SOCIEDAD › PENA MINIMA AL POLICIA QUE MATO A MARIANO WITIS

Una condena para el escándalo

Champonois fue condenado a ocho años por la muerte de Witis y absuelto por la de su captor. El fallo, con insólitas críticas a los organismos de DD.HH. y la prensa, recibió duros repudios.

 Por Horacio Cecchi

En un inusitado y polémico fallo, el Tribunal Oral 3 de San Isidro sentenció al cabo de la Bonaerense, Rubén Emir Champonois, a ocho años y medio por el homicidio del rehén Mariano Witis y lo absolvió en fallo dividido por la muerte de uno de sus captores, Darío Riquelme, muerte a la que consideró ocurrida en defensa propia aunque Riquelme fue baleado por la espalda. La parte acusadora había solicitado veinte años de prisión. El fallo fue acompañado de reflexiones tan sorprendentes como iluminadoras de los conceptos del presidente del tribunal, Carlos Vales Garmo, que recordaron los antiguos comunicados de la dictadura: acusó a los organismos de derechos humanos como “detractores de las instituciones” y a la prensa de realizar una “presión mediática”. Con bullas, gritos, insultos y una enorme desazón, la multitud que se abarrotaba en el recinto del tribunal recibió el fallo, que resultó totalmente contradictorio con lo que se había escuchado durante las audiencias. La fiscalía y el CELS (que representa a la familia de Riquelme) apelarán ante Casación.
El 21 de setiembre de 2000, Mariano Witis y su amiga Julieta Schapiro fueron tomados como rehenes por Darío Riquelme y otro delincuente apodado Terry. Con los dos como escudos, ingresaron a la sucursal Beccar del Banco Itaú. Tras el asalto, asaltantes y rehenes subieron al auto de Schapiro. Alertada la policía, se inició una persecución con tiroteo que terminó a espaldas de la Villa Uruguay, donde el vehículo de Schapiro chocó contra un terraplén. Terry escapó, mientras que el cabo Champonois comenzaba a disparar indiscriminadamente contra el auto, provocando la muerte de Witis y la de Riquelme.
Durante el juicio, los peritos balísticos demostraron que Champonois disparó desde una distancia menor a los tres metros, y los anatomopatólogos fueron más precisos y sostuvieron que jaló el gatillo de su 9 milímetros entre 75 centímetros y 1 metro 20 de distancia. También se estableció la hipótesis de que Witis murió primero, ya que era el único que presentaba, en una de sus heridas, restos de vidrio de la ventanilla derecha trasera. Esa hipótesis también mencionó que Riquelme fue muerto en segundo lugar. Las pruebas, aceptadas también por la defensa, indicaban que Riquelme jamás disparó su arma porque su percutor no funcionaba.
Los jueces Carlos Vales Garmo y Ezequiel Igarzábal consideraron que Champonois había actuado en legítima defensa “por un error de evaluación”, inducido por el tiroteo durante la persecución y por un caso anterior en el que había muerto un colega. “El no podía saber que el arma utilizada por Riquelme no funcionaba”, señalaron. No tuvieron en cuenta que Riquelme fue baleado por la espalda, o explicaron con una difícil pirueta que el asaltante se mostró de frente a su matador. También señalaron que el joven asaltante fue el primero en recibir los disparos de Champonois. De ese modo, quedó justificada la escena según los jueces: el cabo avanzó “solo y al descubierto en una acción juzgada como temeraria por algunos y como valiente por otros”, dijeron los dos jueces. Dio la voz de alto y Riquelme intentó salir para enfrentarlo. Champonois disparó y le dio muerte (todo esto a alrededor de un metro y media de distancia). Después se acercó al vehículo y a escasa distancia (75 centímetros) disparó contra Witis. El cabo “estaba convencido –señalaron Igarzábal y Vales Garmo– de que eran cuatro delincuentes. Por eso, Champonois no mató a Witis, para él mató a un delincuente”.
En el voto de los dos jueces, el cabo fue absuelto del homicidio de Riquelme. Por su lado, Marcelo García Helguera votó por considerarlo como homicidio simple ya que evaluó que si el disparo ocurrió por la espalda, mal podría el cabo haberse sentido agredido. Sin embargo, consideró que actuó con un error de apreciación porque no entendió que el delincuente quería entregarse. En la sentencia hasta se dice que una condena al policía por la muerte de Riquelme sería “una falta de respeto a la memoria de Witis”. Respecto de la muerte de Witis, la mayoría sostuvo que se había producido dolo eventual, o sea que Champonois no había querido matar a nadie. Y reconocieron que habían llegado a analizar la posibilidad de considerar la muerte de Witis como un homicidio culposo. Finalmente, acusaron al cabo no por tener intención de matar sino porque no se había imaginado que disparando su arma a menos de 1,20 metros podía matar a alguien. A esa altura, la lectura de los fundamentos ya semejaba una lima nueva comiendo años de la condena que, de los 20 años solicitados por la acusación, pasó a los 8 y medio, 6 meses más que el mínimo por homicidio.
Todo quedó más claro cuando Vales Garbo criticó a los organismos de derechos humanos como “detractores de las instituciones” y al periodismo por presionar al tribunal. El CELS, en un duro comunicado, cuestionó al tribunal y anunció que junto con la fiscalía apelará ante Casación.
Cuando el tribunal leyó la condena en la sala se escuchó un nada disimulado “¡Nooo! ¡Qué hijos de puta!”. Y acto seguido, los familiares y representantes de víctimas del gatillo fácil y de las Madres de la Plaza se levantaron y se retiraron, mientras los insultos pegaban sobre los rostros impávidos de los administradores de justicia. “Hoy los jueces, que son formadores con sus actos, también despreciaron la vida, igual que el que utilizó el arma”, declaró muy dolida Raquel Witis, mientras una multitud de familiares aplaudía y entonaba cánticos contra los jueces y los policías. “Vamos a llevar esta lucha adelante –dijo Raquel– hasta donde tengamos que ir. Si tengo que ir afuera voy a ir afuera, pero siempre con la verdad, con el amor por Mariano y por todos los jóvenes que han perdido la vida y que la siguen perdiendo”.

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Familiares y amigos tanto de Witis como de Riquelme repudiaron en Tribunales la sentencia.
“Los jueces también despreciaron la vida, igual que el que utilizó el arma”, dijo Raquel Witis.
 
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