ESPECTáCULOS › “LA SONRISA DE MONA LISA”

Otra vez la escuela

 Por Horacio Bernades

Subgénero cinematográfico codificado, una convención de hierro de todo drama educativo indica que el alumno más rebelde terminará siendo el discípulo más fiel. Así es desde Semillas de maldad, pasando por Al maestro, con cariño y La sociedad de los poetas muertos. Así es en La sonrisa de Mona Lisa, donde Julia Roberts encarna a una profesora universitaria tan bienintencionada como sus predecesores. El aire de época marca las pequeñas variantes: mientras Semillas... y Al maestro... eran fábulas sociales reaccionarias, en las que los disidentes eran domesticados por maestros ciruela, La sonrisa... se muestra tan en sintonía con el progresismo light de la época como lo estuvo La sociedad....
Ubicada a comienzos de los ‘50 y como si fuera una clase magistral, La sonrisa... expone su tesis en los primeros minutos, destinando las dos horas siguientes a su desarrollo y demostración. Sobrevoladas por el comentario en off, las imágenes iniciales muestran a Katherine Watson, joven docente de historia del arte contemplando, en el tren que la lleva a Nueva Inglaterra, una reproducción de Matisse. Seguramente, si fuera profesora de historia leería un libro de Herodoto, y así sucesivamente. Al bajar del tren, la narradora (aquella alumna díscola y a la larga conversa) define argumento e intenciones: “Watson era una bohemia de California a punto de ingresar al college más conservador del país, donde dejaría su sello impreso para siempre”.
Enfrentada a una institución que es la tradición encarnada, la batalla de Mrs. Watson se da en terrenos paralelos pero confluyentes. En clase, bajará los humos de sus alumnitas (hijas de lo más granado de la sociedad, una de las colecciones de sabelotodos más irritantes jamás vista) y les enseñará que la historia del arte no terminó a mediados del siglo XIX. Fuera del aula, predicará con el ejemplo de qué se trata eso de la independencia de la mujer, asesorando a la prometedora estudiante (Julia Stiles) para que no resigne su carrera ante el altar, haciendo migas con la promiscua del curso y manteniendo una relación libre con el profesor de italiano (el británico Dominic West), lo más parecido a un latin lover por allí.
Moderna y machaza, Watson enfrentará a su enemiga, la Susanita de su promoción (Kirsten Dunst), aunque sea la hija de una dama influyente. Todo es lineal y transparente, pero cuando los conflictos amenazan con recrudecer sobrevendrá un baño de dilución con toques de comedia, bailes y canciones, así como un diseño de producción que reproduce modas, costumbres y vestuario de época. Si la sangre no llega al río es porque hasta los más recalcitrantes tienen buen corazón. Dirigido por ese especialista en agradar que es Mike Newell, La sonrisa... no está destinado a agitar conciencias, sino a tranquilizar al público con promesas de suaves progresos culturales, que pueden lograrse sin necesidad de arrugar el chalequito de banlon.

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