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La sintaxis de Moyano

Julián Maradeo presenta un estudio sobre de qué manera se fueron registrando en Clarín los cambios de imagen de Hugo Moyano.

 Por Julián Maradeo *

Los cambios en las relaciones de fuerza afectan, mediáticamente, la imagen que se elabora sobre los actores políticos. La propuesta es observar cómo mutó la forma de aludir a Hugo Moyano y a aquello que da sentido a su potencialidad política por parte del diario Clarín.

Las tres caras de Moyano construidas por el matutino exponen a un sujeto relacional, cuyo poder, campo de acción y características están determinados y valorados según el tipo de relación que mantiene con el Gobierno.

Para Clarín, hay tres Moyano: el adjetivo, el sustantivo y el verbo. Lo que también se puede expresar con el trinomio: “disciplinado K”–“autonomía”-movilizar/presionar.

El Moyano adjetivo (va desde el 1/6/10 hasta el 26/10/10) tiene diferentes aspectos que, a la vez, exponen su complejidad: “Disciplinado K”-“sindicalista con prácticas mafiosas”-“amenaza potencial para el matrimonio”. Es definido como “táctico”: un jugador “incapaz de trazar una estrategia de largo alcance” que, por sus maneras “patoteriles”, se convirtió en “el sostén más importante de la estrategia oficialista”.

Para Clarín, el camionero era imprescindible en el dominio de la calle por parte del Gobierno y, en paralelo, un problema, porque Moyano “es el vivo ejemplo del rechazo” de la clase media. Clave: mientras aparece subordinado al Gobierno, como su punta de lanza, por ejemplo, contra los empresarios “díscolos”, es descripto como alguien reñido con la ley, pues están omnipresentes las sospechas que se cernían sobre él. Por caso, Covelia y la relación con José Pedraza. No obstante, era eje de numerosos cuestionamientos por el bloqueo a Siderar, de Techint y, entre otros, el lanzamiento de la Juventud Sindical Peronista (que para Clarín poseía reminiscencias del “sindicalismo que en los ’70 se cobijó bajo el ala de la Triple A”).

La segunda etapa (entre el 27/10/10 y el 15/8/11) marca el pasaje de adjetivo a sustantivo –es decir, un sujeto con “autonomía” y capacidad de movilización no subordinada–. Al principio, aparece enfrentado con los intendentes del conurbano, Daniel Scioli y la UIA. A su vez, se acentúa que tanto la Justicia de Suiza como la local lo acechan –busca “fueros para guarecerse de investigaciones judiciales en marcha”, afirmó Julio Blanck– y que esto comienza a alejarlo del Gobierno.

De aquí que, para Clarín, el momento que determina que la relación está “quebrada” es cuando, de cara a las primarias, se da a conocer la ausencia de moyanistas en las listas. A partir de este hito, empiezan a mermar las alusiones a sus problemas legales.

Desde ese momento emergerá, paulatinamente, un nuevo Hugo Moyano en el diario insignia de este grupo mediático-agroindustrial. Cual protagonista de una novela de aprendizaje, el cual debe sortear difíciles obstáculos para forjar su personalidad, se inicia el tránsito a la tercera etapa bajo las versiones de que “Moyano define su alejamiento de la CGT”. De ahí en más, sus apariciones serán acompañadas por un laborioso cambio de imagen y escenarios.

Anclada en su capacidad de movilizar organizadamente, sirviéndose de la estructura sindical, la etapa de verbo (desde el 16/8/11 hasta el 21/11//12) –cuando desaparecen las denuncias en su contra– tiene dos momentos. El de baja intensidad, el del alejamiento, marcado por demandas como la de “profundizar el modelo”, lo erige como “un opositor desde adentro”. Y el de alta intensidad, el de la ruptura, consumado en el acto de Huracán, por los festejos del Día del Camionero –ahora ungido como “inesperado referente opositor”–, que conllevará un cambio discursivo de dos pasos. Primero, reconocer que “de Moyano se podrían pensar y sospechar muchas cosas. Pero es público que en la era menemista fue una voz disidente del sindicalismo (...)”; así se legitimarían sus comparaciones: “La sintonía fina suena como lo que proponía Menem”.

Asimismo, mientras, ahora, su destinatario es el binomio trabajadorespueblo, se modifican las imágenes de las coberturas de sus actos. Por ejemplo, al cotejar la tapa de los festejos del Día del Camionero de 2009 con la de 2011, en ésta aparece el perfil “duro” de Moyano, reemplazando las imágenes de jóvenes acostados en las afueras de los estadios.

El anillo se cierra con el paro del 20 de noviembre. Por un lado, conjugando los verbos movilizar y presionar, la imagen de tapa muestra la 9 de Julio desértica, a la vez que el título anuncia que fue “otra protesta masiva contra el Gobierno”. Sólo Moyano es nombrado en la bajada. Por el otro, una nota de Eduardo Van der Kooy deja en claro los límites trazados, por Clarín, al sindicalista: “El camionero, en la nueva circunstancia, supo mutar su habitual sectarismo por una estrategia de brazos abiertos (...) Como ensayo asomó interesante salvo que, ante el vacío existente, Moyano empiece a presumirse como posible eje de una alternativa electoral cuyo primer paso serían las legislativas del año próximo. En ese caso, podría desmadejar rápido todo lo que ha tejido en este tiempo”.

* Periodista.

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