SOCIEDAD › UNA CHICA DE 19 AñOS MURIO TRAS SER QUEMADA VIVA; POR EL HECHO ESTA PRESO EL NOVIO

Otra mujer víctima del fuego machista

La joven fue rociada con alcohol e incinerada el viernes, y ayer murió en el hospital. Quedó preso, acusado por el hecho, su novio, de 24 años, con el que tenía un bebé de seis meses. En lo que va del año ya hubo 29 casos similares; 18 resultaron fatales.

 Por Pedro Lipcovich

Otra mujer fue incinerada por un hombre: esta vez fue una joven de 19 años, en Villa Fiorito, y el asesino habría sido su compañero, de 24, con el que tenía un bebé de seis meses. La chica fue quemada el viernes, con alcohol, y murió ayer, tras dos días de agonía. El presunto agresor está detenido e internado con quemaduras en los brazos y la cara. Se lo acusa de homicidio simple; si ya hubiera sido promulgada la nueva ley de femicidio, la acusación sería por homicidio agravado. De todos modos, según una entidad dedicada a monitorear el tema, la mayoría de los casos de mujeres incineradas –que se multiplicaron después del crimen de Wanda Taddei– quedan impunes: a las víctimas, en el hospital, por el dolor terrible, las duermen con fármacos y suelen morir sin llegar a declarar; el agresor siempre sostiene que ella se quemó a sí misma y, salvo que la familia de la víctima tenga los medios y la disposición para impulsar la investigación, el criminal no es castigado. En los últimos tres años fueron quemadas vivas 58 mujeres en la Argentina. Otras 29, incineradas este año, siguen internadas: algunas morirán y las demás quedarán con secuelas muy graves.

El viernes pasado a las 18.45, en una casilla precaria situada en Conesa y pasaje Ostende, Villa Fiorito, partido de Lomas de Zamora, Roxana Vallejos, de 19 años, fue rociada con alcohol y le fue prendido fuego. La joven sufrió quemaduras en el 62 por ciento de su cuerpo. Internada en el hospital Gandulfo, finalmente murió, en la madrugada de ayer. El sospechoso es Elio Javier Enrrique, de 24 años, quien convivía con ella. “Pruebas y testimonios indican que se peleó con ella y le prendió fuego”, dijo una fuente judicial.

Enrrique, a su vez con quemaduras en ambos brazos y en la cara, también está internado en el hospital Gandulfo, en condición de detenido. Intervienen la jueza de Garantías Laura Ninni, y la fiscal Delia Recalde, de la UFI 9 de Lomas de Zamora, que acusó a Enrrique por “homicidio simple”.

Una fuente judicial comentó que “si ya se hubiera promulgado la ley que castiga los crímenes de género, la imputación no sería por homicidio simple, penado con 8 a 25 años, sino por homicidio agravado, que se castiga con perpetua”. Por lo demás, explicó la fuente, “no cabe el agravamiento por el vínculo, ya que la pareja no estaba casada”.

“Pero el problema va mucho más allá –observó Ada Rico, presidenta de La Casa del Encuentro, que desarrolla el Observatorio de Femicidios en Argentina Adriana Maricel Zambrano–: como las mujeres incineradas deben ser adormecidas farmacológicamente en cuanto entran al hospital, porque padecen dolores insoportables, terminan muriendo sin poder decir quién fue el asesino. Entonces, los agresores dan testimonios que parecen calcados: que ella misma se tiró alcohol, que estaba limpiando unos discos y se le volcó el alcohol, que entró en la cocina, que se quiso suicidar...”

“Claro que lo que sostiene la impunidad es la falta de investigación judicial –continuó Rico–: la Justicia no suele hacer los peritajes necesarios y prefiere validar el testimonio del agresor. No sólo habría que investigar en el lugar del hecho: hay que saber si la mujer había tenido entradas a hospitales por traumatismos, preguntar a la familia y los vecinos sobre situaciones de violencia que muchas veces, por temor, las mujeres no llegan a denunciar. En cambio, las causas quedan caratuladas como ‘Investigacion de ilícito’, ‘Supuesto suicidio’... ¿Cómo puede ser que jueces y las juezas crean que tantas mujeres han decidido suicidarse quemándose vivas en estos años?”

“Cuando hay condena, suele ser porque la familia tiene los recursos y la iniciativa para movilizarse y buscar pruebas –explicó la titular de Casa del Encuentro–. En el caso de Fátima Catán, que murió luego de haber sido incinerada el 22 de agosto de 2010, sólo hace dos meses fue detenido su novio, Martín Santillán. La familia había insistido en pedir nuevos peritajes y Elsa Jerez, la madre, se movilizó y fue a los medios.”

El punto de inflexión estadística es la muerte de Wanda Taddei, el 21 de febrero de 2010; había sido incinerada once días antes. Su esposo, Eduardo Vázquez –baterista del conjunto Callejeros–, fue condenado en junio pasado a 18 años de prisión, pero primero había quedado en libertad, por “falta de mérito”, durante muchos meses. “En 2010, 11 mujeres murieron incineradas; en 2011 fueron 29, y hasta septiembre de 2012 hubo 29 quemadas vivas, de las que ya murieron 18 –precisó Ada Rico–. Muchas de ellas están todavía internadas. La persona incinerada va infectándose por dentro, sobre todo en los pulmones; el proceso es lento y ella puede tardar tres meses o más en morir. Las que no mueren quedan destruidas física y psicológicamente. Muchas de ellas no tienen recursos para ir haciéndose esas operaciones, interminables, en las que se intenta reconstruir la cara, los brazos, el torso. La quemadura no es una herida más: queda una marca física, activa, además de la herida en el alma.”

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En 2010, once mujeres murieron incineradas; en 2011 fueron 29, y en 2012 ya hubo 29 quemadas vivas.
 
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