SOCIEDAD › LUIS PALAU, EL EVANGELICO QUE HOY BUSCA JUNTAR UN MILLON DE PERSONAS

El predicador que reza junto a Bush

No disimula su relación con ricos y famosos. Hace bandera de ello. Dice ser amigo de George W., cuya guerra en Irak apoya. Defensor de dictadores varios, llegó a bendecir guarniciones militares donde se torturaba. Hoy predica ante el Obelisco.

 Por Washington Uranga

El Obelisco será hoy el escenario del masivo espectáculo religioso-cultural de Luis Palau, un predicador evangelista argentino-norteamericano que recorre el mundo prometiendo la salvación a caballo de una empresa mediática muy bien montada, que potencia sus condiciones de orador a través de la utilización de la tecnología, y que apela a la emoción y al esfuerzo individual. “Tú lo quieres, tú te salvas.” No habrá en el discurso de Palau alusiones a los problemas sociales o a los conflictos. Porque “la gente necesita buenas noticias”, dice. No duda tampoco en hacer una interpretación fundamentalista de la Biblia para argumentar que allí están todas las buenas noticias. A diferencia de otras lecturas cristianas que suelen mencionar asiduamente la cruz en la que murió Jesucristo, Palau prefiere la referencia a la “salvación” mientras reclama permanentes loas a Dios.

La concentración será multitudinaria –espera reunir a un millón de personas– también para molestia de los porteños que tendrán que soportar grandes caos de tránsito el viernes por la tarde en pleno centro de la ciudad. Pero no será ésta la única actividad de este pastor evangelista que financia sus campañas con aportes de grandes empresarios de todo el mundo. Antes se reunió con dirigentes políticos y grupos de mujeres y seguidores. Hubo una cena con invitados políticos en la que estuvo presente el jefe de Gobierno de la ciudad, Mauricio Macri, y se reunió con el vicepresidente Julio Cobos. Palau está acostumbrado a los contactos de alto nivel y se jacta incluso de sus encuentros con George Bush, con quien dice compartir “momentos de oración”, y antes con Bill Clinton. En su viaje a la Argentina en el 2003, estuvo con Eduardo Duhalde cuando éste era presidente.

Entre sus antecedentes puede recordarse también que en 1982 apoyó al dictador guatemalteco Efraim Ríos Montt, miembro de la Iglesia Pentecostal, y se sumó a una campaña destinada a la “conversión masiva” de los guatemaltecos. En las mismas dependencias militares donde se torturaba y estaban alojados detenidos-desaparecidos, Palau hizo una celebración para decir que “nos defendemos no a través del ejército, sino a través del Espíritu Santo”.

La Asociación Luis Palau, la estructura que sostiene sus festivales religiosos, se hace cargo de los costos de montaje del espectáculo que también tiene transmisión televisiva para gran parte del mundo. A sus invitados en Buenos Aires el pastor mediático les obsequia, como suele hacerlo en cada país, un ejemplar de la Biblia. Aproximadamente 1500 personas pagaron 150 pesos para escuchar cómo Palau desarrolló su exposición sobre “Los negocios de la vida”. Unas mil mujeres se dieron el placer, a 50 pesos por cabeza, de tomar el té con el pastor en el hotel Hilton de Puerto Madero y escuchar su prédica.

Según lo expresan sus propios seguidores y queda consignado en el sitio web de la organización, “Luis Palau ya entró en la historia moderna como uno de los contados hombres que le hablaron a más personas en el mundo”. De acuerdo con la estadística propia, “su mensaje fue y es escuchado por más de 800 millones de personas en 112 países a través de la radio y la televisión, y tiene el privilegio de haberles hablado a más de 22 millones de personas cara a cara en 80 países del mundo”.

Palau nació en Argentina en 1934 (más precisamente en Ingeniero Maschwitz, provincia de Buenos Aires), pero vive en Portland, Estados Unidos, donde tiene su sede de operaciones. Está casado desde 1961 y tiene cuatro hijos y diez nietos. Quienes hacen su promoción dicen que “es un hombre de personalidad atrapante, sencillo en su forma de ser pero profundo a la hora de comunicar. Logra captar la atención dondequiera que va. Sus mensajes están orientados a la unidad familiar con el fin de rescatar y elevar los valores morales y éticos del Cristianismo Bíblico”. Mauricio Macri destacó su “mensaje positivo”, que es precisamente lo que el pastor electrónico quiere resaltar en todo momento. Mucho amor, pocos problemas, nada de conflictos. Su prédica está dirigida a la superación personal, a vivir una vida “plena de felicidad, paz y amor”.

El propio Palau admite que sus campañas están financiadas por parte de la comunidad coreana y empresarios locales. Se trata de “amigos” a los que prefiere no identificar a pesar de que reivindica su cercanía con ricos y poderosos, porque considera que si son exitosos es porque “están bendecidos por Dios”. No habla, en cambio, de los importantes grupos petroleros norteamericanos que engruesan sus arcas para potenciar su mensaje “positivo” por el mundo.

Palau encarna lo que algunos teólogos, católicos y protestantes de las iglesias históricas denominan “teología de la prosperidad”: se apoya en las necesidades de la gente, en sus angustias para anunciar la certeza del cambio mediante la promesa de adhesión incondicional a Jesucristo a través de la cruzada religiosa que él encabeza. El argumento central es que si Dios me reconoce la prosperidad está asegurada. No hay mediación de organizaciones o estructuras. El mensaje se completa con una construcción de tipo maniqueo donde sólo existen buenos y malos. Los buenos son los que están con Dios y se suman a la “cruzada de salvación”. Los demás son malos.

El mensaje de Palau, muy funcional a una perspectiva neoliberal del mundo, ha enraizado en la Argentina en muchos grupos pentecostales, no así en las iglesias evangélicas históricas que sientan diferencias con su prédica. Pero tanto estas iglesias como los católicos reconocen que en los últimos tiempos han perdido feligreses que optan por una mirada religiosa más cercana a lo emocional, desprovista de estructuras mediadoras, de rigideces dogmáticas y preguntas que desatan preocupaciones y conflictos. Por otra parte, el hecho de que Palau realiza semejante movilización en el centro de Buenos Aires habla de un país que también en lo religioso se ha vuelto más plural.

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La avenida 9 de Julio quedó cerrada frente al enorme escenario preparado para el show que darán hoy Palau y su troupe.
Imagen: Sandra Cartasso
 
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