SOCIEDAD › EL JUEZ RAUL ZAFFARONI DENUNCIA “HOSTIGAMIENTO DOLOSO” EN SU CONTRA

“Nunca firmé un contrato”

El ministro de la Corte respondió a la denuncia de que en departamentos de su propiedad se ejercería el trabajo sexual. Dice que no conoce a los inquilinos y advierte sobre una campaña de “hostigamiento mediático”.

“Nunca firmé un contrato de locación personalmente, ni conocí a ninguno de mis inquilinos; tengo una inmobiliaria que alquila mis inmuebles”, explicó Raúl Zaffaroni, juez de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, en relación con las denuncias periodísticas de que en departamentos de su propiedad se ejercería el trabajo sexual. El magistrado denunció “el amarillismo y el hostigamiento mediático, que no tiene nada que ver con informar”. Entre tanto, la Fundación La Alameda denunció a Zaffaroni ante la Procuración General de la Nación por “provisión” del lugar de funcionamiento de “casas de tolerancia” y pidió su juicio político.

–¿Qué es lo que en realidad ha sucedido con sus departamentos? –le preguntó Página/12 a Zaffaroni.

–En verdad lo que sucede es bastante claro. Como se sabe, no puedo ejercer el comercio, de modo que todo lo que fui guardando y heredando en mi vida lo convertí en inmuebles. Incluso algunos de esos inmuebles, que compré con el producto de la venta de terrenos heredados para no seguir pagando impuestos sin renta, no los conozco, ni siquiera los visité, me limité a firmar la escritura. Son quince inmuebles en la Ciudad que están en todas mis declaraciones patrimoniales. Es obvio que no puedo administrarlos personalmente, de modo que tengo un apoderado y una inmobiliaria que los alquila. Me limito a recibir lo que me pagan y ni siquiera reviso mucho las cuentas. Nunca firmé un contrato de locación personalmente, nunca conocí personalmente a ninguno de mis inquilinos, que cambian a veces muy rápidamente. Nunca recibí una carta documento de ningún consorcio notificándome algo raro o anormal, que supongo es lo que haría cualquier abogado.

–¿Nunca visitó los inmuebles?

–Jamás, no sólo no los visito, sino que insisto, algunos ni siquiera los conozco. Quienes me conocen saben muy bien que no soy una persona ávida de dinero, con lo que tengo vivo tranquilo y no necesito más. No tengo lujos ni gastos tontos, estoy acostumbrado a vivir bien, pero sin tirar dinero en cosas absurdas, no tengo yates ni nada parecido, practico deporte barato, la mayoría de mis viajes me los pagan quienes me invitan. Quizás haya pecado de ingenuo, pero nunca tuve un reclamo serio sobre el destino de algún inmueble.

–¿Qué piensa hacer ante las denuncias?

–Lo que haría cualquier persona normal en mi lugar y que ya hice, o sea, dar instrucciones para verificar lo que pasa, advirtiendo que si hay alguna actividad inadecuada se vayan de inmediato o de lo contrario formular la denuncia policial para investigar y en su caso ejercer las acciones civiles, pedir cautelares o lo que sea, para que cese toda actividad y pueda recuperar los bienes. Veré cómo puedo hacer que queden los inmuebles libres lo antes posible. Es lo mismo que hubiera hecho si me hubiesen formulado algún reclamo en serio con anterioridad.

–¿Le sorprende el escándalo mediático?

–Por supuesto, es claro que no se trata de una actitud sincera ni mucho menos, no sé a qué responde, pero tampoco me interesa. Lo que me molesta es el procedimiento, porque es demasiado sucio: quieren desequilibrarme emocionalmente, aprovecharse de una situación desgraciada para provocar una reacción agresiva en mí o en los colaboradores más cercanos y explotarla al máximo. La noticia no sería que la inmobiliaria que administra alquiló irresponsablemente, sino que yo sería un energúmeno que reaccionaría como el pobre Maradona. Qué era lo que Maradona estaba haciendo o lo que pasaba en su quinta es algo que todos hemos olvidado: la noticia fue el rifle. Yo no pienso usar ningún rifle.

–¿Pero por qué cree que es una provocación?

–No puede tener otro objetivo que me llenen el correo de mails, que me llamen varias veces a la oficina, que llamen a la madrugada a mis colaboradores a sus celulares, que me dejen una y otra grabación en el contestador, que se hayan agenciado de los teléfonos de todo el mundo, que me fotografíen cuando salgo de mi casa, que me sigan por la calle, que paren un taxi con un fotógrafo todo el día en la puerta de mi casa, que me llamen para decirme que van a publicar no sé qué otra barbaridad. Ese hostigamiento busca provocar una reacción, no tiene nada que ver con un objetivo de informar. No veo otra intención que pretender volverme paranoico y ver si logran una noticia en serio, que sería un exabrupto. Eso sí sería noticia y la mostrarían sin cesar.

–¿Esta situación lo hace sentir mal?

–Me siento molesto, mal en el sentido psíquico no, sería muy tonto de mi parte. Si sé lo que buscan no les puedo dar el gusto. Lo lamentable del procedimiento es que si esto se lo hiciesen a alguna persona menos fogueada, la destruirían y caería en su juego. No me afecta psicológicamente porque ya en mi vida me han dicho de todo y luego tuvieron que callarse, por efecto de mi actuación pública y en todo momento bien clara. Por otra parte, me consuela y equilibra pensar en lo que han dicho de otras personas mucho más descollantes que yo en la esfera pública. No quiero hacer nombres porque es una forma de reproducir calumnias, pero todos conocemos los casos y los tenemos presentes y a personas del color político que sea, sin piedad y brutalmente. Frente a esas difamaciones, creo que esto es una nimiedad.

–¿Le parece un mal signo en el país, en este momento?

–El amarillismo y el hostigamiento mediático doloso e intencional no son signos de buena salud comunicacional, pero en otro sentido, a juzgar por lo que pasa en Gran Bretaña podría pensar que estamos llegando al primer mundo.

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“Tengo una inmobiliaria que alquila mis inmuebles”, aclaró Zaffaroni.
Imagen: Rafael Yohai
 
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