SOCIEDAD › INAUGURAN HOY LA PRIMERA MUESTRA CON COLECCIONES PRIVADAS

Un Gardel íntimo, en su casa del Abasto

 Por Eduardo Videla

Por primera vez, podrá verse en Buenos Aires parte de las colecciones privadas más importantes sobre Carlos Gardel. Fotos, documentos y objetos que pertenecieron al Zorzal, partituras originales, escritas de puño y letra, valijas y baúles, bandas sonoras de algunas películas en discos de pasta y las pocas pertenencias que se rescataron del avión incendiado en Medellín, donde perdió la vida hace 68 años, están exhibidas a partir de hoy en el Museo de Carlos Gardel, la restaurada casa del Abasto que habitó hasta su muerte. La muestra se inaugura en coincidencia con un nuevo aniversario de la tragedia de Medellín.
La casa está abierta desde marzo, pero ahora tiene el contenido que le faltaba, los fragmentos de la historia que permiten reconstruir la vida de quien fuera el dueño de casa. “El objetivo de esta primera muestra fue reunir parte de las colecciones más importantes, que podrán verse hasta el 26 de agosto”, explica Mónica Guariglio, directora de Museos de la Ciudad.
El museo pertenece a la Ciudad pero debe ser el que menos gasto público demandó para su construcción. La compra del edificio –la casa donde vivió Gardel hasta 1935, año de su muerte– y la refacción fueron producto de una donación del empresario Eduardo Eurnekian. El mobiliario de época, que ambienta tres salas permanentes, fue aportado por otros museos porteños. Y las colecciones privadas fueron aportadas, a préstamo, por tres coleccionistas privados –Bruno Cespi, Héctor Lucci y Hamlet Peluso– y la Casa del Teatro.
La austeridad no es resultado de la escasez de recursos: “Hace poco, los clubes de tango de Berlín hicieron una donación para el museo, a través de la Embajada de Alemania. Pero los coleccionistas no quisieron vender ninguno de sus objetos”, cuenta a Página/12 Horacio Torres, coordinador del museo.
Lo que sí aceptaron es exponer algunas de sus pertenencias, en calidad de préstamo, las cuales tuvieron que ser tasadas y aseguradas. Así, en las vitrinas pueden verse las fotos del Gardel menos conocido: en traje de baño, entrado en kilos, junto a un par de amigos, en la playa; o en la escuela primaria, en una clásica formación del grado de la Escuela Superior de Señoritas; u otra en la misma casa, junto a la escalera, acariciando a su perro Blanquito; un carnet del Jockey Club y otro de la Sociedad Internacional de Artistas de Varieté; y hasta una carta de amor escrita de puño y letra, en una hoja con membrete del Restaurant y Bar Rivadavia, y que remata con un saludo tan galante como desmesurado: “30 mil millones de besitos”.
El cepillo de ropa con la madera chamuscada sobrevivió a la tragedia de Medellín y está allí, en la vitrina con la colección de la Casa del Teatro. También hay un calzador de bronce y un frasquito, rescatados entre las cenizas. En cambio, la cigarrera del Morocho del Abasto, que también se salvó del incendio, quedará para una próxima muestra.
La recorrida no se agota en la sala de exhibiciones. Cada rincón de la casa tiene algún fragmento de historia para contar: la cocina, con el techo cubierto de azulejos, guarda algunas baldosas originales de la casa; y el cuarto de planchado, que conserva el hornillo de carbón para calentar la plancha, ha sido ambientado como en los años ‘30, aunque se supone que para ese tiempo doña Berta Gardes, con un hijo famoso, ya no trabajaba como planchadora.
Ubicado en Jean Jaurés 735, el museo abre de lunes a viernes, de 11 a 18, y en poco tiempo podrá visitarse también los fines de semana. En el piso superior funciona el Cafetín de Carlitos, que no fue concesionado, como se pensó en un principio: será atendido por egresados y pasantes del Ciclo Básico Ocupacional, que conformaron un microemprendimiento gastronómico. A la salida hay un lugar especialmente reservado para turistas extranjeros o simplemente fanáticos de Gardel: un puesto de merchandising donde pueden comprarse desde un par de gemelos o un pañuelo de cuellos hasta postales o un cigarro con la marca registrada: Puro Gardel.

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