ESPECTáCULOS › UNA MIRADA SOBRE LO QUE SUCEDIO EN LA ESCENA DURANTE LA TEMPORADA PASADA

Un triunfo para los que nunca se agotaron

Los negocios del rubro volvieron a oír el dulce tintineo de las registradoras, pero lo más sustancioso estuvo sobre el escenario. En el año en que Metallica tiró la toalla, el rock argentino exhibió aguante, creatividad, espíritu comunitario y ganas.

 Por Eduardo Fabregat

2003, ¿fue bueno o malo? Para los millones de argentinos debajo de la línea de la pobreza, hablar siquiera de lo que pasó en la música parece un mal chiste. Hecha la salvedad, no queda más que concluir que, para la escena rockera local, 2003 fue un buen año. Un año raro, un año de compre nacional, de salir al escenario, de cantar buenas canciones, de volver a estar al tanto de lo que sucede en el mundo aunque fuera por música envasada o downloads de Internet, un año de ceremonias multitudinarias y esperanza al palo. Con la piel curtida de tanta crisis, el rock volvió a mostrar su elasticidad de cintura, y produjo cosas como las que a continuación se describen.
Clink, caja
La industria discográfica tuvo un año para el optimismo. Según el informe anual de Capif, las paupérrimas cifras de 2002 (6 millones de unidades vendidas, por un importe de poco menos de 83 millones de pesos) levantaron un 74 por ciento, para instalarse en 10.606.495 unidades vendidas por un total de $141.253.238. De esos totales, casi 5 millones de unidades (lo que engloba CD’s, casetes y CD singles) corresponden al repertorio local, 3 millones a artistas angloparlantes y casi 2 millones a artistas “en español”. La venta de DVD’s musicales creció un 105 por ciento (125 mil unidades) y la de videos un 609 por ciento (casi 30 mil unidades). El mes más flojo fue febrero, pero a partir de marzo las ventas nunca cayeron debajo de las 800 mil unidades mensuales.
La contracara del asunto fue el avance de la piratería: según Apdif, se considera que en la Argentina el mercado pirata ya representa más del 55 por ciento, y eso contando sólo las copias procedentes de algún laboratorio trucho. No hay manera aún de medir el impacto del download en Internet, tema que en Estados Unidos desató este año una caza de brujas a la Gran Hermano, con citaciones judiciales a usuarios (las más risibles, a una piba de 12 años y a una señora de más de 60) y vigilancia parapolicial de las conexiones en campus universitarios y en grandes proveedores de Internet.
Un dato ayuda a comprender por qué la piratería avanza y muchos pibes prefieren evitar conseguir música en el mostrador de la disquería: a comienzos de año, el impacto de la crisis 2002 puso el precio promedio de productos musicales en $13,72. Después de ese febrero de bajas ventas, el promedio bajó a $11,97, produciendo un repunte de ventas de casi 400 mil unidades. A medida que las cifras se fueron estabilizando y creciendo, el precio de venta al público subió hasta ubicarse en un promedio de $15,77 en octubre y $15,06 en noviembre. Y cualquier habitué de disquería sabe que comprarse un CD significa sacar de la billetera un mínimo de 24 pesos en el caso de los artistas internacionales, y 20 en el caso de los nacionales, salvo honrosas excepciones. En un momento en el que abundan las voces histéricas y las declaraciones grandilocuentes, el debate sobre quién está pagando los platos rotos sigue abierto.
Tocar, tocar, tocar
Sumando la falta de competencia en visitas internacionales, la certeza de que ante la crisis no hay nada más efectivo que salir al ruedo y sus buenos momentos artísticos, varios grupos hicieron un balance positivo. La Bersuit tuvo otro premio a años de persistencia, y no sólo colocó a su triple platino De la cabeza entre los diez más vendidos de 2003 (en el séptimo lugar, único exponente del rock en un top ten dominado por Luis Miguel, Los Nocheros, Bandana y Piñón Fijo), sino que además protagonizó seis Luna Park repletos y la noche más convocante del Quilmes Rock. Las Pelotas arrancó el año con Cosquín y shows en Hangar y lo terminó contabilizando cuatro funciones en Obras, un disco notable (Esperando elmilagro) y el hit Será. Babasónicos hizo el doblete Obras-Luna Park, y liquidó su temporada con Infame y la sensación de que todavía tiene más camino para crecer, doble valor para una banda muy alejada de la pegada fácil del rock más sanguíneo. Los Piojos se mostraron en shows multitudinarios por el interior, y se sumaron al reducido club de los que llenaron la cancha de River, a pura Máquina de sangre. Divididos abrió la actividad con un show en Obras al aire libre para 20 mil personas, se dio el gusto de tocar Despiértate nena con Spinetta en el Quilmes Rock, y en el Gran Rex replanteó sus canciones en un formato delicioso, retratado en el doble Vivo acá y en otras tres funciones a sala llena. Con Desde cero, Los Pericos cosecharon shows en el Luna Park y el Gran Rex. Catupecu Machu llevó adelante el ciclo Cuadrafónico 5.1 en el Roxy y dio otro show caliente en el Quilmes Rock. Los Auténticos Decadentes brillaron con Sigue tu camino. Attaque 77 (que despidió 2003 tocando Antihumano en El Teatro) y Karamelo Santo se cansaron de girar por Europa, y La Renga, si bien no tuvo shows grandes en Capital, dio señas de vida con Detonador de sueños y lo presentó en Córdoba y La Plata. Los rockeros La 25 llegaron a Obras, e Intoxicados sorprendió bien con No es sólo rock and roll y el hit Una vela. Y hasta Rata Blanca, recuerdos de los ‘80, se dio el lujo de girar por el exterior y tocar en el Gran Rex con Glenn Hughes. Los festivales San Pedro Rock, Carlos Paz Music, Rocksario, Baradero, Oye Reggae y sobre todo los megaencuentros de Cosquín y el Quilmes Rock demostraron que la escena goza de excelente salud. Y nombres como Mimi Maura, Pequeña Orquesta Reincidentes, La Portuaria, Doris, Me Darás Mil Hijos, A Tirador Laser, Los Natas, Boom Boom Kid, Arbol, Sergio Pángaro, Pez, Estelares, Intima, Massacre y Christian Basso garantizan música y más música... de la buena.
Solos en la cancha
Para los solistas, el año tuvo sus bemoles. Charly García ganó el Gardel de Oro pero también se juntó con Carlos Menem, un día antes de que el Gran Rematador de la Argentina arrugara en el ballottage con Néstor Kirchner. También actuó en el aviso del casamiento García-González, tocó en localidades del GBA como Say No More y cerró su año en el Luna Park, pero editó un Rock and roll Yo muy por debajo de Influencia. Fito Páez presentó en un Gran Rex lleno Naturaleza sangre, pero ver a Marcelo Tinelli cantando sonriente “hay que salir al sol...” cada noche produjo una sensación rara. En silencio y sin amedrentarse por chistes como el de la genial Barcelona (“Cerati se queda dormido en su propio concierto”), Gustavo Cerati sacó las Reversiones de Siempre es hoy, giró por Latinoamérica y tocó para públicos extasiados en el Luna y el Gran Rex. Luis Alberto Spinetta lanzó un gran disco, Para los árboles, y dio nuevas lecciones de maestría en el Rex. Pappo sorprendió con Buscando un amor. Vicentico dejó atrás el fantasma Cadillac, reventó varias veces La Trastienda y liquidó el año en el Luna. Andrés Calamaro regaló un centenar de canciones por Internet y amenaza volver al formato clásico de edición musical con El cantante. León Gieco hizo tres Luna Park (grabados para El vivo de León) y un estadio de Ferro. Kevin Johansen pegó fuerte con su hit en Resistiré, pero en el Gran Rex demostró que es mucho más que eso. Y Skay Beilinson, más allá de los cantitos que piden “que se vuelvan a juntar”, demostró largamente que puede sin los Redondos, y puso el cuerpo a una serie de noches calientes en El Teatro, para terminar con un vibrante show en Obras.
¿Nadie nos quiere?
Se sabe: el único nombre grande-grande anunciado este año, Metallica, hizo la gran Menem y arrugó. Los shows internacionales, entonces, quedaron reducidos a lo que se pudiera conseguir por el dinero que había, o los que resignaran ganancias, o los que quisieran venir a la Argentina como fuera. El recuento incluye a números fuertes del pop latino como Juanes, Jarabe de Palo (ambos en el Gran Rex) y Shakira (River), pero también a Molotov (una única, amarreta función en El Teatro, presentando Dance and dense denso), Café Tacuba (Quilmes Rock y El Teatro, mostrando su exquisito 4 caminos), Paralamas (dos funciones en el Gran Rex y otra en el Luna) y Enrique Bunbury (Obras). Bryan Ferry llegó casi de sorpresa para dar un show notable en el Rex, Joe Satriani hizo lo suyo en el Luna, Die Toten Hosen demolió el mismo lugar y se destacó en el Quilmes Rock, Goran Bregovic convocó a un público heterógeneo en el Luna. Y hubo ofertas atípicas como The Breeders (La Trastienda), Mad Professor (vino ¡dos veces!, aunque en la segunda se enojó y se fue sin actuar), Victor Rice, Albert Plá, Stratovarius, Helloween, Kid Loco, Tom Zé, Peaches y Gus Gus. También abundaron los DJ’s de todo el mundo (sobre todo en el Creamfields, que juntó 30 mil danzarines en Puerto Madero), cuyos gastos de producción resultan acotados y adecuados a la situación local.
En cuanto a Metallica, pocas veces se vio algo tan vergonzoso en el medio argentino. Con las entradas totalmente vendidas, el grupo se declaró “mental y físicamente agotado”, intentó justificar lo inexplicable –incluso ofreciendo reportajes con su preparador físico– y poco después ofrecía una serie de fechas en Japón y una gira de 20 shows en 30 días por Europa. Un yen, un euro, claro, no son un peso argentino. Y el service charge de las entradas no lo devolvió nadie.
Afuera
Al compás del repunte de ventas, este año hubo una inusual cantidad de ediciones de artistas extranjeros, lo que permitió estar bastante al tanto de lo que sucedía en el resto del mundo. Que pareció latir al compás del llamado retro rock, gracias a la ruidosa labor de gente como The Strokes (con Room on fire, segundo disco que poco agrega a lo expresado en el debut), The White Stripes (el notable Elephant), Yeah Yeah Yeahs o Kings of Leon. Pero las islas británicas dieron excelentes señales con los nuevos discos de Radiohead (Hail to the thief), Blur (Think tank) y Massive Attack (100th. window), los tres hermanados por sus referencias a Tony Blair, George Bush y la guerra en Irak, cuestión que dio pie a más de una protesta musical a nivel planetario. También hubo lugar para lo nuevo de Travis (12 memories), Super Furry Animals y The Coral, Goldfrapp (Black cherry), una buena recopilación (en medio de una verdadera avalancha de grandes éxitos) de Pulp, el debut de The Music, las nuevas obras de veteranos como David Bowie (Reality), Iggy Pop (Skull ring), Nick Cave (Nocturama), Annie Lennox (Bare), Ry Cooder (Mambo sinuendo) y Metallica (St. Anger, un disco nada cansado). El hip hop tuvo sus mejores exponentes en la banda de sonido de 8 Mile (Eminem, ganador de un Oscar), y el demoledor doble de Outkast (Speakerboxxx/The love below); el rescate histórico dio pie al triple en vivo How the west was won (o Led Zeppelin en su mejor momento), Let it be... naked (The Beatles sin Phil Spector) y Concert for George, con varias estrellas homenajeando al Beatle más tranqui.
Final y una pregunta
En 2003, también, Madonna le rompió la boca en vivo a Britney Spears, Michael Jackson volvió a ser noticia por amanecer meado y no por sus canciones y un montón de chicos y chicas ganaron concursos televisivos, grabaron su disco y se perdieron en la noche. La pregunta es: ¿A alguien le importa?

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La Bersuit tuvo un año mágico, con seis Luna Park y 120 mil copias vendidas por De la Cabeza.
 
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