SOCIEDAD › EL RETRATISTA QUE PASA EL VERANO EN MAR DEL PLATA DIBUJANDO ROSTROS EN LA PEATONAL

Una temporada hecha con lápiz y papel

En Buenos Aires dibuja retratos a pedido en Florida, cuando lo deja la Metropolitana. En estos meses lo hace en la calle Rivadavia, de Mar del Plata. Nunca estudió dibujo, pero logró vivir de su arte. Aquí, cuenta las historias de un dibujante al paso.

 Por Carlos Rodríguez

Desde Mar del Plata

José Luis Salguero tiene la presencia y las formas de las personas nacidas en el Altiplano: moreno, introvertido, calmo. Sin embargo, aclara, es del llano boliviano, del oriente, de las tierras que moja el río Piraí, al que le cantó muchas veces el cordobés José Ignacio Rodríguez, El Chango Rodríguez, quien a varios de sus versos le puso música de taquirari, el sonido tradicional de Santa Cruz de la Sierra, ciudad en la que nació Salguero, retratista autodidacta. “En Bolivia fui estudiante de la carrera de Agricultura, pero siempre me gustó dibujar y desde que lo empecé a hacer, me sentí cómodo y feliz, haciendo lo mío, de manera que ahora me dedico sólo a dibujar y a hacer retratos. Vivo de eso.” Desde hace siete años, Salguero se radicó en la Argentina. Primero se instaló, con su padre, en el barrio porteño de Lugano, y ahora en un departamento de Palermo. Por las tardecitas de Buenos Aires, en la calle Florida, cerca de las Galerías Pacífico, se dedica a hacer retratos en la calle, en menos de media hora, siempre que lo deje la Policía Metropolitana. En Mar del Plata, en el verano, se instala sobre la calle Rivadavia, enfrente de la escultura que recuerda a Sui Generis, y allí trabaja sin problemas.

“En Buenos Aires es complicado porque la policía nos corre a los que estamos trabajando, mientras que los ‘pungas’ andan tranquilos por ahí. Si puedo, hago retratos en vivo, con las personas que me lo piden, como acá en Mar del Plata, pero en la Capital Federal por lo general tengo que trabajar en mi casa, con fotografías que me entrega la gente para que los retrate.” Sus retratos tienen la nitidez de una buena fotografía, pero a la vez se nota su mano de artesano, con lápiz o carbón. Entre los retratos que pueden observar los transeúntes que pasan después de las ocho de la noche por la, para esa hora, peatonal Rivadavia, se destacan los de un Fidel Castro actual, con toda la vida encima, y el del inmortal Nelson Mandela, joven, con la fuerza que lo hacía invencible antes de los casi treinta años que estuvo preso.

Aunque le gusta hacer retratos basándose en fotografías, Salguero prefiere el trabajo en vivo, el hecho de captar en un papel el rostro de una persona a la que recién acaba de conocer. “Me gusta y me resulta un desafío retratar a una persona luego de observarla detenidamente; una cosa es mirar y otra observar, tratar de descubrir cuál es la clave de ese rostro, si los ojos, si la nariz, si la barba, si el pelo. Observar.” Lo difícil es encontrar la fórmula precisa porque “cada persona es diferente, pueden ser parecidas, pueden ser incluso hermanas, pero siempre tienen algo distinto, algo que hay que descubrir”. Habla sólo al pasar, aunque se intuye algún dolor, de una madre que se quedó en Santa Cruz, de un padre que vive en Lugano y que armó una nueva familia, y de un tío con el que vivió algunos años. Hoy su vida pasa por la pintura, por el retrato, por sus incursiones con acrílico, su primera exposición en solitario en la Feria de Mataderos, y de su deseo de armar una muestra “con todos los rostros de América latina, Bolivia, Perú, Ecuador, Brasil, Argentina, todos los países del continente, pero dándoles una mayor importancia a los que viven en el Amazonas, una región rica en rostros, en historia”.

En Buenos Aires toma trabajos por encargo a personas que le hacen llegar sus fotografías para que les haga un retrato. “Es gente que vive en Buenos Aires y que me hace el pedido, pero también hice muchos retratos de extranjeros que están de paso en Buenos Aires y que quedaron conformes con mi trabajo, de manera que después me llegan fotos de otros extranjeros que nunca vinieron al país y que les gustó lo que vieron, y me piden que haga algo igual o parecido para ellos.” Esos trabajos los cobra entre 500 y 600 pesos, mientras que el retrato “en vivo y en directo”, en su atelier callejero, los cobra 150 pesos, aunque a veces hace alguna rebaja. “Una sola vez me dijeron que no les gustaba el retrato, siempre quedan conformes. La mayoría de mis clientes son mujeres porque a los hombres no les gusta que los retraten, se ponen impacientes, nerviosos. Y es más difícil hacerles un retrato a las mujeres que son muy lindas, porque si no salen tal cual son, se molestan un poco.”

“La mayoría no me cree cuando les digo que no estudié, que soy autodidacta, que sólo fui a estudiar Agricultura, hasta que un profesor me vio dibujar y me dijo que me tenía que dedicar a eso. Me encontré con profesores o estudiantes de Bellas Artes que tampoco creyeron que soy autodidacta, porque tengo mucha noción de las proporciones, de cómo captar lo que me dice un rostro. Ahora tengo un amigo, Augusto Daniel Gallo, que estudió y con el que estoy mejorando algunas técnicas.” Salguero dice que vive de su trabajo y que algunas veces ha tenido “jornadas gloriosas”, como una tarde-noche, hace dos años, que estuvo dibujando sin parar desde las siete de la tarde de un viernes hasta las 5 de la mañana del sábado. Ese día, con un amigo que hace caricaturas, tocaron el cielo con las manos, a pesar de la lluvia, debajo del techo del Teatro General San Martín, en la vereda de Corrientes al 1500.

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“Me gusta y me resulta un desafío retratar a una persona luego de observarla detenidamente”, dice José Luis Salguero.
Imagen: Pablo Piovano
 
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