SOCIEDAD

Un cartonero halló 50 mil dólares y se los reclaman judicialmente

En un pueblo cordobés, un hombre encontró el dinero entre la basura. Se compró dos casas humildes, dos autos usados y un kiosco. Ahora una mujer dice ser la dueña. Y fue a la Justicia.

Un cartonero que encontró 50 mil dólares en la basura y se compró una casa, instaló un kiosco y adquirió dos autos enfrenta ahora una demanda judicial de parte de una mujer que dice ser la propietaria del dinero y exige la devolución. El insólito caso sucedió en la ciudad cordobesa de Oliva y divide a la comunidad. El hecho originó preguntas varias: ¿De quién es lo que está en la calle? ¿El hombre tendría que haber denunciado el extravío de dinero y llevado los 50 mil dólares a una comisaría? Los especialistas coinciden en que algo abandonado implica la actitud manifiesta de dejar algo –en este caso la basura–, pero ¿quién quiere abandonar dinero? ¿Cómo se comprueba que el dinero era de la mujer que ahora lo reclama? Por último: ¿qué hubiera hecho usted?
Paulo Altamirano, el cartonero de 43 años, rechazó dialogar con la prensa, aunque remarcó una sola frase: “No soy un delincuente”. El hombre, que es padre de cinco hijos, ratificó que hace tres meses, cuando juntaba cartones y otros elementos en desuso, encontró entre unas bolsas de basura una caja con dinero –no aclaró cuánto– y pudo adquirir una casa.
Emilia Mascoy de Aguirre, de 70 años y dueña junto a su familia de la tradicional tienda Los Vascos, asegura desde hace cuatro días que el dinero –ella precisó que se trata de 50 mil dólares– le pertenece y sostiene que la suma llegó a la calle por un descuido de su empleada doméstica.
El caso que llegó a los tribunales dividió a la población de Oliva, una ciudad ubicada a 94 kilómetros al este de la capital cordobesa, ya que unos apoyan a la dueña de la tienda y otros al cartonero, que gracias a lo encontrado pudo dejar de revolver desperdicios para poder comer y vive, sin lujos, de lo que vende en un humilde kiosco.
El abogado del Altamirano, Mariano Ludueña, aseguró a Página/12 que “la figura que imputan no corresponde porque hay defraudación atenuada cuando existe apoderamiento de una cosa ajena, y aquí no hay cosa ajena, porque la cosa estaba en la vía pública y, si nos remitimos a la ley, el Código Penal no contempla la figura de apropiación de algo abandonado y el Código Civil lo ampara. Entonces, ¿cuál es el delito de recoger algo abandonado? Lo que está abandonado es de quien lo encuentra”.
El abogado, que ayer a la noche acompañaba la declaración de su defendido en la comisaría de Oliva, remarcó que todos los días Altamirano mantenía un recorrido y recién en su domicilio revisaba lo recolectado. Por lo tanto no pudo determinar de quién era lo encontrado.
Las apreciaciones jurídicas también dividen a los abogados, ya que a diferencia de Ludueña, el penalista Carlos Hairadabedian señaló como “correcta” la apreciación del fiscal actuante, aunque recordó que la “defraudación atenuada” es excarcelable y sólo prevé una multa “si se llega a comprobar”. Además, estimó que sería “difícil” el recupero de los dólares por parte de la mujer y que para ello debería mediar un juicio civil.
Por otro lado, el abogado Gastón Carrere, que trabajó en la asesoría de la ley que regula la actividad de cooperativas cartoneras en la Capital Federal, destacó que lo primero que debiera hacerse al encontrar dinero es hacer la denuncia, pero también reconoció que muy poca gente se animaría a ir con 50 mil dólares a un comisaría. También dijo que al encontrar dinero existe el derecho a la recompensa, pero rápidamente se autopreguntó: ¿cómo se determina que el dinero era de quién lo reclama?
Tras la denuncia de la damnificada tomó intervención la Fiscalía de Oliva, que ordenó un allanamiento en la vivienda del cartonero y el secuestro de sus dos automóviles, un Dodge 1500 de los años ’80 y un Neón, más moderno, cuyo valor es cercano a los 15.000 pesos.
El ex cartonero ahora vive en una humilde casa en la misma ciudad de Oliva. “No se fue de la ciudad. Otro argumento para probar que no tuvo mala fe”, remarcó su abogado.
La denunciante es una mujer de buena posición económica que tuvo la mala fortuna –según explicó en la denuncia– de pedirle a su empleada que limpiara un cuarto de su casa sin recordar que hacía un tiempo había escondido allí la cajita con los 50 mil dólares. La señora sólo se habría percatado del faltante del dinero cuando observó el cambio de vida de Altamirano y los comentarios de sus vecinos de cómo había progresado económicamente.
“Nadie sabe qué había dentro de la caja, si esa mujer dice que había un submarino, ¿también habría que creerle?”, argumentó el abogado de Altamirano que, luego de hacer hipótesis varias lanzó el último interrogante: ¿cómo se prueba que el dinero es de esta mujer que ahora lo reclama?

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Paulo Altamirano, el cartonero de 43 años, remarcó una sola frase: “No soy un delincuente”.
 
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