ESPECTáCULOS › TRAS EL EXITO DE LA TELENOVELA, AHORA ES UN CARTOON

Yo soy Betty, el dibujo feo

Por primera vez, una novela fue adaptada al dibujo animado, respetando la tonada regional y pasando la acción a una escuela. Así, Betty Toons prolonga la fiebre colombiana.

 Por Julián Gorodischer

Betty, la fea es, esta vez, un dibujo animado que respeta las condiciones de la fealdad televisiva: gafas, flequillo pastoso, aparatos y voz alterada. Con la aparición de Betty Toons (los domingos a las 9, en Cartoon Network) se extiende una saga que empezó en 2000, cuando el guionista Fernando Gaitán alumbró a la criatura más exitosa de la telenovela latina, Beatriz Pinzón Solano, la eficiente secretaria que llegó a la tapa del The Washington Post y alimentó el afán de generar secuelas. El dibujo, creado por el estudio de animación Conexión Creativa de Colombia, simplifica la trama hasta quedarse con la historia más clásica del nerd fustigado por sus pares en el colegio, sin la complejidad de una historia que preveía la existencia de un nuevo orden regido sólo por las condiciones de la belleza. “Quisimos generar esa doble apelación a niños y adultos, bajo el modelo
Shrek”, asume Hernán Zajek, un argentino radicado en Bogotá que vio el filón y se puso a dibujar sus monstruos.
La pequeña revolución de Betty Toons es proponer un doble regreso a lo local, por género y lenguaje. Por primera vez, una telenovela hace su traspaso animado, reivindicando el género más arraigado a la identidad colombiana. Y además lo hace respetando la tonada regional: los chicos cantan la vocal final, no marcan la erre ni la ye, eluden el doblaje neutro que caracteriza a otras producciones del canal. Perdida en la programación de la cadena multinacional, aunque en horario marginal, la Betty niña (que vive su calvario ya no en Ecomoda sino en la escuela) tiene una voz alterada similar a la de Ana María Orozco, ese cantito gangoso y con gallos que, aquí, es interpretado por una niña fan que se acercó al canal RCN a impresionar con la imitación calcada y se quedó con el doblaje. Esa historia es uno de los hits de la génesis de Betty Toons: la fan apabulló con imitaciones estudiadas de memoria, reclamó el saludo de la estrella y obtuvo el empleo. El resto del elenco respeta la tonada: Patricia, Armando junior, el amigo Nicolás también marcan el acento caribeño, en los antípodas del doblaje neutral de otros como Dexter & Co. ¿Las razones? Zajek, para empezar, intenta rescatar el valor del punto de vista local en la construcción de una trama: “En los dibujos animados hay entretenimiento y buenas historias que cada país interpreta como quiere. Nadie ha visto el demonio, entonces: ¿cómo saben los occidentales que se parece a Pokemon (tan vapuleado)? Es que para los japoneses la ternura es algo diferente que para los colombianos”.
El éxito de Betty, que ahora tendrá versiones multiestelares en inglés (ver recuadro), alienta una mística de la reivindicación lingüística. Para Zajek, el dibujo no tendría interés si no se asociara a la voz de la Orozco, aguda y molesta pero hipercolombiana. Pero si con la tonada se pautó una fidelidad sin dudas, con la trama se inició un profundo trabajo de adaptación: se peló el argumento como desmadejando capas de cebolla, quitando la complejidad social del régimen de Yo soy Betty... (ese sistema de castas inamovibles que incentivaban a la lectura política) hasta dar con una remake de Daria pero con variaciones. Betty Toons es la derivación del modelo de la nerd más famosa de MTV, sólo que aquí no se genera cofradía ni resistencia y se concibe a la fealdad como destino y no como vocación. Si Daria intelectualiza su condición y reconvierte al freak en cool, cuidando la construcción del antilook como reacción al modelo de la “rubia tarada” (su hermana), la Betty niña pretende para sí el reconocimiento de mejor alumna, el traspaso al mundo de los lindos y hasta la palmada del amo (Armando) de quien se enamora. Daria reivindica los márgenes; Betty niña sueña con el ascenso social a través de la voluntad. En vez de focalizar en el trabajo y el mérito, como ocurría en la telenovela, Betty Toons inaugura la mercancía del beso. “Por uno de la rubia, daría la vida entera”, sueña el feo Nicolás.
El límite para simplificar, según dice Zajek, era no eliminar una segunda capa de lectura. “El humor tenía que ser bastante amplio, para niños y adultos”, explica el animador. Maribel Echeverri, su socia, recuerda que el trabajo comenzó con la novela en el aire y con la intención de transponer fielmente trama y personajes en sintonía con lo que se iba viendo en los capítulos. “Debido al éxito que tenía entre los chicos, la cadena RCN empezó a fantasear con una telenovela para el público infantil”, dice. De allí en más se tomaron extrañas precauciones, como la eliminación del personaje del diseñador gay Hugo Lombardi. El ataque de corrección política no influyó sobre la caricatura de la niña-monstruo, pero sí protege a la orientación sexual. “Se decidió no incluir a Hugo porque era más prudente no dañar a un niño que se le pareciera en la vida real: los chicos verían en clase a un niño similar, y podrían burlarse de él.”

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En esta versión, Betty es una niña nerd en un colegio lleno de modelos de belleza.
 
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