SOCIEDAD › AVANCES EN LA LUCHA CONTRA LA RADIACIóN EN LA CENTRAL DE FUKUSHIMA

Los reactores, con energía

Los operarios restablecieron el suministro eléctrico en los seis reactores y también en la sala de control del número 3, el más peligroso. El gobierno japonés prohibió la venta de algunos productos de dos provincias por los altos niveles de radiación.

Operarios japoneses consiguieron restablecer la luz en la sala de control del reactor 3 de la central nuclear de Fukushima, gravemente dañada por el terremoto del día 11, según informó la empresa operadora Tepco. El bloque 3 está considerado como el más peligroso, ya que contiene plutonio. Los técnicos ya habían logrado previamente restablecer el suministro eléctrico a todos los reactores de la planta Fukushima 1, un paso fundamental para restablecer la refrigeración. En tanto, el primer ministro japonés, Naoto Kan, ordenó la prohibición de consumo de la leche y las verduras procedentes de las provincias de Fukushima e Ibaraki debido a los altos índices de radiactividad encontrados tras el accidente de la central nuclear de Fukushima.

Kan ordenó a los prefectos de esas dos regiones que prohíban la comercialización del “komatsuna” (una planta de hojas verdes utilizada en ensaladas) y el brócoli procedente de Fukushima, así como la leche sin tratar y el perejil producidos en Ibaraki.

El temor a una contaminación radiactiva persistía ayer en Japón, ya que las autoridades siguen sin descartar el peligro en la accidentada central de Fukushima, cuyos residuos amenazan a los productos procedentes del mar. El Ministerio de Salud pidió a las provincias de Chiba e Ibaraki, al este de Tokio, que intensifiquen sus controles de los peces y moluscos pescados frente a las costas.

El lunes se detectaron índices de iodo y de cesio 126,7 y 24,8 veces más elevados, respectivamente, que los fijados por el gobierno, al analizar las aguas del mar cercanas a Fukushima, 250 kilómetros al norte de Tokio y de sus 35 millones de habitantes.

Sin embargo, la firma Tokyo Electric Power (Tepco), que administra las centrales nucleares, afirma que esos niveles de radiactividad no constituyen una amenaza para la salud de las personas.

La Agencia Pesquera informó que los pescadores no pudieron aún reanudar su trabajo, once días después de que los barcos y puertos fueran destrozados por el enorme tsunami que generó el sismo de magnitud 9.

Esta doble catástrofe, la peor en Japón desde la Segunda Guerra Mundial, dejó unos 22.000 muertos y desaparecidos, de ellos 9079 fallecimientos confirmados, según un último balance provisional.

Para evitar nuevos escapes radiactivos, las operaciones seguían su curso ayer para intentar restablecer los sistemas de enfriamiento de los reactores. Estas operaciones se iniciaron tras los primeros incidentes producidos el 12 de marzo, pese al riesgo que supone para la salud de los bomberos y técnicos expuestos a fuertes radiaciones. El lunes, un nuevo problema se produjo con el escape de inquietantes humaredas de los reactores 2 y 3. La central de Fukushima Daiichi (1), con estructuras obsoletas, fue gravemente dañada por el sismo y la enorme ola de 14 metros que se generó después en el océano Pacífico.

Pero el enfriamiento de los reactores, esencial para evitar una fusión de combustible nuclear, no se ha logrado aún. Los técnicos empezaron a utilizar un camión alemán equipado para verter agua por encima del dañado techo del reactor 4. Otro camión, con un inmenso brazo articulado, era llevado de China a Japón, donde será utilizado en Fukushima para rociar las instalaciones. Este vehículo puede tener una altura de 62 metros, según su constructor, el grupo chino Sany, especialista en material pesado para obras.

El reactor 3 fue el más dañado y es, entre los seis reactores, el que más preocupa a las autoridades. Además, contiene combustible MOX, una mezcla de óxidos de plutonio y de uranio procedente de productos de reciclado, cuyos desechos son considerados más nocivos que aquellos que genera un combustible a base de uranio.

Un vicepresidente de la Tepco presentó ayer sus disculpas a la población que se vio obligada a evacuar los alrededores del lugar. “Lo siento sinceramente, nuestra empresa provocó ansiedad y perjuicios a los habitantes en torno de las centrales, a los de la prefectura de Fukushima y a los del país en su conjunto”, declaró Norio Tsuzumi, inclinándose profundamente, tal como lo exige la tradición del país.

Los diferentes organismos públicos siguen repitiendo que el nivel de radiactividad hallado en la lluvia, el agua corriente o en algunos alimentos no era una amenaza para la salud.

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Un vendedor garantiza que sus productos no están contaminados.
Imagen: EFE
 
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