ESPECTáCULOS › ENTREVISTA AL GUIONISTA BRASILEÑO DOC COMPARATO

“La PNT es algo maléfico”

El autor, que escribió telenovelas junto a Gabriel García Márquez, analiza la ficción argentina, los “chivos” y el estado de las cosas en un género que nunca pasa de moda.

 Por Julián Gorodischer

¿Hacia dónde va la telenovela? Se le pregunta a Doc Comparato, el guionista brasileño más famoso, y él contesta: “¿Qué sé yo?”. Así de conciso y terminante, como cuando derriba el mito del “intocable” (“Gabo es malísimo escribiendo guiones”) o se queja a viva voz: “Basta de publicidad en los programas”. El que habla, con estridencias, tiene algo de autoridad: escribió junto a Gabriel García Márquez la novela Me alquilo para soñar, marcó un hito en su país con la tira Retrato de mujer, dio clases en la Escuela de San Antonio de los Baños, en Cuba, y fundó el centro de creación de la Red O Globo. Es el turno de hacerlo hablar sobre las tiras argentinas: “Para el europeo somos todos iguales, como chinos: uniformados, indistintos, así en la vida como en las telenovelas, en el mismo plano la tonada colombiana y el acento mexicano. Pero ustedes, los argentinos, tienen compulsión a experimentar; siempre hay un rasgo novedoso: realismo mágico o humorismo exagerado para ampliar las fronteras del género”.
Con ademanes de estrella, sombrerito vistoso y dardos para regalar a cualquiera, el guionista Comparato llegó a la Argentina invitado por la producción del Festival de Telenovela Iberoamericana (que se hará en Punta del Este, en marzo de 2005), listo para derribar mitos canónicos, como aquel que define a Gabo como “bueno en todo”. De su experiencia de escritura conjunta con el colombiano, surgen otras conclusiones. “Gabo .dice– es un excelente novelista, pero un pésimo guionista. Es demasiado creativo, se va a un mundo mágico, se sale de la estructura de la escena. Trabajar con él es repetir: ¡No, Gabo! Con él todo queda abierto bajo premisa: quizás es verdad. Y el guionista debe ser esclavo de la acción dramática.”
Para un mapa de la telenovela en 2004, Doc dirá que la Argentina borra fronteras entre géneros, por añadir tanto humor, absurdo y realismo mágico insertos en tiras como Soy gitano, Culpable de este amor y Padre Coraje. Se ve un fenómeno curioso: más guionistas que productores, a diferencia del panorama europeo, que llora la falta de ideas. A cada país, una peculiaridad. “Las telenovelas mexicanas son historias concentradas en unos pocos personajes. Las brasileñas, en cambio, necesitan muchos núcleos dramáticos. Las colombianas son más rápidas y con argumentos clásicos”, dice.
–¿Y las argentinas?
–En las tiras argentinas, a pesar de todas las dificultades de producción, hay siempre un ingrediente novedoso: es una compulsión a experimentar. Pero se pasaron con las PNT: todo tiene que dar ganancia. Cuando hay un exceso, se destroza la trama. Ya no es ficción; es un comercial oculto.
–Los Roldán, Los secretos de papá, Padre Coraje, ¿las define como telenovelas?
–El género se modifica y el arte no es estático. El drama es cada día más veloz, tiene más accidentes por episodio, es más concentrado. Y la gente es menos romántica, alterna entre cotidianidad y fantasía, pide protagonistas y antagonistas más complejos, en una tendencia a acabar con la heroína tradicional. Aun en las tiras de época se ve más complejidad, más velocidad, en telenovelas más cortas que esfuman los límites entre la novela y la miniserie.
En la Argentina, según aporta la guionista Adriana Lorenzón de Los Roldán (el programa local más saturado de avisos), “el chivo es dramático para el guionista: hay 90 PNT (Publicidad No Tradicional) por capítulo”. Así, el panorama argento incluye riesgo para contar, diluye el límite con lo fantástico (en 2004, como moda pos Resistiré, cuando Gianella Neyra se codeó con sectas, manipulación genética y hasta un robot humano en Culpable de este amor). Pero también es víctima de una cruzada por laventa compulsiva. Si para el guionista local “es una barbaridad tal saturación de PNT”, el guionista brasileño, más escéptico, lo concibe como un proceso sin retorno en el que su país lleva la delantera.
–En Brasil ya hay guionistas jóvenes que están estudiando guión para aplicar a publicidades, como si fuera una especialidad. Y son contratados exclusivamente para decidir dónde insertar el chivo: forman parte de un departamento de cada canal que estudia posiciones de encaje, tienen la idea, la insertan. Yo jamás recibí dinero de esas publicidades.
–¿Cuáles son sus razones en contra de la publicidad en programas?
–Que es casi una ciencia maléfica. Las personas se enamoran frente a cajeros, se pelean delante de una gaseosa. No pensemos que la gente es estúpida: van a detectarlo y van a reaccionar. Yo siempre prefiero creer que el público tiene más capacidad que yo.
–¿Qué otros problemas unen a las ficciones de ambos países?
–Los productores compran el guión argentino y lo hacen en Brasil. Y los guionistas quedan en una situación difícil, incontrolable; no cobran por esa venta. Y terminan pidiendo lo mínimo: hagan lo que quieran con la obra pero mantengan nuestros nombres. Es la muerte del derecho de autor en el plano comercial.
–Como el modelo agroexportador, pero aplicado a novelas...
–La integración en el Mercosur es más comercial que cultural: no hay experiencias de mezclar hasta dar con un producto híbrido que respete las identidades locales. Lo que en Europa es un fenómeno cotidiano, a nosotros nos resulta imposible.

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“Gabo es un excelente novelista, pero un pésimo guionista”, afirma Comparato.
 
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