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“Resistiré”, del romance clásico a la búsqueda de la inmortalidad

La tira de Pablo Echarri y Celeste Cid prepara el final salpicando sus historias con pura ciencia ficción, lejos del formato histórico.

Por M. B.

La tira fue una destructora de géneros establecidos desde su comienzo. Y ahora que el final de “Resistiré” (Telefé, a las 22) es inminente, a los guionistas parece habérseles descarrilado la pluma hacia lugares más incómodos para la pantalla histórica del canal, pero más sugerentes para el televidente atento. Con la promesa de encontrar un elixir de la vida eterna, la tira que nació a principios de temporada como novela romántica y pasional, viró hacia el thriller de ciencia ficción con ribetes de transgresión casi desmedida. Y en ese viraje hubo escalas intermedias que pocas veces se vieron en un horario central: en el viaje hubo muertos, heridos, infieles, fieles (pero un poquito), fiesteros, alcohólicos, gays, travestis, científicos despojados de su ética, en fin, una romería de personajes extraños, unidos, siempre, por la clásica historia de amor.
A principios de año, la tira amenazaba convertirse en uno más de los elementos de exportación de Telefé Contenidos, pero su trama compleja, sus guiños hacia la acción, su trasfondo vanguardista hacia temas “difíciles” parece haber espantado al mercado latino (más acostumbrado a quedarse en el primer escalón) de una posible compra. Todo parecía encaminarse hacia una historia de engaños amorosos entre un empleado (pobre, claro) y la mujer del jefe, en la propia casa de quien había tenido la gentileza de contratarlo. Componían, ambos, un conocido juego de pasiones desatendidas, sentimientos encontrados, silencios, miradas cómplices, juego de fuerzas entre dos hombres, uno sin nada y el otro con todo.
Pero “Resistiré” es una historia de hombres comunes a los que les pasa algo extraordinario. Y ellos son conscientes de ser comunes. Todo había comenzado con un cruce amoroso entre Diego y Julieta: Diego era un sastre que volvió a la casa de sus padres tras haber sido estafado por su ex mujer. Julia Malaguer Podestá estudiaba psicología y comenzaba a trabajar en la empresa de su novio, Mauricio, un empresario millonario, quien terminaría siendo un mafioso que sólo la quería para tener un hijo con ella que lo salvase de una compleja enfermedad. Completaba el cuadro Martina, quien venía de estar internada en una clínica psiquiátrica. Desde el segundo capítulo, cuando Diego y Julia se conocieron el flechazo fue inmediato. Pero ya por entonces, Martina hablaba de un accidente donde había muerto Nicolás, su hijo. Recién ahora, Martina comienza a entender que su hijo fue asesinado por Mauricio.
Diego (Pablo Echarri) es el galán: ese protohombre porteño, mezcla de fierita y chabón de barrio, capaz de enamorar a la más coqueta, y Julieta (Celeste Cid), una mujer por la cual los hombres darían la vida. Pero no, o casi que no: Echarri no sólo representa a ese prototipo, sino que adopta guiños heroicos que lo cambian de formato (y casi de canal). Y no son los hombres los que dan la vida por Julieta, sino que su poderoso esposo está dispuesto a sacrificarla para lograr la vida eterna. “Resistiré” destrabó varias lógicas del guión de telenovela. A pocas secuencias del final, Martina está embarazada de Diego (que ya no la quiere) y vive con su amante (Pablo Rago). La madre de Santiago tuvo un romance con su sobrino. La única imagen fuerte de familia estable (no olvidar que se trata del “canal de la familia”) parece estar en Eladia (Claudia Lapacó) y Ricardo (Hugo Arana), unidos ante la adversidad.
La “verdad” va siendo descubierta por esos personajes “normales” (“yo sabía cuánto costaba el filtro del café, sabía el precio de la lechuga. Quiero volver a ser una persona común”, dice Martina). Pero no hay vuelta atrás en la trama. De a poco, a los hombres “comunes” del principio les fue cayendo la ficha: ya no son normales, y a ese descubrimiento se ha dedicado la serie en los últimos días, acercándose a “la verdad” con demasiada celeridad. En la búsqueda del elixir de la vida infinita, al padre de Julia, científico experimentado, poco le importa que su hija sea utilizada por Santiago para conseguir la vida eterna. El hombre, siempre de guardapolvo, se pone del lado de aquella idea que dice que la investigación científica avanza más allá de la ética. El científico escapaz de ignorar conscientemente que trabaja para un mafioso, capaz de matar a quien sea necesario. Y, en el medio, un poco de normalidad: la jueza que puede descubrir la verdad se “da vuelta”, y negocia con Santiago. Diego estuvo a punto de morir varias veces, pero los guionistas supieron salvarlo a tiempo. Primero iba a morir en la tortura, después pareció morir en una explosión, pero no. Habrá que ver si no es él (y no su jefe) el verdadero poseedor de la vida eterna.

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