LA VENTANA › MEDIOS Y COMUNICACION

La interactividad es la clave

La antropóloga Marta Riskin señala que la interactividad es la clave, pero que su valor está supeditado también a la adopción de políticas públicas que la hagan posible.

 Por Marta Riskin *

“Prometeo es aquel héroe que amó tanto a los hombres como para entregarles, al mismo tiempo, el fuego y la libertad, las técnicas y las artes.”
Albert Camus, Prometeo en los infiernos, 1946

Un mismo fuego puede servir para cocinar o incendiar la casa y, por fortuna, distinguimos con cierta frecuencia entre ambas aplicaciones, aunque desestimemos otros reconocimientos de naturaleza similar. Probablemente, ciertas fantasías decimonónicas colaboren para que desdeñemos experiencias históricas y olvidemos que los sistemas políticos democráticos tanto pueden consolidar rancios privilegios medievales como promover la equitativa distribución de la riqueza, el acceso al trabajo, la educación y la salud de las mayorías.

También es cierto que la confusión entre las notables discrepancias que separan las autopistas a la tiranía que proponen fundamentalismos variopintos y la ruidosa pero fértil participación popular, requiere la aceptación previa, consciente o inconsciente, de distintos modelos éticos y hasta estéticos.

La multiplicidad de opiniones es la materia prima que construye comunidad en diversidad, pues fomenta la escucha, incrementa la conciencia de los límites del propio punto de vista y permite que nos atrevamos a apreciar las diferencias y elegir las voces que mejor nos expresan. En cambio, el monopolio del discurso siempre abusa del oxímoron, exige la instalación de falsas antinomias y el rechazo a sus evidentes contradicciones, como cuando enuncia teóricos valores republicanos y niega a los gobiernos democráticos la facultad de fijar políticas públicas. Las palabras jamás son neutrales. La genuina participación ciudadana acostumbra expresarse en debates que restituyen a la palabra su modesta dimensión humana, tan lejana de verdades reveladas por los dioses del Olimpo, cuanto del silencio de los cementerios. La Interactividad es la clave.

Una misma herramienta puede utilizarse para trozar leña y desbrozar caminos. Conocemos escritores que firman sus ideas, otros que redactan libretos a cuenta y orden de los productores del espectáculo político y quienes combinan lucrativamente ambas tareas. La separación entre economía y política puede resultar útil en el trabajo académico, pero el reemplazo de estadistas por administradores y de representantes populares por comediantes documenta trágicos resultados a través de la historia. Algunas diferencias no son menores.

Cuando la Asociación Internacional de Radiodifusión (AIR) y la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), que agrupan a las principales empresas y medios gráficos, canales y radios privados del mundo, acusan a la ley de medios audiovisuales argentina de “amenaza para la libertad de expresión y el derecho de la ciudadanía a informar y ser informada”, mientras silencian las “maniobras antidemocráticas” que permitieron a alguno de sus socios “tomar control de los medios independientes” en tiempos de dictadura, no sólo confunden libertad de empresa con libertad de prensa.

El propósito y, en última instancia, el de sus amigos, es administrar, directa e indirectamente, la opinión pública. Para la construcción de oportunidades comunes necesitamos del contraste entre estos hipócritas desacuerdos y los disensos honestos, para luego ejercitarnos, todos, en distinguirlos, con pasión y sin violencia, hasta convertir al debate en la única modalidad de resolución de conflictos. En la Interactividad está la clave.

El camino de creatividad y desarrollo que Prometeo propone a la humanidad incluye el uso y reproducción de la tecnología y, metáfora mediante, advierte los peligros y destaca el valor de los mecanismos y las herramientas que aseguran su distribución. La tecnología tampoco es neutral. La interacción entre computadores y televisores permitirá, muy próximamente, el acceso directo desde la pantalla de la televisión digital a Internet (incluyendo la llegada a información periodística, tal como ya ocurre en los celulares), y nos transformará de meros telespectadores a participantes activos y capaces de emitir opinión y voto inmediatos, desde nuestras casas. El aspecto tecnológico distintivo del futuro será la interactividad del televidente.

Sin embargo, al mismo tiempo que los avances ofrecen preciosas herramientas para profundizar la democratización de los medios y la intercomunicación de una ciudadanía responsable y productiva, también nos recuerdan que la articulación entre la ley de medios audiovisuales y la desmonopolización de contenidos debe acompañarse en forma permanente con la adopción de medidas que desalienten cualquier intento posterior de concentración.

Asegurar la pluralidad y el libre acceso a la distribución e intercambio de diversos discursos requieren hoy, por ejemplo, de normativas adicionales en la producción de equipos, que garanticen el acceso irrestricto a los contenidos. El desafío continúa siendo elegir entre Prometeo encadenado o asumir su fuego. Cabe reconocer que hoy estamos mucho mejor posicionados como nación para aceptar el reto y la Interactividad es la clave que supimos conseguir.

* Antropóloga UNR.

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