PSICOLOGíA › DEBATE SOBRE LA MEDICACION PSICOFARMACOLOGICA

“Los antidepresivos son muy seguros”

 Por Sergio Halsband *

El artículo publicado en Página/12 el 30 de noviembre pasado, bajo el título “¡Desdeprímansen!”, firmado por Juan Pundik, contiene una serie de afirmaciones que contradicen las evidencias científicas actuales y que pueden inducir a la población a concepciones erróneas acerca de la depresión y el padecimiento humano. Me limitaré a comentar algunos ejemplos: “Los efectos secundarios psicosomáticos transforman al depresivo en un zombi con afecciones somáticas de toda naturaleza”. Los antidepresivos, como la mayoría de los fármacos de uso médico cuyo empleo nadie cuestiona, pueden tener efectos colaterales que, en la gran mayoría de los casos, no implican riesgos y no suelen afectar a más de uno o dos pacientes cada diez. La presentación de un paciente bien medicado con un antidepresivo no es la de un “zombi”, si con eso el autor quiere significar que se trata de alguien que está demasiado sedado. Algunos antidepresivos pueden tener efectos sedativos y se los aprovecha para administrarlos por la noche cuando, además de depresión, hay insomnio. Aunque los antidepresivos modernos son drogas muy seguras y de muy buena tolerancia, los médicos tomamos en cuenta los posibles efectos colaterales y procuramos que el paciente tolere bien la medicación.

“La medicación antidepresiva genera adicción.” No se han reportado casos de adicción a antidepresivos en ninguna publicación conocida. En mi práctica profesional he atendido una cantidad muy grande de adictos a sustancias y jamás conocí a un adicto a antidepresivos. Cierta vez se descubrió que un antidepresivo, el amineptino, podía llegar a ser adictivo y se lo retiró del mercado.

“Sólo debiera ser administrado por tiempo limitado y como puente para darle tiempo a que funcione la terapia.” No sé a qué tiempos limitados se refiere el autor ni qué criterios emplea para decir que una terapia “funciona”, pero existen normativas internacionales que recomiendan la duración de un tratamiento farmacológico antidepresivo según las características de la depresión. La interrupción prematura de dicho tratamiento puede llevar a una recaída de la depresión, a veces más grave y difícil de tratar que el episodio anterior.

“Entonces el psiquiatra, pero también el médico generalista, asesorados por los laboratorios farmacéuticos, responden a la queja del paciente por su estado considerado depresivo administrándole, como terapéutica universal, medicamentos cuyos componentes son la fluoxetina y la paroxetina, recaptadores de serotonina.” Afirmar en general que la fuente de los médicos es “el asesoramiento de los laboratorios” es casi agraviante. En mi función docente de psicofarmacología he visto pasar centenares de profesionales (muchos de ellos psicoanalistas) muy estudiosos del tema desde fuentes científicas, conscientes de la importancia del psicofármaco como herramienta terapéutica para el alivio del sufrimiento humano. Muchos de nosotros estudiamos permanentemente las publicaciones sobre psicofarmacología para mantenernos actualizados, pero efectuamos una lectura crítica de las mismas y las adaptamos a nuestra práctica, adecuándonos a la realidad nacional. La fluoxetina y la paroxetina (que no son los únicos antidepresivos: hay muchos más) no son recaptadores de serotonina, sino todo lo contrario: inhibidores de la recaptación de la serotonina.

“Los estados depresivos quedan así reducidos a un desorden químico. El medicamento en estos casos es inseparable del criterio de reducir todo proceso subjetivo a proceso químico.” Esto es falso de toda falsedad. La gran mayoría de nosotros hemos dejado atrás todo tipo de reduccionismo, psicológico o biológico, y buscamos para beneficio de nuestros pacientes la integración de recursos, especialmente la farmacoterapia con la psicoterapia, sea esta psicoanalítica (en sus diferentes variantes), cognitiva, sistémica, gestáltica, etcétera. Se ha demostrado que la psicoterapia también puede mejorar el funcionamiento cerebral en los niveles químico y biológico.

Los antidepresivos han salvado muchas vidas –ya que muchos deprimidos no tratados se suicidan– y mejorado la calidad de muchísimas otras. La depresión crónica daña el cerebro y puede destruir neuronas e impedir la generación de otras nuevas. Los antidepresivos y la psicoterapia pueden revertir este proceso.

Los antidepresivos, como los otros fármacos y también las psicoterapias, pueden usarse bien y ayudar o usarse mal y perjudicar. Debe hacerse un uso racional y adecuado del psicofármaco, lo cual vale para cualquier otra práctica. En todo caso, la suma de recursos siempre da mejores resultados que cada uno por separado.

* Presidente del Capítulo de Psicofarmacología de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA).

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