SOCIEDAD › LA FISCAL PIDIO LA ELEVACION A JUICIO ORAL EN LA CAUSA POR EL CRIMEN DE PARRA

El femicida que alega no saber qué pasó

La fiscal Estela Andrades, que investigó el asesinato ocurrido en la confitería de Caballito, considera acreditado que el taxista Alejandro Daniel Bajeneta cometió un femicidio con alevosía y planificación. Lo imputó por homicidio doblemente agravado.

La fiscal de instrucción que investigó el femicidio de Gabriela Parra, la mujer acuchillada en un bar de Caballito en mayo de este año, pidió la elevación a juicio oral de la causa, en la que imputó al taxista Alejandro Daniel Bajeneta por “homicidio doblemente agravado por alevosía y por haber mediado violencia de género”. Para la fiscal Estela Andrades, Bajeneta era consciente de sus actos, algo que contradice la estrategia de la defensa. De acuerdo con el informe del Cuerpo Médico Forense (CMF) incluido en el requerimiento de elevación a juicio, no es posible descartar la inimputabilidad del taxista, aunque para la fiscal las pruebas acreditadas en la instrucción “permiten sostener la imputabilidad del imputado”. El expediente da cuenta, además, del contenido de una carta que el femicida escribió a Parra –y que fue hallada en su cartera–, y de que el cuchillo de caza con que la asesinó tenía una cinta con la leyenda “con todo mi amor para Gaby”.

Ante la Justicia, en julio –una vez recuperado de las heridas que se había autoinfligido–, Bajeneta declaró que no recordaba nada de lo que hizo en la confitería Plaza del Carmen, de Rivadavia y Avenida La Plata, el 2 de mayo. En su declaración, el taxista dijo que conocía el motivo de su detención por lo que le había contado su abogada, y aseguró que había mantenido una relación con la víctima durante diez años. “No me acuerdo de nada. Todo lo que sé del caso es lo que me dijo mi abogada y la gente que vio lo sucedido por televisión”, declaró el hombre que acuchilló a Parra en la tarde del 2 de mayo, ante todos los clientes de la confitería, uno de los cuales intentó detener el ataque contra la mujer asestándole un sillazo al taxista.

La mujer había accedido a acudir a la cita en la confitería luego de meses de acoso de Bajeneta. Precisamente por temor a lo que pudiera suceder, Parra había llegado hasta el lugar en compañía de un amigo que la esperaba fuera, en la vereda, como posible protección. Sin embargo, el femicida aseguró al juez Jorge López que mantenía con la víctima “una relación de pareja en forma ininterrumpida” desde hacía diez años. Ni los amigos ni los familiares de Parra confirmaron esa versión. Bajeneta dijo que conocía a la mujer desde “hace más de 35 años”, que era “amigo de la familia” de ella porque habían estado de novios cuando eran “chicos”, pero que luego, cuando ella se casó con otro hombre y él con otra mujer, habían quedado desvinculados. Hace una década, agregó, cuando sus respectivos matrimonios se habían disuelto, ella lo llamó “con una excusa”, él aprovechó para “invitarla a tomar un café” y desde entonces volvieron a ser pareja.

El taxista contó que el año pasado tuvo un “intento de suicidio por problemas familiares, de salud y laborales”. En el expediente consta que Bajeneta admitió su adicción a la cocaína, que padece “hace 20 años”. El taxista detalló que Parra “no lo sabía pero lo sospechaba”, porque él consumía cuando ella dormía.

En la cartera de Parra, los peritos habían hallado una carta manuscrita que decía “Gaby: Jamás hubiera ni pensado que te toque otro hombre. Cumplo con la promesa que nos hicimos. Te amo mi nena”. Los investigadores presumen que la autoría de la misiva corresponde a Bajeneta, pero el acusado dijo desconocer la letra y aseguró que no recordaba haber escrito eso.

En el requerimiento, la fiscal Andrades, que subroga la Fiscalía de Instrucción, sostiene que el taxista es imputable porque tenía conciencia de sus actos. La carta, y la cinta con la leyenda “Con todo mi amor, para Gaby” que ostentaba la cinta blanca atada al cuchillo de caza con que mató a Parra, señala la fiscal, indican que Bajeneta actuó “con anticipación” y “en un escenario controlado y planeado”. “La existencia del suceso investigado y la intervención del imputado en el mismo resultan absolutamente acreditadas” por las declaraciones de quienes estaban en la confitería cuando el acusado perpetró el femicidio y por los videos que registraron lo sucedido.

La fiscal considera que en el crimen hubo alevosía, porque Bajeneta actuó “sobre seguro, sin riesgo para sí, sorprendiendo a Parra desde atrás, y aprovechando que ella consintió confiadamente en que le colocara el abrigo, sin darle posibilidad alguna de defensa”. El asesinato de Parra fue un femicidio, argumenta Andrades, porque sucedió “en un contexto de dominación masculina”, con “actitud machista”, con “un sentimiento pasional caracterizado por la creencia de que la víctima ‘le pertenecía’”, todo lo cual configura “un claro caso de violencia de género”.

En el informe forense acreditado en el requerimiento de elevación a juicio, los peritos oficiales indicaron que no es posible descartar la inimputabilidad de Bajeneta. El taxista “resulta peligroso para sí y/o para terceros”, padece “un trastorno de la personalidad con ánimo distímico y (tiene) antecedentes de uso de sustancias”. “No es posible afirmar ni negar que haya podido comprender la criminalidad y/o dirigir su accionar al momento del hecho”.

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Parra murió a consecuencia de los cuchillazos que Bajeneta le asestó por la espalda, en el bar.
Imagen: Guadalupe Lombardo
 
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