EL PAíS

Una fila para elegir color de piel

 Por Alejandra Dandan

Entre las escenas que Rosa Roisinblit recordó a modo de denuncia, habló de la ESMA. “Hay muchas historias para decir hasta dónde llegó la audacia de la dictadura”, dijo. “Como para citar un ejemplo: la gente que estaba secuestrada en la ESMA, las chicas embarazadas, las ponían en fila, mientras las esposas de los marinos iban pasando y mirando el aspecto y elegían si querían una rubia de ojos celestes o les gustaba un varón de ojos negros y así, esa era la audacia que tenían, la crueldad que tenían, la aberración que tenían, al elegir ellas por la apariencia de la madre el bebé que iban a tener”.

Rosa Roisinblit hizo de todo en esos años. ¿Usted dígame qué no hice?, preguntó varias veces. Viajó a Naciones Unidas para denunciar lo que estaba pasando en el país, buscó en Estados Unidos los métodos genéticos para identificar a los nietos; visitó al papa Juan Pablo segundo para llevarle la tercera carpeta que le presentaban con denuncias; estuvo en la Embajada de Israel, en la DAIA: de todos lados se fue con las manos vacías. “Los jueces no sabían qué hacer con los chicos que recibían –dijo en un momento– porque no había antecedentes en el mundo entero de chicos secuestrados por razones políticas.” ¿Usted dice que los jueces no sabían de dónde llegaban los niños?, le preguntó la presidenta del Tribunal María del Carmen Roqueta. “Si yo creo que sí sabían, pero parece que las instrucciones eran no devolvernos los nietos.”

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