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Quimeras de un mundo sin palabras, a pura imagen

Un documental que comenzará a emitir hoy Canal (á) cuenta la historia del cine cómico mudo, un género con genios como Charles Chaplin y Buster Keaton que durante 35 años fue sinónimo de entretenimiento de masas.

 Por Oscar Ranzani

Desde aquel lejano 28 de diciembre de 1895, en que los hermanos Lumière presentaron el corto El regador regado, el cine cómico mudo quedó patentado como una nueva forma de expresión. A partir de entonces actores inolvidables pasaron por la pantalla gigante parodiando, haciendo uso del slapstick (palo para golpear) y dando y recibiendo tortazos indiscriminadamente. Un especial de Canal (á) abordará el tema, dividido en dos partes, en el marco del ciclo Movimientos de la Cultura Universal. La primera –que se emitirá hoy a las 20– relata el surgimiento del cine cómico mudo en Europa y Estados Unidos. La segunda –el próximo miércoles- brinda un panorama sobre la evolución del género a través de sus grandes estrellas, y su posterior decadencia en simultáneo con la llegada del cine sonoro a fines de la década del 20.
El recorrido por la etapa primitiva focaliza en dos hombres que revolucionaron el cine cómico mudo desde roles distintos: por un lado Max Linder, considerado el primer gran cómico del cine que alcanzó notoriedad a partir de la encarnación del más famoso dandy de todos los tiempos. Linder fue bautizado como el “Chaplin francés” y fue su reemplazante cuando el gran actor inglés renunció a la compañía norteamericana Essanay. Y por el otro, en Estados Unidos la madurez del género vino de la mano de Mack Sennett, un canadiense que se trasladó a California para crear su propia productora, la Keystone. Sennet fue un gran descubridor de estrellas cinematográficas como Mabel Normand y a fines de 1913 observó en el escenario de un teatro nada menos que a Chaplin, quien por entonces tenía tan sólo 23 años, y le ofreció un contrato por 125 dólares a la semana. En 1914 Sennet dirigió el primer largometraje del cine cómico: Las aventuras de Tillie, con Chaplin y Normand.
El documental realiza, por supuesto, un repaso por la trayectoria de Chaplin, desde sus inicios en la Keystone, donde participó en 35 cortos, pasando por su participación en la Essanay, hasta su desembarco en La Mutual, donde protagonizó, entre otras, Carlitos inmigrante. Este trabajo le permitió trazar sus primeras críticas sociales a los Estados Unidos. A principios de 1918 el actor que modificó los códigos del género ya tenía su propio estudio y escribía, actuaba y dirigía sus películas. Algunos de los films que recorre el especial son: El pibe (el primer largometraje dirigido por él mismo), La quimera del oro y El circo, que le valió su primer Oscar.
Tampoco podía quedar afuera Buster Keaton, reconocido por la inexpresividad de su rostro, “aptitud” que le valió el apodo de “cara de palo”. Al igual que Chaplin, Keaton también escribía y dirigía sus propias películas. Entre 1920 y 1923 rodó 19 cortos y en 1923 realizó su primer largometraje: Las tres edades. El personaje que representaba Keaton en films como El maquinista de la general o El navegante era el de un hombre que se enfrentaba a un mundo hostil y superaba las dificultades a través de una serie de acrobacias deslumbrantes, que lo llevaron a arriesgar su vida en numerosas oportunidades.
Otros cómicos históricos que tienen su espacio en el documental son Harold Lloyd y Harry Langdon. El primero inmortalizó a un personaje con aspecto de estudiante ingenuo provisto de un sombrero de paja y anteojos redondos. Fue un severo cuestionador del cine sonoro. Harry Langdon fue otro de los grandes descubrimientos de Mack Sennnett, pero a diferencia de los anteriores no fue guionista ni director de sus obras. Su rostro de niño le permitió componer en algunos films un personaje ingenuo e infantil atrapado en un cuerpo de adulto. En el especial sólo hay una breve mención para Stan Laurel y Oliver Hardy, quienes a través de “El gordo y el flaco” llegaron a formar una dupla inolvidable en el período sonoro.

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