LA VENTANA › MEDIOS Y COMUNICACION

Construyendo el sujeto macrista

Ricardo Haye plantea la sustentabilidad de los medios de comunicación universitarios desde una perspectiva que supera la mirada economicista, considerando dimensiones culturales, éticas, políticas y sociales.

 Por Diego Ezequiel Litvinoff *

Los publicistas sostienen que las verdaderas campañas políticas empiezan cuando se ganan las elecciones. Ello se debe a que el éxito de un gobierno no deriva únicamente de las variables económicas y políticas, sino también del modo en el que éstas son significadas. No resulta casual, por ende, que un argumento frecuente, en los más diversos partidos, sea considerar que sus principales errores se encuentran, más que en sus medidas concretas, en el modo en el que ellas se comunican. Pero si esa afirmación es cierta, no lo es en el sentido de que su exposición debe ser más clara. La comunicación política no consiste en la explicación de las medidas, sino en la generación de modos de subjetividad a partir de los cuales éstas puedan ser inmediatamente aceptadas. Comprender el aparato comunicacional del macrismo, entonces, exige dar cuenta de las dimensiones de ese sujeto que se pretende configurar, para que destaque sus virtudes, minimice sus errores y no perciba las posibles alternativas.

Para ello, resulta crucial el despliegue de una particular concepción de la historia, que consiste en la plasmación de un vínculo débil con el pasado. Así, se cuestiona como exceso toda interpretación alternativa de los hechos, evitando encontrar, por vías revisionistas, tensiones irresueltas, relatos que han sido acallados o deudas que quedaron pendientes. Eludiendo los matices y ocultando los conflictos, la historia aparece como el relato dominante del orden, expresado con claridad en los desfiles de las fuerzas armadas, tal como pudo observarse en las imágenes que se ofrecieron durante los festejos por el Bicentenario de la Independencia.

No más clara aparece la construcción del futuro para este sujeto del macrismo. Enunciados como “pobreza cero” o “una Argentina unida” no son una orientación utópica de máxima, que permitiría alcanzar resultados parciales en la dirección señalada. Irrealizables desde el punto de vista de la estructura social, esos objetivos expresan la intención de eliminar la pobreza y el conflicto del discurso político, lo que sólo sucederá si se genera una marginalidad estructural y, al mismo tiempo, se inhibe la posibilidad de que esos sectores excluidos encuentren eco en los mecanismos de representación política.

Frente a un pasado débil y ordenado y un futuro irrealizable y contradictorio, el presente intenta ser configurado como un momento de transición. El discurso profético, que se presenta como el portador de una verdad que desenmascara los excesos de una época aparentemente licenciosa, se inscribe en una tradición tan milenaria como la que carga sobre un chivo expiatorio la responsabilidad de todos los males, generando tanto la culpa como el agradecimiento de los supuestos indultados. La antigüedad de esta estrategia, no obstante, no le resta eficacia, permitiendo que se pueda exigir el sacrificio, aun cuando resulte evidente el provecho que de ello obtienen los sectores de poder más concentrado.

Este sujeto culposo en la relación consigo mismo es llevado a percibir su entorno como un ámbito hostil y al “otro”, como peligroso. No es impidiendo que sucedan hechos de inseguridad como el neoliberalismo consagra sus políticas, sino haciendo de la inseguridad un tema central, espectacularizando el accionar represivo, como puede observarse cada vez con más frecuencia en los noticieros televisivos. Del mismo modo, lejos de intentar incrementar la actividad de la industria, su objetivo es, como lo muestran los spots oficiales, expandir la lógica empresarial a la propia dinámica social, consolidando así la competencia y el miedo al despido como modos de disciplinamiento.

Sólo ese individuo aislado, asustado y acechado por sus semejantes, al que se lo interpela de manera individual en la publicidad oficial (“vos”, “cada uno”), encontrará un referente en los políticos que se presentan como jefes que supuestamente escuchan sus temores, cuando los están propagando, que reconocen su esfuerzo, cuando cercenan derechos y generan escasez, y que los esperan en praderas ordenadas, cuando en realidad no dejan de sembrar desigualdades.

Para ofrecer una resistencia a la transformación del entramado social que promueve la plasmación de un poder cada vez más concentrado, resulta indispensable dar la disputa en el ámbito de la producción de la subjetividad. Sólo haciendo una profunda crítica del sujeto macrista, se puede contribuir a la rearticulación de subjetividades alternativas al neoliberalismo, que vuelvan a encontrar en la palabra y la imagen política la densidad de un presente en el que confluyen los conflictos del pasado para exigir una acción colectiva transformadora en pos un futuro más igualitario.

* Sociólogo y docente (UBA).

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