SOCIEDAD › LAS ESCARAMUZAS DEJARON UN SALDO DE UN DETENIDO, UN HERIDO, CORTES Y NEGOCIACIONES SIN RUMBO

Segundo round en el combate por Florida

Por segundo día consecutivo, inspectores porteños y policías metropolitanos impidieron el trabajo de los manteros. Hubo batucadas, golpes y corridas y una negociación que fracasó antes de empezar.

 Por Soledad Vallejos

Un mantero detenido, un oficial de la Policía Metropolitana en el hospital Argerich y la calle Florida rodeada por agentes de uniforme, policías de civil y empleados del Ministerio de Ambiente y Espacio Público porteño enfundados en chalecos fluorescentes: así transcurrió el jueves en la peatonal comercial de Buenos Aires. En la pulseada por la permanencia o no de vendedores informales sobre la calzada, Florida había amanecido con guardia de efectivos policiales, continuado con la llegada de inspectores y, luego, de integrantes de la Asociación de Vendedores Libres, que sembraron mantas vacías de mercadería pero cubiertas con carteles y cruces negras a lo largo de la peatonal. Por la tarde, mientras las batucadas de protesta atemperaban la expectiva por una reunión entre representantes de los manteros y el legislador porteño Martín Ocampo (ver aparte), una reyerta entre vendedores ocasionó corridas. También, de acuerdo con denuncias de los manteros, represión a fuerza de golpes y gas pimienta. Desde entonces, y durante algo más de dos horas, cortaron, como el miércoles, el cruce de Florida y la avenida Corrientes. Poco antes de las nueve de la noche se retiraron. Los agentes de la Policía Metropolitana, una vez más, permanecían en la peatonal para sostener la guardia nocturna.

Al igual que el miércoles, la calle Florida había amanecido custodiada por agentes de la Policía Metropolitana al servicio de los operativos del Ministerio de Espacio Público, para que los manteros no pudieran instalarse con sus mercaderías sobre la acera. Entrada la mañana, los puesteros informales agrupados en la Asociación Vendedores Libres habían regresado a Florida con sus mantas; por pocos minutos, antes de que algún funcionario porteño advirtiera sobre un posible decomiso, algunos incluso habían llegado a depositar sobre ellas sus mercaderías. Con el sol de la tarde cayendo de lleno sobre el cruce con Lavalle, Estela, una vendedora instalada allí “desde hace cuatro años”, contaba que ella había sido una de las audaces, poco después de las diez de la mañana. “Pero vinieron, me dijeron que me iban a sacar todo. Y guardé. Claro.” A unos metros, algunas de sus compañeras de situación, menos dadas a repasar el día, los detalles, los argumentos, con la prensa, chistaban a una señora que, arrastrando un changuito, pasaba voceando “¡chicha morada, galleta!”.

A unas cuadras, Sandra, artesana, evaluaba que “todavía falta” para la resolución del conflicto. “Pero hay que separar: nosotros somos artesanos, no hacemos reventa. No queremos que los revendedores vengan a Florida”, explicó, sin ocultar el fastidio porque “a nosotros sí la ley nos habilita a trabajar y no estamos pudiendo”. Sin embargo, sus intereses se ven perjudicados por “no estar agrupados como los manteros. Si no, seríamos otra cosa”. No muy lejos de allí, un hombre rubio, de treinta y pico, que prefirió no revelar ni su nombre de pila y se identificó no como inspector del Ministerio de Espacio Público sino como “en realidad un cargo más alto, pero no puedo decir cuál”, advertía a Página/12 que sería “imposible levantarlos (a los manteros) sin quilombo”. “Sólo queremos que el espacio quede libre. Pero no podemos hablar con ellos porque nos incitan al quilombo. Hoy más que ayer.”

Los cables de seis móviles de televisión conducían derecho al centro sonoro: algunos bombos y redoblantes, acompañados de cientos de cornetas pequeñas pero capaces de poderosísimos agudos, que sólo se silenciaban cuando Julio Pereyra, uno de los representantes de los manteros, hablaba para los distintos canales. “Podemos resistir. Esto tiene que destrabarse política y legalmente”, acotaba, a un lado, Nicolás. Remera de Boca, auricular muy similar a las “cucarachas” que se usan en la televisión para mensajes internos en su oreja izquierda, contó que supo ser carpintero pero “hace 11 años” se dedica a la venta ambulante. “Aunque acá no vendo, eh, vengo a apoyar a los compañeros. Porque se dicen muchas mentiras, como que es ‘venta ilegal’, cuando en realidad es informal.”

Cerca de las seis de la tarde, una reyerta en la que participaron agentes de civil de la Policía Metropolitana terminó con un mantero, identificado como Jonathan, detenido, y un policía, levemente herido, en el hospital Argerich. Eduardo Alem, vocero de la fuerza de seguridad, explicó a este diario que el episodio se había iniciado por una discusión entre grupos de manteros: unos querían escindirse y se habían instalado para vender frente al shopping Galerías Pacífico; otros les recriminaban debilitar la protesta. “Después de que los uniformados los separaran, vinieron otros dos manteros con remeras de Vendedores Libres corriendo, tiraron un bombo y una madera por sobre nuestro cordón. Uno de ellos fue el detenido.” Pereyra, por su parte, aseguró a este diario que se trató de una gresca iniciada por “un grupo de vendedores que responden al gobierno de la Ciudad, algunos policías de civil y otros de la Brigada de Investigaciones de la Policía Metropolitana”.

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Las batucadas de protesta atemperaron la expectativa por una reunión entre representantes de los manteros y un legislador porteño.
Imagen: Sandra Cartasso
 
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