SOCIEDAD › ABRIO EN BRASIL LA MAYOR CONFERENCIA GLOBAL SOBRE DERECHOS DE LAS MUJERES Y DESARROLLO

Con el grito de “¡Fora Temer!”

Más de 1800 activistas feministas y de otros movimientos de todo el mundo se dieron cita en Costa do Sauípe para debatir las perspectivas del feminismo. Hubo un unánime rechazo al reciente golpe contra Dilma Rousseff. El análisis del momento político y el feminismo.

 Por Mariana Carbajal

Desde Costa do Sauípe

La mesa inaugural del foro, organizado por la Asociación para los Derechos de las Mujeres y el Desarrollo (AWID).

Con un grito unánime contra el gobierno de Michel Temer, empezó ayer en este paradisíaco rincón del nordeste brasileño el 13º Foro de AWID, la mayor conferencia global de los últimos años sobre derechos de las mujeres y desarrollo. “¡Fora Temer!”, “¡Fora Temer!”, confluyeron en portugués las voces de las más de 1800 activistas feministas y de distintos movimiento, llegadas desde todas las regiones del mundo, cuando la costarricense/mexicana Lydia Alpízar Durán, directora ejecutiva de AWID, invitó al multitudinario auditorio a expresar su repudio a la reciente destitución de la presidenta Dilma Rousseff, para dejar bien en claro que banderas se levantarán durante los cuatro días de intensos debates y sesiones, en los que se buscará delinear agendas feministas en la interseccionalidad con otros movimientos sociales. “El panorama político cada vez más complicado en Brasil se ve también en otros países, con crecimiento generalizado del racismo, del fascismo, socavando los espacios democráticos”, denunció en el discurso inaugural la nicaragüense Myrna Cunningham Kain, una de las figuras más destacadas del movimiento indígena mundial.

Un rato antes, mientras el enorme auditorio de este complejo vacacional –tomado por estos días para discutir futuros feministas–, se iba llenando con participantes de alrededor de 140 países, hubo música brasileña en vivo y un ritual afro de la mano de la Mãe Jaciara, un ícono de la lucha contra la intolerancia religiosa en Salvador de Bahía. La inauguración del foro, organizado por la Asociación para los Derechos de las Mujeres y el Desarrollo (AWID por sus siglas en inglés), estuvo a cargo de Cunningham, primera indígena médica cirujana en Nicaragua, parlamentaria y luchadora social. Durante su discurso, invitó a las presentes a “construir perspectivas nuevas” más allá de “nuestros espacios de lucha aislados”, reafirmando el enfoque de confluencia con otros movimientos, invitados también, como el ambientalista, el trans, de personas con discapacidad, por la paz, trabajadoras del sexo, entre otros. La nicaragüense hizo además una fuerte denuncia del impacto en las poblaciones más vulnerables –indígenas, negras, campesinas, pobres– del avance en la región y en otras partes del mundo del “paradigma económico extractivista, neoliberal, privatizador y extremista”. “Los intereses corporativos están influyendo en la protección de los derechos humanos, especialmente de las mujeres”, indicó. E invitó a seguir “transformando las estructuras de poder” con “el entendimiento de que ninguna de nosotras será libre hasta que todas nosotras no seamos libres”. Ovación.

Después vino el turno de la sesión plenaria. Hay una cada mañana con un eje distinto. La primera con la propuesta de que seis voces de distintas geografías compartieran sus “realidades actuales”. Moderó la investigadora brasileña Sonia Correa co-coordinadora del Observatorio de Sexualidad y Política. “Llegan a Brasil en un momento difícil de nuestra democracia”, saludó y enumeró, entre otras consecuencias que ya están viviendo a partir del cambio de gobierno, las “políticas de ampliación de la fuerza neoliberal”, el crecimiento “de los fundamentalismos religiosos”, “los machismos y las amenazas al medio ambiente”. La joven egipcia Yara Sallan abrió el panel: estuvo presa 15 meses por participar de una protesta contra el gobierno en su país, encabezado por el militar Abdulfatah al Sis. “Hay arrestos y encarcelamientos en masa de cualquier persona que esté en contra de este presidente, te pueden desaparecer, o asesinar. El espacio público se está cerrando”, describió. Noelene Nabutivou, de las Fiji, dijo que “las islas son heteronormativas” y se preguntó “¿Cómo podemos las lesbianas reivindicar nuestros derechos, si en siete de los estados de la región del Pacífico se criminalizan las relaciones entre personas del mismo sexo?”. Azra Causevic, de Bosnia Herzegovina, habló de los años de la posguerra en su país, después de “la limpieza étnica de los 90”, y denunció la existencia de políticas militares que “regulan nuestros cuerpos, nuestra sexualidad”. Luego, Joe Wong, que creció en Tailandia, y se definió como un hombre trans, contó sobre las agresiones que sufren las personas trans en países asiáticos y la imposibilidad que tienen para conseguir empleo y también para desplazarse a otros países porque no tienen documentos acorde a su identidad de género. Miriam Miranda, de la Organización Fraternal Negra Hondureña, recordó el golpe de Estado que sufrió su país en 2009 y consideró que “se convirtió en un laboratorio político para los golpes” que vendrían después en Paraguay y ahora en Brasil, con un fuerte apoyo “del poder mediático”. Además, se refirió al impacto en el medio ambiente de las políticas neoliberales. “Llegó el momento en que los movimientos feministas y otros nos tomemos de la mano para salvar al planeta”, pidió. La mesa se completó con la joven Awino Okech, del Centro para los Estudios de Género de Kenia, que hizo hincapié en el avance sobre los derechos de las mujeres de los fundamentalismos religiosos en África.

El programa es extenso e intenso: multiplicidad de paneles, actividades culturales, muestras fotográficas, proyección de películas, y espacios autoconvocados. Todos con el propósito de analizar las luchas, pensar estrategias para el acceso a derechos y afianzar el trabajo colectivo. Hay un espacio para los derechos de las personas con discapacidad y otro para pensar una Internet feminista. Dos días antes del inicio, feministas negras por un lado, y las jóvenes por otro, tuvieron su preforo. “La juventud tiene que ser una pata más de la intersectorialidad”, señaló a Página/12 la cordobesa Eugenia Olmos, asesora del Fondo de Jóvenes Feministas, que fue una de las participantes.

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