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El descargo de Pernías

La mayoría de los dieciocho represores procesados se negó a declarar cuando fue citado por el juez Sergio Torres. Pero no todos callaron. Si bien intentaron culpar a sus superiores o justificar sus crímenes en base a una supuesta “guerra contra la subversión”, los que hablaron no hicieron más que ratificar las acusaciones en su contra. Uno de ellos fue Antonio Pernías, el represor que junto con Juan Carlos Rolón fue dado de baja al confesar en el Senado que aplicó torturas en la Escuela de Mecánica de la Armada. Pernías admitió que se desempeñó como integrante del sector de inteligencia de la unidad de tareas 3.3/2 y en el Centro Piloto de París. “Finalizada la guerra, la Armada me destinó a las escuelas y unidades correspondientes a su jerarquía. Esto lo considero un reconocimiento a cualidades profesionales y éticas probadas en cumplimiento del deber. Pasé a retiro ante la imposibilidad de salvar o contrarrestar las presiones mediáticas que ejercían sobre la Comisión de Acuerdo (del Senado) determinados organismos o medios, particularmente Página/12”, dijo Pernías. El represor no se animó a admitir cuál era el destino final de las víctimas: “Era una decisión tomada en niveles superiores de conducción, corresponde por lo tanto que la metodología empleada sea respondida por quienes tuvieron esa responsabilidad”.

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