ESPECTáCULOS › “JEEPERS CREEPERS 2” O EL MONSTRUO ALADO VERSUS LOS ADOLESCENTES EN CELO

Cuando el terror se vuelve a tomar en serio

En un jueves de novedades para el olvido, pródigo en remakes y segundas partes, la continuación de la saga gore producida por Francis Ford Coppola tiene al menos el mérito, en el mundo post-Scream, de devolverle al género de terror su sentido primigenio.

 Por Martín Pérez

“¿Dónde conseguiste esos ojos?”, pregunta la letra del viejo tema de Johnny Mercer que le sirvió al director y guionista Victor Salva para bautizar dos años atrás la primera entrega de lo que parece llamado a ser una nueva saga de películas de terror, producida nada menos que por Francis Ford Coppola. Aunque lo llegaron a grabar desde Louis Armstrong hasta Oscar Alemán, la ejecución por radio de la versión de Paul Whiteman del tema Jeepers Creepers era, en aquel primer film, el prólogo para cada aparición del monstruo alado de Salva.
En este Jeepers Creepers 2 la canción brilla por su ausencia, con lo que el bautismo del film ya no tiene razón de ser. Pero lo que justifica esta segunda película son sencillamente aquellos 40 millones de dólares de recaudación logrados con un presupuesto de una cuarta parte de esa ganancia. Por eso, quienes realmente importan están presentes: Salva, Coppola y, por supuesto, también su diabólico monstruo alado.
Una de las cosas que sorprendió de la Jeepers Creepers original era su vocación por intentar hacer una película de terror en serio en un mundo post-Scream. Es decir, en un universo poblado de películas de género que –salvo la sorprendente excepción de The Blair Witch Project– lo único que hacían era burlarse y dejar en evidencia las reglas de ese género, Victor Salva se atrevía a intentar a volverse a tomar en serio eso de hacer “una de terror”. Si lo mejor de aquel intento eran los momentos en los que aún no se sabía bien con qué clase de monstruo lidiaban sus jóvenes protagonistas, en esta Jeepers Creepers 2 todo está claro desde el comienzo.
Se trata de un monstruo alado, prácticamente indestructible, que duerme durante 23 años y, cada vez que despierta, asola una desolada región del medio oeste estadounidense durante 23 días. Y que desde el mismo prólogo del film se cobra su primera víctima, el hijo de un –a partir de entonces– obsesionado granjero llamado a ser el Ahab de un monstruo imposible que será su propia ballena blanca.
Con todo un micro lleno de estudiantes perdido en medio del campo como objetivo, Jeepers Creepers 2 es una película de aventuras más que una de terror. Aislados en la ruta, y cargados de testosterona, los muchachos irán perdiendo entusiasmo con la caída de la noche y el paulatino descubrimiento de un peligro que cada vez más se descubre como decididamente mortal. Sin el efecto sorpresa de la primera película, pero con una confianza en el género y una genuina vocación de exprimir hasta la última gota cinematográfica de una historia bastante pequeña, esta segunda Jeepers Creepers cumple a la hora de intentar tomarse en serio. Aun cuando entretenga más que asuste y abrace la épica de la aventura antes que las profundidades insondables del terror más puro.

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Aislados en la ruta y cargados de testosterona, los chicos y las chicas pierden entusiasmo ante el peligro.
 
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