación, que impulsó por decreto durante su Presidencia.

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