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De la boca de Baseotto

En declaraciones emitidas en los últimos días, monseñor Antonio Baseotto dijo que la prensa había sacado de contexto sus expresiones. Sin embargo, una nota de Horacio Verbitsky publicada el martes último por este diario recopila otras frases pronunciadas en la última década, cuando era obispo de Añatuya. Estas son algunas de ellas, lo que pone en evidencia cuál es su pensamiento:

- “Si no hay que olvidarse de Cabezas, tampoco hay que silenciar la muerte que provocan los abortos. No sabemos si Cabezas era inocente o no, pero sí nos consta que la criatura en gestación es inocente”.

- “Nos hacemos cruces por las víctimas de los nazis: había segregación racial y se eliminaba a quien no era de raza aria. Y segregar al que no ha nacido, ¿no es un crimen abominable?

- “Ponemos el grito en el cielo por los desaparecidos en la represión. ¿Y quiénes defienden a los desaparecidos por el aborto? ¿No habrá madres que se paseen por la Plaza de Mayo con un pañuelo blanco en la cabeza por ellos?

- “Quienes expenden bebidas alcohólicas a los adolescentes merecen que les cuelguen una piedra de molino al cuello y los tiren al mar”.

- “Europa, desdibujada en su identidad, que ha renunciado a sus raíces cristianas, el fenómeno musulmán produce un tembladeral y la lleva a una agonía inexorable, a un colapso como pueblo”.

- “El pecado mayor de las FF.AA. y de Seguridad fue el de la soberbia: creerse dueños de vida y hacienda de otros ciudadanos. Con los años transcurridos han experimentado una saludable purificación. Y la han sufrido con una entereza ejemplar. Creo que son un modelo a tener muy en cuenta hoy para construir una nueva Argentina”.

- “Pedimos hoy por los que fueron víctimas del terrorismo y de la subversión: militares y civiles, de uno u otro lado. Hubo idealistas y delincuentes. Se trató de una guerra. Y en una guerra es imposible evitar los excesos”.
En esa misma nota, este diario reveló que quien acompaña a Baseotto como canciller y secretario general del Obispado Castrense es el padre Alberto Angel Zanchetta, quien en 1977 era capellán de la ESMA. Allí asistía espiritualmente a los miembros de los grupos de tareas que arrojaban prisioneros al mar en los vuelos de la muerte.

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