ESPECTáCULOS › UN AMOR INESPERADO, DEL ESTADOUNIDENSE ROB REINER

Una comedia carcomida por polillas

Por H. B.

Cansancio, esfuerzo, desgaste: ésas son palabras que vienen a la mente frente a una película como Alex & Emma. Más propias de ejercicios musculares que de la soltura, la frescura, la chispa que, se supone, una comedia romántica debería tener, llevan a preguntarse si el agotamiento será atribuible sólo a quienes participaron de esta película o si se tratará en cambio de algo peor: un envejecimiento del género en su conjunto. Sobre todo, teniendo en cuenta que detrás de Un amor inesperado se halla nada menos que Rob Reiner, creador de Cuando Harry conoció a Sally.
El esfuerzo es del guión, escrito por Jeremy Leven. Este hombre había incursionado ya, con muy poca fortuna, en el rubro “ficción dentro de la ficción”, con cierto engendrito llamado Don Juan de Marco, culpable de hundir al gigantesco Marlon Brando en el barro del final. Aquí vuelve a hacerlo, imaginando a Alex, escritor en pleno bloqueo creativo (el inane Luke Wilson), a quien viene a ayudar una taquígrafa, Emma (esa reina del mohín llamada Kate Hudson). Que terminará funcionando como su editora y, tal vez, su musa. Como se trata de una comedia romántica, a esas tres funciones Emma sumará una cuarta, inevitable: la de forzada partenaire amatoria.
La triplicación de roles de Emma se cuadruplica a su vez, por obra y gracia de Mrs. Hudson. Que, en tren de lucimiento, les habrá arrancado a director y guionista una concesión digna de Alec Guinness en Los ocho sentenciados o Peter Sellers en Dr. Insólito. En efecto, en la novela que Alex escribe y el film visualiza, Mrs. Hudson encarna a cuatro institutrices bien distintas: una sueca, una alemana, una española y otra estadounidense. Algunos lo llaman versatilidad. Otros, puro y simple ego. Oscilando trabajosamente entre dos planos de relato (el de la “realidad” y el de la novela, que el escritor escribe y la taquígrafa taquigrafía), Un amor inesperado da la sensación de apelar a ese recurso para disimular la escasa convicción de la historia central. O tal vez se trate de una excusa para introducir a la étoile francesa Sophie Marceau, cuyo rostro le presta algo de lozanía al apolillado best seller de época que la contiene.
No es que Un amor inesperado moleste, irrite u ofusque. Se ve incluso con agrado, virtud que Mr. Reiner parece no haber perdido. Pero lo más festejable de la película terminan siendo los nombres de los dos actores cubanos que hacen de matones (Lobo Sebastián y Chino XL), así como la brevísima aparición de la gran Cloris Leachman, cuyos secundarios en Bésame mortalmente y La última película le aseguran para siempre la inmortalidad cinéfila. Pero acá se la ve, pobre, tan ajada como el propio género.

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